
Tienen diseños únicos, son tejidas a mano por artesanos, teñidas con elementos naturales y producidas de manera sustentable: son las nuevas protagonistas de ambientes
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Elementos Argentinos | Fernando Bach y Pablo Mendívil trabajaban en hotelería y producción de televisión, pero una visita a los tejedores de Tafí del Valle (el descubrimiento de sus modos de producción, de la dependencia del turismo, de la limitada circulación de sus artesanías) marcó un antes y un después en sus carreras. Conscientes de la riqueza artesanal y cultural de sus diseños, compraron parte de su producción y organizaron una feria en el living de Fernando (tucumano residente en Buenos Aires), que en pocos días quedó desabastecida.
A fines de 2005 la dupla comenzó a tramar Elementos Argentinos, tienda de alfombras en cuyos diseños conviven la fascinación por lo autóctono, los modos de producción artesanales y la estética contemporánea. Hoy trabajan con más de 120 tejedores de Jujuy, Salta, Catamarca y Tucumán. Además de ofrecer productos listos para llevar, sus locales de Palermo y Recoleta tienen un estudio de diseño al que los clientes pueden acercarse para crear su alfombra a medida: el diseñador arma un boceto en el momento y, una vez aprobado, se envía a producir con alguno de los grupos de tejedores tardando entre uno y dos meses en función de su tamaño y complejidad.
Las alfombras son tejidas con lana 100% natural, hiladas a mano en huso o rueca y tejidas en telares criollos. La materia prima es teñida artesanalmente con tintes minerales o pigmentos naturales (cortezas de algarrobo, yerba mate o jarilla del monte), dando como resultado una paleta de más de 100 colores. El diseño, la producción y la comercialización de las piezas respetan las premisas del Comercio Justo: para fomentar estas buenas prácticas, Elementos Argentinos estableció una alianza solidaria con la ONG Sumampa para comercializar los textiles de artesanos de Santiago del Estero.
Tienda de Costumbres | De niña fue la fiel copiloto de su padre, que recorría pueblos en busca de rarezas y tesoros para su local de antigüedades. De grande emprendió sus propios viajes en busca de tejedores, artesanos y carpinteros de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, y Santiago del Estero que crearan productos autóctonos con técnicas ancestrales. La historia de Tienda de Costumbres, de la diseñadora Silvina Lippai, podría trazarse en un mapa, medirse en kilómetros y contarse destino por destino: sus días se reparten entre el local en San Isidro y las provincias del norte.
Las ideas viajan en forma de diseño y regresan con el formato de alfombra: se crean motivos contemporáneos que luego son producidos según los usos tradicionales de los distintos artesanos, que hilan, tiñen y tejen todas las piezas a mano. "Las teleras, cooperativas o grupos productivos en muchos casos tienen sus propias ovejas que esquilan en la época adecuada y almacenan para el resto del año. Otras compran el vellón por kilo y lo hilan a mano en rueca o con huso: es un proceso muy artesanal", explica Silvina.
Las lanas utilizadas no poseen ningún componente sintético: son completamente puras. Una vez lavadas, se tiñen en bateas al fuego con elementos naturales como cáscara de nuez, remolacha, manzanilla, flores, la corteza de algunos árboles e incluso el hollín de las chimeneas. Finalizado el teñido las madejas se cuelgan de las ramas de los árboles para su secado; luego son ovilladas y así se arma la urdimbre en el telar para dar forma a las alfombras. Además de esta colección, en Tienda de Costumbres se pueden encontrar almohadones bordados y con apliques, pies de cama hechos con lanas de oveja y llama, muebles de maderas recicladas, tientos curtidos a mano y lustres a muñeca, objetos de decoración y accesorios.
Graciela Churba | Las alfombras de la arquitecta y diseñadora Graciela Churba son una suerte de tributo a ambas disciplinas: reúnen textura, volumen, color y escala en diseños casi siempre intervenidos por líneas paralelas de distintos grosores. Así, además de servir como alfombras y dar personalidad a un ambiente, marcan un eje, una dirección, una posible lectura del hogar.
Las piezas son creadas con algodón reciclado (plano o con pelo) o lana de oveja hilada a mano siguiendo el uso tradicional de los artesanos del norte del país: el telar se prepara con la urdimbre que corresponde al ancho de la alfombra y luego la pieza es tejida vuelta por vuelta en función del diseño a seguir. La lana llega desde la Quiaca y es hilada por una cooperativa de mujeres que luego la entregan al taller, en donde continúa la confección de las piezas. El teñido se realiza manualmente e incluso se aplica de manera despareja, otorgando así a cada alfombra una identidad única por su particular terminación.
El algodón se recupera como sobrante de los telares industriales que fabrican telas: se compra por kilo a las fábricas en tonos crudo o blanco para ser teñido de manera plena. La materia prima llega embolsado en forma de cordón y es reciclada de manera manual: se desenreda, se madeja, se tiñe y se seca para luego ovillar. La última etapa es la del tejido, que se realiza en telar. Las alfombras son diseñadas a pedido en función de los colores del ambiente: se trabaja sobre los dos o tres tonos que predominan en el espacio y se crea una paleta cromática que los integre con el mismo valor o con variaciones. El ancho puede ser hasta dos metros sin límite de largo.





