
Creatividad y descubrimiento científico
Los grandes descubrimientos de la ciencia no son, como suele creerse, hechos aislados. Según el autor, el "camino" de esos hallazgos está compuesto por una compleja red de relaciones que, sólo en algunos casos, ha sido revelada por los investigadores
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Se ha popularizado la idea errada de que la creatividad científica es propia de personalidades excepcionales. Esta visión distorsionada incluye, además, la creencia falsa de que la historia de la ciencia es, simplemente, una notable serie de grandes descubrimientos. Muchas veces los mismos textos de colegios y universidades alientan esta imagen "heroica" de una sucesión de eventos geniales. Existe también un cierto culto de premios y distinciones que refuerza la impresión de una creatividad científica reservada a muy pocos. Algo semejante ocurre con las artes.
Felizmente, esta concepción no tiene asidero real y es fruto de la ignorancia y de la lejanía. De la ignorancia del sutil entramado mental que lleva a un descubrimiento científico. De la lejanía de tantos ciudadanos del quehacer cotidiano de miles de investigadores distribuidos por el mundo. Por esto, cuando se analiza el proceso intelectual que lleva a un descubrimiento científico y cuando se aproxima el público a la realidad concreta de la investigación desaparecen las fantasías de una "ciencia inalcanzable", de una actividad reservada a los genios. Por eso es bueno reflexionar sobre aquellos obstáculos que pueden distanciar aún más la ciencia de la cultura, o peor aún, hacer abortar o paralizar una vocación científica en cierne. Puede ser de gran interés educativo observar de cerca el "proceso de descubrimiento".
Desde siempre los pensadores han estudiado cómo avanza el conocimiento científico, pero cuando es el propio investigador quien toma a su cargo esta tarea aparecen algunas sorpresas. Una de las mejores formas de probarlo es escribir un diario de notas durante el período creativo que se desea estudiar. Ello no es fácil, pues se trata de mantener una visión objetiva sobre una actividad creadora que es esencialmente subjetiva. En realidad, se trata de desdoblar la investigación: una parte se dedicará al objeto de conocimiento que se está indagando, y la otra se focalizará en el proceso mismo de esa indagación, en su historia íntima. Esa historia del descubrimiento se puede convertir en un "meta-análisis", al dar testimonio de los cambios de rumbo, de los fracasos e ilusiones, de las recompensas y los hallazgos, de las críticas y dudas. A veces se puede convertir en un fascinante relato.
Muchos grandes científicos han conservado esos diarios. Las notas de Charles Darwin en el famoso "B notebook" revelan sus cambiantes ideas sobre la evolución de las especies, inspiradas en las observaciones recogidas en las islas Galápagos durante su viaje alrededor del mundo en el velero HMS Beagle, mucho antes de la publicación del Origen de las especies, en 1859.
Generalmente, estos ensayos preliminares no se publican o son censurados, a veces por sus mismos autores, lo que es una lástima. En algunos casos, en cambio, tenemos la enorme suerte de seguir paso a paso una vida dedicada a la ciencia por medio de cartas. Un ejemplo maravilloso es la correspondencia de Rita Levi Montalcini con su familia, de 1937 al 1974, unas 1500 cartas de las cuales se publicaron casi 200 en su libro Cántico de una vida (Milano, 2003), donde narra su búsqueda del mecanismo de crecimiento de las neuronas, coronado por el Premio Nobel en 1986. Muchos científicos prefieren publicar una visión retrospectiva, autobiográfica, a partir de un resultado científico notable, como sucedió con La doble hélice (Nueva York, 1980), de James Watson.
El registro del proceso personal de descubrimiento tiene siempre valor, más allá del impacto científico del hallazgo. No es sólo un "lujo" de las grandes personalidades de la ciencia, sino que puede convertirse en un sano hábito de trabajo para cualquier autor de un "microdescubrimiento". Es necesario documentar el proceso creativo para después reconstruirlo. Para ello es bueno tomar no sólo notas sobre el día tras día de la investigación, sino también coleccionar hojas sueltas, dibujos, fotos, videos, grabaciones, comentarios y críticas, conferencias y reuniones ligados al tema, junto con los libros y artículos consultados, las conversaciones con los colegas, los viajes y sitios visitados, museos, universidades, laboratorios, etcé-tera. Esto se facilita con la ayuda de las computadoras y bases de datos. Una vez publicado el trabajo se puede reconstruir el camino recorrido, que nunca es simple o lineal. El "camino del descubrimiento" tiene desvíos, divergencias y convergencias y forma una red compleja de relaciones entre ideas, personas, textos, experimentos e instituciones. Este tema será tratado próximamente en la Pontificia Academia de Ciencias, que congregará a investigadores de todo el mundo.
Las ciencias cognitivas contemporáneas se han dedicado a estudiar estas redes de conocimiento. Por ejemplo, al analizar diarios y notas de investigadores se puede comprobar la existencia de dos factores siempre presentes: la asociación de imágenes mentales y el azar. En el primer caso, se asocian las nuevas ideas con imágenes que ya existen; algunas son "formales" (como cierto tipo de ecuaciones matemáticas) otras son "analógicas", por semejanza a determinadas configuraciones en el espacio y el tiempo (la "doble hélice" en el caso de Watson, el "árbol de la vida", en Darwin). En el segundo, nos referimos a aquellos encuentros con ideas y personas que son producto de la suerte, de la casualidad, y que resultan decisivos en el camino de un descubrimiento.
A estos dos factores se agrega un fenómeno poco comprendido aún, tanto en las ciencias como en las artes. Me refiero al hecho de que aparecen inesperadamente en el curso de una búsqueda algunos "picos" de creatividad donde el trabajo de investigación toma una densidad inusitada. Estos "paquetes de ideas", tan concentradas, posiblemente estén relacionados con ciertas propiedades del sistema nervioso humano. Finalmente, debemos mencionar la existencia de "metáforas" que sirven de guía en la investigación. El juego de imágenes, el azar, los picos creativos y las metáforas se dan en todos los procesos de descubrimiento.
Y no debemos olvidar que los primeros descubrimientos sistemáticos de carácter "pre-científico" aparecen en los niños de edad escolar. Albert Einstein recordaba su fascinación a los cinco años por la tenacidad de la aguja de una brújula en marcar el Norte. Esa fascinación no lo abandonó jamás. Fue un niño siempre.
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Links
- Antonio M. Battro www.byd.com.ar
- Historias dentro de historias www.byd.com.ar/fractalstory. htm
- Darwin www.aboutdarwin.com





