
COMPRAR ARTE
Una aventura que vale la pena emprender sin correr riesgos
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Ante la sala repleta, el martillero cumple con una antigua liturgia rodeada de suspenso. La luz cenital atrae la atención de todos hacia la tarima, presidida en ese instante por una espléndida pintura. Un par de mozos distribuye copas de champagne, quizá con la intención de disolver las últimas reticencias de los compradores, y, finalmente, tras el discurso de presentación del lote de marras, el rematador alza su brazo. El golpe seco en el estrado sella la operación y el cuadro tiene un flamante dueño que oculta su identidad en un par de discretas iniciales o en un número. Los actores de la escena anterior acaban de vivir el final de un largo proceso: el que lleva a una obra de arte desde las manos de su autor o propietarios hasta las del nuevo dueño. Este es sólo un camino posible para comprar una obra de arte. Galerías, trastiendas, talleres de artistas, remates, ferias y hasta las góndolas virtuales de Internet se cuentan entre las posibilidades que ofrece el mercado.
Los talleres
Visitar los talleres de los artistas, conocerlos, es una experiencia fascinante que muchas veces ha servido para consolidar la vocación de más de un coleccionista. Es recordable el caso de Luis Arena, profesor de italiano residente en Flores, que en los años cuarenta formó una estupenda colección de arte argentino mediante esta costumbre.
O en tiempos recientes, el del empresario Mauro Herlitzka, reconocido coleccionista de pinturas de antiguos maestros europeos, que ha ido girando el eje de su interés hacia el arte contemporáneo argentino. Herlitzka explica en buena medida su cambio en el hecho de poder conocer a los creadores, frecuentarlos, y compartir con ellos el proceso de gestación de la obra de arte. Comprar a los artistas implica, asimismo, el poder intervenir directamente en la fijación del precio y en las formas de concretar ese pago, que incluso podrá eludir el empleo de dinero. Es bien conocido entre nosotros el caso de algunos médicos vinculados al medio artístico que formaron buenas colecciones cobrando en arte el valor de sus honorarios profesionales.
Una satisfacción adicional que brinda el hecho de comprar directamente a un artista que se inicia es la de saberse parte activa en su proceso de afirmación en el mercado. Comprarle obras a lo largo de su trayectoria, recomendarlo a otros aficionados, apoyar sus exposiciones incluso económicamente, son acciones que los coleccionistas de ley no desdeñan.
Obra gráfica
Quienes no quieran arriesgar mucho en sus primeros pasos por el arte, o consideren que no cuentan con recursos suficientes como para encarar la compra de obras originales, pueden acudir al tan amplio, como poco frecuentado entre nosotros, mundo de los grabados y las serigrafías.
Estas son imágenes múltiples, concebidas especialmente por sus creadores, aprovechando las posibilidades que ofrecen las más contemporáneas técnicas gráficas. Labores con mucho de artesanal y muy poco de industrial determinan un producto de categoría artística que siempre deberá llevar la firma autógrafa del autor y consignar la cantidad de ejemplares realizados. Los valores oscilan entre los 150 y los 1000 dólares y pueden conseguirse en galerías de arte, librerías, museos y centro culturales.
Galerías
En general, las galerías de arte presentan las obras de los artistas contemporáneos en exposiciones individuales o colectivas, procurando su venta a coleccionistas o aficionados. También suelen disponer de amplias trastiendas, con obras importantes de grandes maestros ya fallecidos, a quienes dedican periódicamente muestras retrospectivas.
Para captar el interés de sus clientes, y dando por supuestos los obvios valores artísticos de lo que ofrecen, los marchands no desdeñan hoy el empleo de las más actuales técnicas de marketing. Buenos catálogos y libros, informaciones a la prensa, carpetas personalizadas que se distribuyen entre un número reducido, pero muy significativo, de coleccionistas VIP y el creciente empleo de la Internet son algunos recursos que ya se han asumido como rutinas en las principales salas de arte de Buenos Aires.
