
Son el alma máter de las computadoras, sin embargo, su fabricación nada tiene que ver con la electrónica, sino con la fundición de metales.
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Por Cecilia Acuña
Para unos cuantos lo que sucede en el interior de las computadoras es magia. El alma de una computadora se llama placa madre o mother board. En nuestro país, varias fábricas se dedican a su producción. Entre ellas, Exo, una empresa dedicada al ensamble y a la venta de computadoras y otros productos electrónicos con sede en el Polo Tecnológico de Parque Patricios. Allí, se realiza el proceso de producción que genera unas 1.200 placas por día.

El proceso de producción base de una placa madre es un proceso metalúrgico, porque lo que se hace es soldar componentes a través de la fundición de metales. La complejidad del asunto reside en que se trata de una producción en miniatura. Allí, en el espacio cada vez más reducido de una placa se colocan alrededor de 1.500 componentes en total.

Es así: una máquina automatizada recibe una placa cada 15 segundos, a la que le imprime una capa de pasta de estaño de un espesor de 120 micrones –100 micrones es una décima de milímetro o un milímetro dividido mil– que se aplica solo sobre los contactos de cobre. El estaño es uno de los materiales más utilizados en electrónica debido a que tiene buenas cualidades eléctricas y bajo punto de fusión: se derrite a 220 grados.

Esta es la fase en la que se pueden producir la mayor cantidad de problemas, hablamos de cerca de un 70%. Como se trata de un proceso muy delicado, hay muchas variables que pueden fallar. Una vez que cada placa pasa el control de calidad, se introduce en otra máquina, donde un robot presentará los componentes distribuidos con máxima precisión. La función es presionar lo mínimo indispensable para que se mantengan en sus espacios al entrar al horno. Allí, la temperatura sube gradualmente hasta los 220 grados; en este punto, se sueldan los componentes con la placa. Para que se terminen de pegar definitivamente, el horno baja de a poco el calor y así el frío termina de consolidar el proceso. Un nuevo control de calidad audita el producto que vuelve a pasar por otra línea de producción del otro lado de la placa. La magia sucede cuando, al final, cada placa es probada para que efectivamente haga funcionar a una computadora.




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