Criterios distintos. ¿Qué pasa en la pareja cuando uno es más cuidadoso?

Complacer al otro y manejar el propio miedo parece un combo difícil en plena pandemia
Complacer al otro y manejar el propio miedo parece un combo difícil en plena pandemia Fuente: LA NACION - Crédito: Javier joaquin
Ludmila Moscato
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29 de agosto de 2020  

Dos familias de menos de 40 años, con niños que comparten escolaridad, se encuentran en los bosques de Palermo por primera vez desde que comenzó la cuarentena. Hernán rompe el hielo: "No saben lo que costó generar este encuentro, Kari no quería saber nada. ¿Y ustedes? ¿Quién es el obse, y quién el relajado?", bromea, y rápidamente cada uno se siente identificado con uno de los rótulos.

Y es que con un menor o mayor grado de conflictividad, que puede involucrar familiares o miembros de la pareja catalogados como "de riesgo", el actual contexto fue un caldo de cultivo para que se reediten conflictos clásicos, o que directamente se generen nuevos, ante un escenario también inédito.

Es fácil ceder y "dejar pasar cuestiones" en la pareja que a uno le molestan pero que al otro lo gratifican, cuando eso no implica sentir que se puede poner en riesgo la vida de un familiar, o la propia. Es el caso de Martina y su pareja: "Siempre discutíamos porque él es muy confiado, andaba con el celular en el auto y el vidrio de la ventana baja, o cuando despedía a alguien en la puerta la dejaba abierta un montón de tiempo, y vivimos en una casa, para mí es peligroso. Pero ahora es distinto, porque lo que él haga me repercute de una manera muy directa: yo cuido a mi abuela, que tiene 85, le llevo cosas todas las semanas y si él se encuentra con los amigos, es una cadena invisible que se corta en mi abuela", relata angustiada esta docente de 38 años.

Un escenario nada fácil de resolver: él se sentía angustiado, hastiado por las tareas hogareñas y la endogamia de la vida puertas adentro, y necesitaba encontrarse al aire libre con sus amigos. Ella tampoco quería subestimar su angustia, por lo que decidieron que por única vez él asistiera a un asado en el balcón de un amigo, pero que al volver se recluyera 14 días en un departamento desocupado de la familia.

"Ha sido bastante común observar diferencias en el tratamiento del cuidado, porque por supuesto una pareja tiene pensamientos autónomos. Y se han observado decisiones concretas, como apartarse en diferentes habitaciones como si estuvieran separados, o directamente irse a vivir a casa de la familia primaria, quienes pueden coincidir más con las conductas preventivas. Son formas de poder sostener y defender la propia postura elegida", ejemplifica Rosalía Beatriz Álvarez, psicoanalista, coordinadora del Departamento de Familia y Pareja de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

La familia del otro

En igual sentido apunta María Fernanda Rivas, psicoanalista de la misma institución: "La familia política -sobre todo en la franja etaria de riesgo- cobra gran protagonismo en estas situaciones. Y esto puede hacer que se intensifiquen esos lazos con la familia de origen de cada uno, generándose malestares, reclamos o activándose celos o rivalidades que en la vida normal no salen a la luz", asegura.

Claro que estas son cuestiones que pueden dirimirse cuando se consensuan, pero también existen encuentros fortuitos en los que rápidamente hay que tomar decisiones que pueden traer aparejadas consecuencias. Florencia, de 35 años, se enteró de que Gustavo, su marido, había visto a alguien -algo que según acordaron estaba prohibido- cuando el test a él le dio positivo. Ocurre que Gustavo le llevaba las compras a su padre, y ese día en la puerta estaba su hermana, que luego se supo que estaba contagiada. Él la llevó en auto a su casa. Afortunadamente el marido de Florencia tuvo síntomas leves, pero tuvo que recluirse en un hotel, y ella -en la casa con tres chicos por dos semanas- no tardó en reprocharle ese encuentro no informado.

Otro conflicto muy común sobre todo en parejas que no conviven es poner en tela de juicio los cuidados del otro. En el caso de Joaquín, él es tan extremo en sus cuidados que no soportaba la idea de ir a la casa de Valeria, cuyos hijos iban y venían de la casa del padre. Entonces él la visitaba, pero una vez a la semana y con distancia, sin ningún tipo de contacto, por lo que tampoco mantenían activa su sexualidad. Cuando ella vio en Instagram una foto de él dando una vuelta a la manzana con un amigo, comenzó una escalada de reproches que terminó en separación. "¿No tenemos sexo pero sí te ves con tus amigos?" fue el pase de factura, pero él no logró hacerle entender que eran dos situaciones que para él implicaban riesgos diferentes.

Variedad de escenarios

De hecho, los escenarios son tan variados como personales, pero tienen un denominador común: el desacuerdo respecto de cuidados y acciones. Y eso puede significar que uno de los integrantes de la pareja pueda verse condicionado a elegir un camino sin estar del todo convencido. La persona que cuida a los chicos en la casa de Valentín y Julieta tenía permiso para ir, ya que los dos trabajan. Pero ella no quería porque le daba miedo contagiarse. "En un momento, las peleas cotidianas por ocuparse de toda la casa, las compras, los chicos, el Zoom de la escuela y nuestros trabajos fue un combo explosivo, estábamos todo el día peleando y sentí que eso también tenía un efecto en los chicos. Terminé cediendo y que venga la niñera, pero al final me contagié yo y también los chicos, así que hoy día se lo sigo reprochando", relata Julieta.

"La pandemia ha puesto a prueba todos los vínculos afectivos pero no crea un nuevo vínculo, sino que tensa el previo", Eduardo Tesone, psiquiatra de la Universidad París XII

Parejas que tuvieron que dividirse las tareas de enseñar, limpiar, hacer compras, en muchos casos pagando sueldos de empleados que no podían ir y escuelas a las que sus hijos no pudieron asistir. Parejas que quedaron separadas y tienen que establecer acuerdos para poder verse. Matrimonios de abuelos que no pudieron ser parte del nacimiento de nietos, personas que perdieron familiares, se enfermaron o se deprimieron. Sueldos que bajaron o trabajos que desaparecieron. Miedo a contagiarse y distintas maneras de prevenirlo. ¿Los conflictos suscitados en estos meses en las parejas son novedosos, o a pesar del inédito y duro contexto, son nuevas versiones de conflictos precedentes?

El doctor Eduardo Tesone, psiquiatra de la Universidad París XII, opina: "La pandemia ha puesto a prueba todos los vínculos afectivos pero no crea un nuevo vínculo, sino que tensa el previo. La manera en que pueda resolverse el cuidado necesario depende en gran parte, no tanto del virus que actúa como revelador, sino del vínculo que antecede. O sea, si estaba presente o no el cuidado hacia el otro en la vida cotidiana, el tipo de relación de afecto y respeto hacia el otro", sentencia. "Si había un vínculo con buena comunicación, con respeto por el otro, es difícil no poder negociar respetuosamente las diferencias", agrega la licenciada Álvarez. Como Karina y Hernán, que dispusieron que él tenga más cuidados y que ella acceda a algunas salidas: "Nos peleamos mucho por el tema limpieza de verduras, de las cosas del súper, por las salidas. Yo soy mucho más cuidadosa, y a veces entro en una escalada medio obse con el tema de la prevención. A veces nos matamos, pero en algún punto me sirve que Hernán me baje un poco", ejemplifica.

Desde ya que el contexto es desafiante, pero quienes con diferencias abismales sobrelleven equilibradamente esta pandemia, probablemente salgan, como pareja, mucho más fortalecidos.

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