Cine. Por qué Parasite es una película que encierra mil películas

Joon-ho propone nuevas escenas para la lucha de clases.
Joon-ho propone nuevas escenas para la lucha de clases. Fuente: Archivo
Leonardo M. D Espósito
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12 de febrero de 2020  

El cronista se encuentra ante un problema mayúsculo: tiene la obligación de escribir sobre una película sin contar nada de ella. O no demasiado. El asunto es así: Parasite, el filme que se llevó la última Palma de Oro en Cannes y arrasó en los premios Oscar, tiene tantas sorpresas a medida que avanza que cualquier cosa que se cuente puede estropear el impacto. Lo más increíble es que, una vez vista, puede reverse con otro sabor igual de excelente. Nada de lo que pasa en las secuencias a medida que se suceden puede ser totalmente previsto por la que la precede. Al mismo tiempo, es un thriller, un filme de humor negro, una obra política, un cuento de hadas, una película de misterio y un episodio extra large, extra dado vuelta de Los Simpson versión asiática. Todo creado por uno de los realizadores más importantes de la actualidad, Bong Joon-ho.

A Bong lo conocen. Con el tiempo, hasta el más resistente de los cinéfilos vio la Mejor Película De Monstruos Jamás Hecha, The Host, que ya muestra esa característica "simpsoniana" del realizador, con esa familia un poco disfuncional y un mucho quebrada, con su propio "papá Homero", enfrentarse por puro amor y solidaridad contra un ser espantoso y devorador de gentes creado por los desechos biológicos que el Estado arroja al mar. Una película genial, cuyo final unía en un solo plano la tristeza, el miedo, la esperanza y la ternura. Esa misma mezcla de sensaciones, un conjunto tan amplio que al espectador le cuesta elegir, aparece en su ópera prima Barking Dogs Never Bite (que compitió en el Bafici de 2001), en su genial abordaje al tema del asesino serial en Memories of a Murder (probablemente su mejor película), en el melodrama policial Mother y, aunque diluido por un diseño de producción bastante apabullante, en su cuento familiar con cuchillo político bajo el poncho Okja. Para Bong, es muy importante tener en cuenta a los personajes, crear un lazo de empatía con ellos que oscila constantemente para que la ficción, incluso la más absurda, tenga espesor y sea creíble.

En Parasite, hay una familia a la que le va muy mal y pelea contra el desempleo: una oportunidad de conchabarse mediante mentiras en la casa de una familia rica, y una serie de secretos y de elementos totalmente absurdos que hacen de esta fábula sobre la lucha de clases algo mucho más mutante. Como en las demás películas de este verdadero autor, cada secuencia es, al mismo tiempo, autocontenida y fuertemente ligada al todo: en cada momento, las cosas pueden cambiar y hacer que el tono vire. Incluso podemos reír de una desgracia, o entristecernos por el destino de un personaje antipático. Pero detrás de lo que aparece en la superficie como un comentario de las penurias económicas globales en el universo que nos ha tocado (sobre)vivir, hay algo mucho más sustancial, más humano y que atraviesa el tiempo y los contextos. De allí que revelar demasiado de la trama lleva no a disminuir su impacto, sino a generar una especie de desconcierto. Es raro encontrar en la actualidad filmes que uno necesite ver para comprender. Muchas veces se utiliza la frase horrible "una lección de cine" para describir una película muy buena. Convengamos que, en general, cuando se la utiliza, es un error y solemos enfrentarnos ante algo que nos enseña cómo no debe ser el cine. Pero en este caso es literal: para entender cómo ejerce el arte Bong, para captar todo lo que la sólida fábula de Parasite nos propone, no queda más remedio que verla. Este texto es "previo": se escribe en la esperanza de generar en el lector la curiosidad suficiente como para que se acerque (para que corra) al cine a verla, porque hay muy pocas películas así y no hay que dejar pasar la ocasión. Pero no quiere ser una crítica -eso se lee después, convengamos- ni arruinarle el placer. Solo tenga en cuenta que el título de la película también alude al cine de hoy: esta película, que crece y atraviesa cualquier género para responderle a la bobada demasiado constante en la pantalla, es un parásito del gran espectáculo. Uno bueno, uno que pide a gritos cambiar las cosas de este lado de la pantalla y de aquel.

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