Las galerías disponen de listas de precios de las obras que tienen en stock, en algunos casos los cuadros en exposición vienen acompañados de rótulos con precios y, en todos los casos, los propietarios tienen muy buena disposición para el diálogo con los clientes. La tendencia es derribar la barrera que por años separó a los clientes comunes y corrientes de la obra de arte. Un original se puede conseguir por sumas menores a los 500 pesos y las galerías suelen ofrecer a sus adquirentes ciertas facilidades de pago.
En cuanto a los artistas, las galerías les liquidan sus ventas reteniendo una comisión que puede variar en su monto, pero que no suele ser inferior al 40%. Es conveniente requerir a los galeristas un certificado de autenticidad. Lo ideal es que este documento se concrete al dorso de una fotografía de la pintura adquirida, para evitar cualquier tipo de problemas en el futuro. Algunas galerías prefieren que sus certificados de autenticidad sean emitidos por la Asociación Argentina de Galerías de Arte (AAGA).
Las ferias
Con creciente presencia en el mercado del arte, las ferias permiten al público apreciar lo mejor de las galerías participantes por medio de un recorrido por los stands que las representan. Las galerías argentinas suelen participar en Arte BA (ver página 74), en ARCO de Madrid y en las que se realizan anualmente en Miami, Nueva York o Chicago.
Conviene no confundir ferias con las bienales de arte, como las de Venecia o San Pablo, que son exposiciones internacionales al margen del mercado.
Los remates
Las casas de subastas reciben pinturas, muebles, alfombras, porcelanas y todo tipo de piezas artísticas, que les remiten quienes desean venderlas. Luego de someterlas a la opinión de sus expertos, les asignan un precio de base que es propuesto a su remitente como punto de partida para su ofrecimiento público. Una vez acordado el valor, se las incluye en un catálogo que se distribuye entre los interesados. El valor lo fija el rematador al bajar el martillo para adjudicar el lote. Debe sumarse un 10% de comisión para la casa y el IVA (21%) correspondiente a esta comisión. En el momento del remate deberá abonarse un 30% de esa suma en concepto de seña, y para liquidar el saldo suele fijarse un plazo de 48 horas. Los precios que se logran en las subastas, que son públicas, constituyen una orientación acerca del real precio de mercado.
Comprar en remates suele ofrecer la posibilidad de lograr precios muy convenientes, siempre y cuando, claro, no se cruce nuestra oferta con los otros igualmente interesados. También es posible participar de las subastas a través de líneas telefónicas, y en las instalaciones que en Nueva York están concluyendo Christie´s y Sotheby´s se han previsto espacios privados para los clientes más importantes.
Las casas de remates suelen aclarar en sus catálogos que declinan toda responsabilidad acerca de su estado, condiciones materiales e, incluso, autenticidad. No obstante, hay ciertas casas especializadas en arte argentino que otorgan certificados de autenticidad.
Luego de la subasta, las casas liquidan los objetos vendidos a sus remitentes, reteniendo una comisión que suele rondar en el 20% del precio determinado. En nuestro país, al contrario de lo que sucede en el ámbito internacional, no se cobran gastos a las piezas que no encontraron comprador.
Mi primer cuadro
D. LOWENSTEIN
"Tenía 22 años y estaba embarazada de mi primer hijo cuando descubrí los acrílicos de Polesello. Lo que más me atrajo fue lo que había detrás de la pintura. No me imaginaba que luego me convertiría en galerista."
O. GIESSO
"En 1959 los informalistas hicieron una exposición en el Museo de Arte Moderno; quedé tan impresionado que me hice amigo de Mazza, Greco y Pucciarelli. De este último fue la primera obra que compré."
N. POVARCHE
"Hace 42 años compré un cuadro de Pacenza, que era un pintor metafísico importante. Ver su obra me emocionó. Después un coleccionista pensó lo mismo y me lo compró por 1000 pesos en mi galería, Rubbers."
F. KLEMM
"Era chico y quería comprar un cuadro; compré una naturaleza muerta de Basaldúa, un paisaje rojo muy vibrante que me hacía acordar mucho a Matisse. Una técnica mixta sobre papel excepcional."






