
Un programa de hombres fácil de armar en cualquier momento, ideal para darle un respiro al asado y lograr un encuentro distinto; mirá la propuesta y opiná
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Producción: Arq. Eugenia Cides | Fotos: Santiago Ciuffo.
Se sabe: el asado es un ritual irremplazable. Comienza con la compra de la carne y el carbón, continúa con el fuego mientras, en paralelo, se organizan los acompañamientos, y llega a su punto cúlmine en el momento en que los invitados se sirven los primeros platos. Todo ese despliegue, sin embargo, lleva tiempo, por lo cual, si bien el asado es el plan perfecto para una celebración informal, existe otra propuesta para que los amigos puedan juntarse sin tanta organización previa: la picada. La compremos lista o la armemos en el momento, es una opción cómoda, que tranquilamente puede ponerse en práctica a la tardecita de cualquier día de semana.

La picada se desplegó sobre dos mesas bajas de hierro oxidado y laqueado (Chapas del Bajo), iluminada con velas (The Candle Shop) que se ubicaron dentro de botellas de plástico cortadas. Para sentarse, cubos ($944 c/u) y un banco doble ($1.670, todo de Estudio Porter D’Ornellas) de madera maciza de kiri.

Como la reunión va a seguir hasta entrada la noche, se prepararon velas en fanales caseros: botellas de plástico cortadas y rellenas con un poco de arena. Bowls de postre ($55) con cuchara de madera ($9, todo de Costado) para el dip de ciboulette y los tomates secos.

Sobre la mesa, tabla ‘Al gusto de Tandil’ (desde $96, Época de Quesos), que completa los sabores tradicionales con productos ahumados y picantes. Arriba, exquisiteces de Época de Quesos sobre una tabla de mármol de Carrara ($530, Costado); en la paila de cobre mediana ($3.200, Costado), botellas de cerveza Budweiser.

Sobre una de las reposeras de madera con respaldo regulable, un copón ($54) y un plato hondo grande repleto de nachos ($290).

Varias canastas (desde $45) junto a un bol (desde $55), platos de cerámica (desde $75) y de madera chatos ($295).

Una mesa alta funciona como un cómodo aparador exterior, en el que se apoyan un cajoncito botellero con cervezas ($610) y vasos de uso diario altos ($12 c/u, todo de Costado). Hecho a medida, este mueble de chapa de hierro se trató con óxido hasta llegar al tono deseado. Recién entonces se lava y se le aplica una mano de laca especial para detener su acción. Si va a estar a la intemperie, se repite el proceso una vez al año.

Un brindis entre amigos, cómodos en su reunión organizada en una amplia terraza. En las mesas, además de los elementos anteriormente mencionados, un cuenco grande sostiene el pan ($300) y un cuchillo de exterior ($215) se apoya junto a la tabla principal. Hacia el fondo, sobre el mueble aparador (Chapas del Bajo), una ensaladera tamaño XXL ($970, todo de Costado) acompaña las botellas y los originales fanales.

Los braseros no sólo sirven para dar calor cuando baja el sol: la luz incomparable del fuego siempre crea un clima especial.
CUESTIÓN DE TIEMPO
Según Carlos González Guerra, dueño de Época de Quesos, lo primordial al organizar una picada es comprar los productos con poca anticipación, preferentemente, el mismo día: "No aconsejo comprar queso empaquetado ni tenerlo en la heladera mucho tiempo antes, por ejemplo". Por otro lado, aconseja cortar el queso una hora antes de servirlo: si se hace antes y el clima es frío, se le puede formar una suerte de costra; si hace calor, puede transpirar.
CÓMO ASOCIAR LOS SABORES
Para armar una buena combinación de quesos y fiambres, debe partirse de los sabores más neutros. En el caso de los quesos, por ejemplo, hay que comenzar por aquellos sin especias ni condimentos fuertes. A partir de esa base es posible comenzar a variar o incrementar los gustos. Por última, tener en cuenta el pan, absolutamente infaltable. "El verdadero pan para la picada debe ser el de campo, que no es otro que la galleta, un pan un poco más duro pero crocante y más resistente a la humedad", dice González Guerra.






