
Cuando la religión sale a la cancha
Entre lo místico y las disciplinas deportivas hay más vínculos de los que, a simple vista, cualquier observador podría suponer. Protagonistas excluyentes del deporte, desde Muhammad Alí hasta Carlos Roa hicieron de la fe la razón de sus luchas personales y sienten a Dios como su aliado, sensación que suele transmitirse a los miles que pueblan los estadios
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Refrán popular hecho canción. El grupo de rock Los Caballeros de la Quema tomó la frase y le puso música. Y cantan: "Partido chivo el que jugamos, todos atrás y Dios de nueve". Allí anda, entonces, el pobre Dios, cansado de jugar picados en los potreros.
¿Exagerado? Definitivamente no. Mezclar deporte y religión parece, en primer término, juntar el agua y el aceite. Pero la historia misma se encarga de demostrar que muchas veces van de la mano. Que los deportistas, tal vez para equilibrar un poco sus mentes trastrocadas por tanta competencia, por tanta necesidad de triunfo, necesitan un cable a tierra. Y lo encuentran, cada cual a su manera, en la religión.
Historias de pedidos y festejos. El Racing Club, cuándo no, protagonizó un capítulo muy especial de esta unión. Convocados por Daniel Lalín, el 14 de febrero de 1998 unas 15.000 personas se juntaron en el estadio Juan Domingo Perón para exorcizarlo. Hubo túnicas, antorchas, rezos, pedidos especiales. Una imagen digna de aparecer en un film de Woddy Allen. El padre Horacio Della Barca, párroco de Santa Lucía, de Barracas, bendijo ese día todo lo relacionado con el fútbol: los arcos, el campo de juego, las pelotas. Cantó Vox Dei, para que el mensaje fuera completo. En el final de ese día lleno de esperanza, el equipo perdió contra Colón. Vaya paradoja.
Hoy, 17 meses después, algún fanático podrá entender aquella caída como un mensaje: el club sigue sin ser campeón, está quebrado, Lalín tuvo que renunciar en medio de un caos, una síndico decide su futuro y Racing arrastra un promedio preocupante para el descenso.
También movilizados por la fe, 10.000 hinchas de San Lorenzo escribieron otro capítulo muy particular, éste con final feliz. El líder fue Marcelo Tinelli. "Si salimos campeones vamos todos a Luján", dijo algunas fechas antes de finalizar el torneo Clausura ´95 el conductor televisivo. San Lorenzo ganó el torneo, y 9999 personas acompañaron al animador hasta la basílica, para que la mítica Luján se vistiera de rojo y azul.
Es, para muchos, el mejor boxeador de todos los tiempos. Nació Cassius Marcellus Clay. Se convirtió en Muhammad Alí. "Clay era mi nombre de esclavo. Alí significa el más altamente digno", explicó una vez. Una célebre anécdota dice que un día fue al Vaticano, salió al balcón junto al Papa, y la gente preguntaba: "¿Quién es el anciano que está junto a Alí?" Una frase suya lo pinta de cuerpo y alma: "Mi única preocupación es promover el islam. Hace unos años, en el aeropuerto de Chicago, estuve más de una hora firmando autógrafos. Entonces pensé que podía hacer algo para darle difusión a la palabra de Alá. Mandé imprimir miles de panfletos con las verdades básicas de mi religión y entonces ahora, cuando me piden un recuerdo, les doy el papel con mi firma, para que además puedan leer algo instructivo".
Grande entre grandes arriba del ring, Clay o Alí, como se prefiera llamarlo, marca una época en el deporte mundial. Mucha gente le puso su nombre a sus hijos, como el mismísimo Hugo Orlando Gatti, que bautizó a su descendiente Lucas Cassius. Pero él no habla de ídolos, simplemente porque los designios divinos no se lo permiten. "La gente me puso en un pedestal, me hizo un ídolo y eso está contra mi religión. Los musulmanes no tenemos ídolos y mucho menos los adoramos." En 1990 fue a la gran mezquita. Se estaba realizando el servicio regular de los viernes. Había unos 5000 feligreses dentro. Pronto se corrió la voz de que Alí estaba presente y al rato esa cantidad de gente se decuplicó. El gobierno tuvo que llamar al ejército para poder sacarlo de allí a Clay. A los 57 años, el boxeo ha dejado una marca en su cuerpo. Mal de Parkinson, diagnosticaron los doctores. Aunque, naturalmente, ése no fue el dictamen de Alí. "Dios me ha dado este peso para cargar para que comprenda que soy apenas un ser humano. Lo comprendo y me resigno, pero no sufro." La fe le hace olvidar los dolores de su enfermedad. Aunque su interior está preparado para todo. "El día que me vaya dirán que le puse a la vida una medida de paciencia, algunas tazas de amor, una cucharada sopera de generosidad y que serví ese plato a todos los que conocí... Ojalá que Alá entienda que fui un aceptable cocinero."
