
Cocina árabe
Un regreso bienvenido
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Muchos conocieron el Hanan de la calle Alberti, frente a la mezquita. Fueron los mismos que lamentaron su cierre hace algo más de un año. Ese tiempo le sirvió a Hanan para armar su propio establecimiento, esta vez en Palermo, cerca de Scalabrini Ortiz y Córdoba, donde abundan árabes y armenios, y lo que es tanto o más importante, los restaurantes.
En nuevo local (nuevo desde los cimientos) es mucho mayor que el anterior. Se trata de un salón muy amplio, todo blanco, con nichos en las paredes, donde se lucen artesanías traídas desde Siria, país natal de la dueña. La decoración se limita a la exposición de objetos típicos sobre una mesa situada en la entrada; dos grupos de sillones, uno de ellos de taracea de nácar; plantas y algunos tapices sedosos que representan escenas de harén. En Siria están elaborando especialmente los manteles definitivos y, desde la inauguración del local, que no llega a dos meses, se han atenuado las luces, se agregó un biombo de espejos, y están acondicionando el patio trasero.
Pero lo más importante de este restaurante es, felizmente, la comida. Porque cuando se gusta de la cocina árabe, primero se conocen los platos más populares y luego se detecta la mano del cocinero, notoria en la fineza de las preparaciones, la exactitud en el uso de las especias y, en algunos casos, la elaboración de recetas regionales, difíciles de hallar.
La comida árabe es muy trabajosa, sana y liviana. Conviene ir en patota, pedir de todo, porque todo es rico y merece probarse. A los ya populares tabbuleh ($ 4), laban duro (4), puré de garbanzos y berenjenas (ambos, 4), se agregan recetas exclusivas como chanklish (6), un queso muy especiado que preparan en el restaurante, y el pollo al tarator (6), con pasta de sésamo y piñones, riquísimo. Imperdibles, el kebbeh crudo (6) y el falafel (4), que dan ganas de volver por más.
Lo que antecede es la picada árabe, luego son de rigor los platos principales o calientes. Se puede elegir kebbeh al horno, a la parrilla o frito (5); arroz a la persa, imperdible (12); hojas de parra o de repollo rellenas, chich tauk (7); bamieh con arroz. Los postres árabes son irresistibles y se preparan en el mismo restaurante. El almíbar que se agrega o no en el momento de servir no sólo aplaca conciencias culposas, sino que controla dulzores. Baklawa, deditos, mamul de nueces o de dátiles, graibe , halawa de pistacho, barazec o ataief (4) son imperdibles para acompañar el café a la turca. Todas las porciones son generosas y el que se anima a comer con anís y agua helada goza de una experiencia distinta.
Muy pronto se podrá fumar narguile; prometen tabaco aromatizado con manzana y miel, un placer que merece explorarse.
Hanan. Julián Alvarez 1272; 4899-0575. Tarjetas de crédito. Mediodía y noche.






