Las empresas encierran información en múltiples formatos y los códigos bidimensionales invaden la ciudad. Todo en nuestra vida flota entre cifras y lo que no se relaciona con ellas de forma natural adopta numerales con artificio, premeditación y trece dígitos. Este código de barras que categoriza la vida desde 1952, ahora mutó de manera masiva a una nueva dimensión: los laberintos pixelados.