La masacre de Munich representa la matanza más grande de la historia del deporte en relación con la religión. En pleno desarrollo de los XX Juegos Olímpicos en Berlín, el grupo comando Septiembre Negro asesinó a 11 miembros del equipo israelí. Justo en unos Juegos muy especiales para Alemania, en los cuales el país intentaba mostrar una nueva imagen de sí mismo. Pero en la madrugada del 5 de septiembre de 1972, ocho terroristas palestinos entraron en el edificio donde se alojaba la delegación israelí y comenzó la tragedia.
Los atacantes tenían un objetivo concreto: lograr la liberación de 200 compatriotas suyos detenidos en Israel. Por eso, tomaron a nueve rehenes para poder negociar. En pocas horas, todo el mundo estaba pendiente de esta situación. El deporte, la religión y la política sumaban protagonistas al incidente. En la negociación aparecieron el canciller alemán, Willy Brandt, el entonces presidente de Egipto, Anwar El Sadat (que se opuso a ser mediador en el conflicto) y la ministra israelí Golda Meir.
En agosto de 1992, un ciudadano alemán robó parte de la información confidencial del caso. Esto hizo que salieran a la luz muchos puntos oscuros de aquella masacre. Por ejemplo, que uno de los rehenes no habría sido muerto por los terroristas, y que sobre el fallecimiento de otro existen serias dudas. Los familiares de los caídos decidieron iniciar una causa judicial que tuvo como procesados a la República de Alemania, el Estado de Bavaria y la ciudad de Munich. Aquellos Juegos de Munich dejaron una curiosidad. El nadador norteamericano Mark Spitz logró siete medallas doradas, cifra nunca igualada en la historia. Un dato más. Ese 5 de septiembre, Spitz escapó de Munich casi de incógnito. El también era judío...
Congeniar ambas vidas se vuelve incompatible, a veces. En el mejor momento de su carrera, el arquero Carlos Roa privilegió su creencia antes que su futuro deportivo. Tenía todo por delante. El presidente del Mallorca, su último club, le daba un cheque en blanco para renovar contrato por un año. Muchos de los más importantes clubes del mundo lo querían comprar por varios millones de dólares. No. Lechuga -apodo ganado por su condición de vegetariano, como lo exige la religión adventista- se negó. Las leyes de su fe también le indican que los sábados tienen que ser de descanso total. Justo los sábados, día de partido en España o de rigurosas concentraciones. Roa dijo adiós.
Otros futbolistas argentinos tienen anécdotas muy particulares con el tema de la religión. Como la de Mario Pastor Bevilacqua, ex jugador de Talleres. Jugando para el club cordobés, un día ingresó faltando muy poco para el final de un partido cuando su equipo perdía 2 a 0. El resultado final fue 2 a 2, con dos tantos suyos. En otra ocasión volvió a Talleres cuando el equipo buscaba ascender. Bevilacqua fue la figura del torneo, y el equipo volvió a primera.
Por supuesto, en ambos casos los medios cordobeses le dedicaron un gran espacio al Pastor. Esto provocó la envidia de los dirigentes. Bevilacqua cuenta el final de esta historia. "Después tuvimos una mala racha, y los directivos se la agarraron conmigo, cargándome. Me decían: Mario, vos que estás más cerca de Dios y hablás siempre con él, ¿por qué no le pedís que nos ayude un poquito? Me hacían mucho daño".
