
Corredores de la tierra
Son las formas actuales de preservación natural: más que parques nacionales, ecorregiones de interés planetario. En el mundo hay cientos, en la Argentina, sólo una, enorme, 1.110.000 hectáreas de selva paranaense en el norte de Misiones que hay que terminar de defender
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A fines de 1999, la Legislatura de Misiones creó el primer –y hasta ahora único– corredor biológico de la Argentina: 1.100.000 hectáreas en el norte de la provincia, consagradas a la conservación y el desarrollo sustentable para evitar la fragmentación de la selva.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) lo consideró un auténtico “regalo a la Tierra", que agradeció por medio de un aviso de página entera en el Washington Post. Lo valía. Con el Corredor Verde Misionero nacía una esperanza para una ecorregión imprescindible a escala global por su extraordinaria riqueza biológica y su extrema vulnerabilidad.
Sin embargo, el desmonte persiste. Se calcula que el Corredor Verde pierde una hectárea de selva cada hora. A este ritmo, en 85 años no quedará más monte que el de las áreas protegidas. ¿Qué pasó con la iniciativa más abarcadora e integral en favor de un ecosistema nativo?
La selva paranaense, o bosque, es la región natural de mayor biodiversidad de la Argentina y Paraguay. Y en Brasil sólo está por debajo de la selva amazónica. Se le adjudican, según la latitud, entre dos y seis mil especies de plantas vasculares (pueden hallarse 150 distintas en una sola hectárea). Además, hospeda un millar de animales vertebrados y una incalculable legión de formas de vida menores. El listado incluye recursos de enorme valor económico, como el palmito, la yerba mate y el cedro.
Cubría originariamente cien millones de hectáreas, desde Brasil hasta el norte de nuestra provincia de Corrientes. Hoy perduran apenas 5,8 millones, repartidas en millares de fragmentos. Para abastecer su explosión poblacional, Brasil se apuró a reemplazar el monte por campos agrícolas. Paraguay siguió el modelo algo más tarde, con idénticas consecuencias. Pero en la selva misionera, apéndice austral de la castigada ecorregión, las alteraciones se produjeron a un ritmo menor y sobrevivió un 44,4% del manto selvático primigenio (1.200.000 ha).
Esto, como revelan las imágenes satelitales, condujo a una situación paradójica: Misiones, que atesoraba apenas un 2,7% del total, hospeda hoy el mayor bloque continuo de selva paranaense y el único con tamaño suficiente para garantizar la biodiversidad regional (ver recuadro). Contra este patrimonio estratégico conspiran la expansión de los bosques implantados –fuente de materia prima para la industria papelera– y la demanda de nuevas tierras para cultivo que, en medio de un cuadro de extrema pobreza, genera tanto la población de la provincia como el flujo inmigratorio de los Sin Tierra de Brasil.
La misión
Según los papeles, el 39% de la selva sobreviviente en los tres países goza de cierto amparo. Pero apenas una cuarta parte de la superficie escudada por ley lo está efectivamente.
El Corredor Verde Misionero abarca casi toda la mitad norteña de la provincia y procura soldar sus tres grandes bloques de selva escudada: al Norte, el conjunto formado por el Parque Nacional Iguazú y los parques provinciales Urugua-í, Yacuy y Horacio Foerster; al Este, la Reserva de Biosfera Yabotí y, al Sur, los parques provinciales Salto Encantado y Cuñá Pirú. Esta conexión se aseguraría armonizando los intereses de la conservación y el desarrollo socioeconómico.
¿De qué manera? La ley 3631 no establece restricciones adicionales al dominio privado. Prefiere estimular la preservación de las masas selváticas mediante diversos incentivos (desgravación impositiva, compensaciones, asistencia técnica, etc.) y la remoción de aquellos que contrarían ese objetivo. Los municipios adheridos, por ejemplo, cuentan con un Fondo Ecológico de Coparticipación Especial (1% de los impuestos provinciales) para financiar programas de uso sustentable, restauración del bosque nativo y fortalecimiento de la gestión ambiental. Y, dentro del Corredor Verde, el gobierno sólo puede promocionar proyectos forestales o agropecuarios que no entrañen el reemplazo de la selva.
Responsabilidad global
La crisis económica trabó hasta ahora la implementación del Corredor Verde. "El Fondo Ecológico de Coparticipación Especial aún no fue conformado y consideramos poco factible que la provincia pueda hacerlo a corto plazo –señala Javier Corcuera, director general de la FVSA–. Por eso, mediante el aporte de un consultor, decidimos colaborar con Misiones en el desarrollo de una propuesta que le permita acceder a alguna fuente internacional de financiación. Además propiciamos un fondo privado que complemente al estatal garantizando apoyo económico a las ONG que buscan modelos para el aprovechamiento sustentable de los recursos (maderas, frutos, plantas ornamentales, ecoturismo, etcétera). Así lograremos poner en marcha emprendimientos que desalentarán el desmonte y, con la generación de empleo, contribuirán a aliviar la dramática situación de los misioneros."
El ingeniero Luis Alberto Rey observa con buenos ojos estas iniciativas. "No es justo que la responsabilidad de salvar la selva paranaense siga recayendo exclusivamente en Misiones –argumenta el actual presidente de la Administración de Parques Nacionales–. En los últimos quince años la provincia estableció el primer organismo ambiental del país con rango ministerial, unas cincuenta áreas protegidas, su propia escuela de guardaparques y normas proteccionistas de manejo forestal. Es hora de que todos den una mano, se trata de una ecorregión de interés para el mundo entero." En el plano local, sin embargo, aún queda una asignatura pendiente de peso. “El principal escollo para la implementación de la ley 3631 anida en la misma idiosincrasia de los misioneros –dice Rey–. Fuimos formados en la cultura del colono, que ve en el monte a un enemigo.
“Hasta la Constitución provincial empuja a colonizar la tierra. Debemos decidir si vamos a crecer con la selva o contra ella. Si adoptaremos el modelo de Noruega o Canadá, que basan su desarrollo en los bosques. O repetiremos el camino que despojó de mata atlántica a Brasil y Paraguay, cancelando toda posibilidad de vuelta atrás y, para colmo, haciendo más pobres a los pobres."
- Para saber más: www.misiones.gov.ar/ecologia/TODO/CorredorVerde
Cuestión de espacio
El Corredor Verde Misionero –sumado a los parques aledaños de Brasil– representa la única esperanza de mantener intacta la biodiversidad de la selva paranaense. Los números hablan por sí solos. Se necesitan más de 10.000 hectáreas de selva para sustentar 4 yaguaretés adultos y, según los especialistas, una población con menos de 500 ejemplares resulta inviable a largo plazo. Hacen falta, por ende, 1.250.000 hectáreas continuas para garantizar el futuro del jaguar en la ecorregión. Algo parecido puede apuntarse sobre otros bichos con grandes requerimientos territoriales, como el tapir y el águila arpía.






