
Nos reunimos con los responsables de Grupo Creativo, un pujante estudio de arquitectura en Chivilcoy, para que nos cuenten cuáles son las consideraciones más actuales al emprender una obra lejos de casa.
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Leonardo Lipera y Gustavo Menescardi son amigos desde hace treinta años, vinieron juntos a Buenos Aires para estudiar Arquitectura en la UBA, se instalaron definitivamente en Chivilcoy con sus respectivas familias y, en 2003, se volvieron a reunir para fundar su estudio, Grupo Creativo. Fundamentalmente, es una sociedad basada en la confianza mutua y en un credo compartido que hoy, después de veinte años de trabajo por separado o en conjunto, pueden darse el lujo de aplicar ("y no por cuestión de exquisitos, eh") tanto a viviendas familiares como a grandes edificios. Y ese credo se asimila a la sensatez: se nutren de productos de la zona, aplican una logística práctica y se enfocan en la funcionalidad, el confort y la facilidad en el mantenimiento.
– ¿Es común que, frente a la abundancia de metros disponibles en un terreno lejos de la ciudad, la gente se entusiasme con proyectos innecesariamente grandes?
– Y sí, es algo natural. Es como si hubiera lugar suficiente para concretar todas las fantasías. Pero cuando se empiezan a sumar los metros, se empieza a abultar el presupuesto… Lo que hay que hacer, invariablemente, es sentarse largo rato con la familia (en una o más entrevistas) para ver cómo es su forma de vida y a qué apuntan, y recién ahí discriminar prioridades y etapas. Nosotros les sugerimos a los clientes que planteen todo lo que quieren, que proyecten su máximo deseo porque, si no, no hay por dónde recortar. Y lo que se hace entonces es dejar las cosas preparadas: tal vez ellos mismos evalúen que el quincho o una habitación se pueden dejar para la próxima. O que hay metros cubiertos que es mejor eliminar del todo.
–¿Qué soluciones proponen para maximizar los espacios y que no queden tantos deseos pendientes?
–Algo que siempre recomendamos es que el garaje tenga una doble función. En muchas oportunidades, se trata de una estructura (cerrada o semicubierta) de alrededor de 40m2, un espacio que se puede usar tranquilamente como playroom o quincho. En una casa con un terreno abierto, es fácil que salga el planteo: podés jugar con los volúmenes, proyectarlo más adelante o más atrás.
–¿Cuál es la fantasía del habitante de una ciudad que decide construir una casa en las afueras?
–Primero y principal, escaparles al asfalto, al tráfico, a los 40 grados que hay en Buenos Aires, en el caso de ustedes. A nuestro estudio vienen muchas parejas en las que uno de los dos integrantes es originalmente de Chivilcoy, y cuando viajan para visitar a su familia, no quieren parar en un hotel ni en la casa de sus padres. Pero, sobre todo, se trata de gente que añora darles a sus hijos algo de la infancia que tuvieron, si bien, por lo general, buscan construir una casa al uso contemporáneo, con un playroom, por ejemplo.
–¿Hace falta un playroom cuando se tiene un gran lote?
–No necesariamente, a eso se debe nuestra sugerencia de ubicarlo en el garaje. Pero también hay que admitir que los tiempos cambiaron: aparecieron la Play y la computadora, y son elementos que no se pueden descartar ni pasar por alto. Además, se supone que la casa no sólo va a funcionar en verano. Pensando en esos meses es que hacemos proyectos que vinculen el living con la galería, la parrilla y la pileta. Pero esa situación no dura todo el año: si llueve o hace frío, te quedás adentro, y es entonces cuando a todos, a grandes y chicos, les gusta tener su espacio. En la época en la que los chicos son chiquitos, el playroom funciona como una suerte de pelotero; los adolescentes quieren traer amigos y reunirse ahí. ¡Y vos, en otro lado, querés ver una película tranquilo con tu mujer!
–¿La gente viene con algún preconcepto estético?
–El hecho de que haya tanta información disponible en cuestiones de arquitectura y decoración (gracias a la que difunden los diarios, la televisión y revistas como Living, por ejemplo) ha simplificado las cosas de una manera positiva. Es más frecuente que la gente se vuelque por un proyecto de líneas netas y modernas antes que por el chalet de otros tiempos, por más afianzado que estuviera en el imaginario de muchos.
–¿Qué consecuencias trajo ese cambio?
–Por lo general, se comprende o se acepta que tiene más lógica (especialmente en una casa de uso temporario) poner aberturas de aluminio o pvc antes que de madera, porque, en definitiva, la racionalidad de la obra tiene que ver con el mantenimiento. Entonces, tratemos de evitar madera en aberturas y techos; para los techos (planos) usemos chapa y no tejas. Por supuesto, todavía hay quien pide una bow window, ¡pero buscamos disuadirlos!

–Son resabios de un gusto más conservador.
–Algo así, pero es una minoría, en todo caso. Lo importante es que la persona entienda que ciertos cambios en la imagen idílica que tienen de una casa los van a beneficiar por motivos concretos. Que usar aberturas de pvc en lugar de madera reduce enormemente su mantenimiento (por no decir que casi elimina). O comprender que los techos demasiado altos dificultan templar la casa, algo de suma importancia, sobre todo cuando uno la usa durante períodos breves. Del mismo modo, a la inversa, es mejor utilizar vidrio doble con cerrado hermético. Porque no tiene sentido que empieces a sentirte cómodo recién cuando te vas.
–¿Recuerdan algún pedido de un cliente que les haya resultado estrafalario?
–¡Varios! Pero el que me viene a la mente es el de una mujer que quería tener un hidromasaje en el baño, frente a un enorme paño fijo que daba al parque –comenta el arquitecto Lipera–. Yo le decía: "Con lo abierto que es el terreno, ¡cualquiera te va a ver a 500m!" Después de mucho conversar con ella, me puse a pensar y me dije: "La verdad es que yo no sé si no me lo haría para mí. ¡Me convenció!" –dice riendo con ganas–. Al final, en la mayor parte de las situaciones se terminan resolviendo las cosas de manera tal que el cliente esté cuidado y también tenga su gusto. Hay que mediar.

–¿Cómo se está tratando hoy en día el planeamiento de los jardines?
–Es otro aspecto de la obra que ha cambiado gracias a la difusión que hacen ciertas publicaciones especializadas. Antes se plantaban tres árboles, se hacía un cantero en el frente y se daba por terminado, a menos que uno de los dueños fuera un fanático. Hoy se comprende que es parte del diseño global y que incide en el disfrute que se tenga de la casa. Nosotros, por ejemplo, trabajamos con paisajistas e ingenieros agrónomos incluso en casas medianas, algo que antes sólo se hacía en grandes parques de estancia. Lo mismo ocurre con la iluminación, un aspecto en el que insistimos en Grupo Creativo, porque nuestro objetivo es brindar una solución integral.
–¿Alguna recomendación final?
–Vale para todo, pero más aún trabajando a distancia: trabajá con un profesional de tu confianza. Segundo, un tema básico es colocar una alarma perimetral en casas que sólo se usan el fin de semana, porque perro no va a haber. Después, pensando en la coyuntura económica actual, si te gusta algo y está en stock, compralo ya, pero igual sabé que, dentro de lo nacional, hay muchísimas opciones. Por último, y ayudados por las comunicaciones de hoy, que permiten trabajar bien a distancia, hay que dejar que el arquitecto te muestre las mejores alternativas, abrirse, optimizar la planificación para después tener el mejor resultado posible, el más durable.





