
Compromiso
Diccionario emocional: su virtud más saludable es la libertad de elegir qué, cómo, cuándo y por qué asumir lo que nos corresponde
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Dar la palabra, prometer y cumplir, sostener lo acordado... ¿Con quién y con qué cuestiones nos hemos comprometido a lo largo de nuestra vida? ¿Qué compromisos son objetivos cumplidos? ¿Cuáles, un logro con placer? ¿Cuáles otros han terminado siendo una situación comprometida?
Así como algunos deben comprometerse y cumplir con lo que dispone la ley en todas sus jerarquías y formas, la virtud más saludable y el mayor beneficio emocional del compromiso es la libertad de elegir qué, cómo, cuándo y por qué asumir la parte que nos corresponde en cada situación.
El acto de comprometerse es un acuerdo que alcanza todos los órdenes de la vida: el amor, la paternidad, la amistad, el derecho, la política y la responsabilidad cívica y social.
¿Quién está en condiciones de hacerse cargo de sus responsabilidades y promesas? ¿Qué compromisos estás a punto de asumir? ¿Cuán comprometidos podemos llegar a estar con cada causa?
Contratos, cláusulas, convenios, pactos y acuerdos, no sólo los escritos. El compromiso es, en definitiva, un proyecto, una decisión, un acto de voluntad y responsabilidad. Hay compromisos que no pueden sostenerse en el tiempo. No por haber dado el sí debemos sostener a cualquier precio un amor que ya no es prioridad entre nuestros compromisos asumidos. No por haber dicho yo puedo debemos sostener aquello que nos resulta imposible. No por haber creído que teníamos el poder o el control de una situación debemos llegar a extremos de los que puede no haber retorno.
El compromiso también es saber decir hasta acá puedo llegar, no puedo sostenerlo más, ya no te quiero tanto como cuando nos comprometimos. El compromiso también es saber pedir perdón y perdonar. El mayor compromiso es, en definitiva, el respeto por el otro, los otros y por uno mismo.







