
Cinco preguntas fundamentales a Francesco Tonucci
Los chicos crecen en ciudades cada vez más peligrosas. Sin embargo, el pedagogo italiano propone que los chicos vuelvan a estar solos en la calle porque, según él, la libertad es el único camino hacia la prudencia. “Si los adultos les imponen todo, ellos no pueden construir sus propios valores y reglas”, reflexiona
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El renovador pedagogo italiano Francesco Tonucci nació hace 65 años en Fano, Italia, y tiene una biografía apabullante de títulos, cargos y libros publicados. Pero hace poco vino a la Argentina a hablar de lo que hoy considera su aprendizaje más valioso: las cañas que construía en su infancia frente al mar Adriático. "Los niños no pueden estar siempre bajo el control adulto; si no, acumulan un deseo de riesgo que va a explotar cuando tengan, por primera vez, la llave de casa. Esto puede ser un elemento de peligro durante la adolescencia. Si llevamos a nuestros hijos de la mano o con el coche hasta los 13 años y a los 14 les regalamos una moto, esos adolescentes se van a accidentar", graficó durante su visita a la Argentina, para participar del segundo Foro sobre Desarrollo Infantil.
Cuando los niños dicen: ¡Basta! es el nombre del último libro de Tonucci, que en 1991 dirigió el proyecto La Ciudad de los Niños, en Fano –donde se buscó que los chicos fueran escuchados por los políticos locales y recuperaran espacios públicos de juego–, que después se multiplicó por otras ciudades europeas y, en 1997, se volvió un plan internacional que también se aplica, a través del proyecto senderos seguros, en la ciudad de Buenos Aires.
1 –¿Por qué es tan importante que los chicos puedan estar solos?
–Los chicos de clases medias y altas tienen dificultades para salir de sus casas a encontrarse con otros niños que no conocen. Esta experiencia de encuentro entre pares es muy interesante: hay que elaborar estrategias para ver si yo puedo jugar contigo o si eres peligroso para mí. La gente dice que los chicos de hoy no tienen valores ni reglas. Pero si los adultos les imponen todo, ellos no pueden construir sus propios valores y reglas. Si me lleva al colegio mi mamá, a mí no me toca ocuparme del tiempo. En cambio, los alumnos que van solos al colegio son más puntuales. Hay que entender que los chicos no son tontos y no hay que llevarlos como paquetes.
2 –¿Qué otras cosas que hacen los padres dañan a sus hijos?
–Los chicos de las sociedades ricas tampoco experimentan la espera. Y es importante para los chicos desear y aburrirse con amigos, en un ambiente al aire libre, que permite inventar algo nuevo cada día.
3 –Dejar salir a los chicos solos a la calle no es tan fácil en ciudades donde la inseguridad es real…
–¿Cómo permitirles a los chicos salir de sus casas? No es un tema personal ni familiar, sino social y político. Las ciudades tienen que cambiar para ser habitables para todos. Hoy son de los adultos y de los coches. Con los proyectos de La Ciudad de los Niños estamos logrando, por ejemplo, que los chicos puedan ir solos al colegio.
4 –Los atentados terroristas en Europa y Estados Unidos generaron que los chicos vivieran todavía más encerrados.
–Es verdad, estoy seguro de que los niños occidentales han perdido aún más autonomía. Ellos están padeciendo lo que los adultos estamos construyendo. El terrorismo es una cuestión excepcional que afecta a los niños. Vivimos en un mundo globalizado donde parece que lo más importante que tenemos para compartir es el miedo. Y tener miedo significa ponerse en una posición de debilidad.
5 –Los chicos de antes sí podían jugar en la vereda. ¿Eran más felices?
–Yo me acuerdo bien de mi infancia y los niños tenían muchas dificultades. Las condiciones de vida han mejorado muchísimo. Por eso, nunca he pensado en volver atrás. Es verdad que nos desarrollamos perdiendo muchas cosas y que hay que recuperar ciertas costumbres. En definitiva, creo que se puede ir hacia adelante de otra manera.
Esta nota es una producción de la revista madres & padres
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