En el último campeonato, Dante Unali, defensor de Colón de Santa Fe y pastor evangélico, también tuvo una experiencia especial. "En un partido contra Argentinos Juniors, Brizuela se la pasó provocando a toda la defensa de mi equipo. Yo, como mis compañeros, reaccioné. Durante el resto del encuentro, Jorge Quinteros buscaba que me volviera a enojar para que me expulsaran, y me decía: ¿Pero cómo vos, que lees siempre la Biblia, vas a reaccionar de esta manera? Está muy mal." En los vestuarios, Unali dice que hay charlas censuradas. "Si se habla de minas, hasta el técnico se engancha. Pero cuando yo toco un tema religioso, me piden que me calle, que esto no es una iglesia. Cada vez que conozco más a la gente, más creo en la Biblia."
A los 8 años, Abel Balbo estuvo a un paso de la muerte. Se salvó, según asegura él, por un milagro. "Yo le hice una promesa a Dios, que iba a utilizar mi fama y mi popularidad para transmitir su mensaje en mi medio. Generalmente, en el ambiente del fútbol, que no es muy religioso, te toman por idiota y te tenés que comer un montón de cosas." Así habla el gran goleador consagrado en Italia, flamante adquisición de la Fiorentina. Ha tenido muchas alegrías en su vida, como convertirse en un ser milagroso que ayuda a curar chicos con sólo llamarlos por teléfono. Su máxima satisfacción fue la entrevista que tuvo con el papa Juan Pablo II. "Fue el hecho más significativo y más lindo de mi existencia." Lee constantemente la Biblia, sobre todo el Eclesiastés. "Sobre mi futuro decidirá Dios. El me utilizará mientras sea jugador de fútbol." Claudio Borghi debió soportar muchas cosas por sus creencias. Su condición de mormón le exigía llegar virgen al matrimonio, hecho que provocó las cargadas de los rivales.
Genio. Tal vez Bobby Fischer sea el mejor ajedrecista de todos los tiempos. Talentoso, controvertido, admirable, rebelde, loco. Todo esto y mucho más a la vez. Cuando había abandonado el ajedrez por problemas políticos y religiosos, los predicadores tocaron las puertas de su mundo de 8x8. "Tuve algunos problemas personales y empecé a escuchar a muchos predicadores de la radio. El señor Herbert Armstrong me convenció, y me dije: creo que Dios ha señalado al indicado." Hace 20 años, cuando los valores del dinero eran otros, Bobby donó 94.315 dólares a la Iglesia Mundial de Dios, una secta fundamentalista californiana. Desde 1963, entregó dinero paulatinamente a sectas y predicadores. Su experiencia no fue buena. "Francamente, me limpiaron los bolsillos", confesó años después.
Perdió la confianza en sí mismo, sólo debía confiar en el armstrongnismo. "Cada vez que trataba de tener un pensamiento cuerdo, creía que era un pensamiento del demonio." Fischer, el genial Fischer, nunca se recuperó plenamente de esta experiencia.
El basquet argentino muestra un caso sorprendente. Dennis Still, un norteamericano que actúo varios años en distintos equipos de la Liga Nacional, era testigo de Jehová. Una de sus misiones era sumar feligreses en cualquier lugar donde se encontrara. Cuando jugó en Santa Paula, equipo de la ciudad santafecina de Gálvez, de 30.000 habitantes, aprovechaba la hora de la siesta y en lugar de descansar como sus compañeros de equipo, cumplía con su mandato. Agarraba su bicicleta, subía sus 2,05 metros y 110 kilos, y se iba al medio del campo a buscar nuevos adeptos para su religión. En la NBA son muchos los que se unen al islamismo. El caso más resonante fue el de Lew Alcindor, uno de los tres mejores jugadores de la historia. Alcindor es nada menos que Kareen Abdul Jabbar. Una más de la NBA: el nigeriano Hakeem Olajuwon, de Houston Rockets, toma dos litros de agua por partido. Pero el día de un encuentro, su religión le imponía ayuno total: Hakeem aguantó todo el partido con la garganta seca.
Al respecto, el entrenador argentino de fútbol Eduardo Solari cuenta una anécdota de su paso como DT por la selección de Arabia Saudita. "En uno de los primeros entrenamientos, estábamos con mi hermano Jorge en medio de un ejercicio táctico. De repente, todos los jugadores dejaron la cancha y se fueron... No entedíamos nada, hasta que nos enteramos que era la hora de rezar." Increíble. ¿De qué otra forma se puede catalogar un posible choque entre Mike Tyson y George Foreman? En un negocio de nueve cifras, en Estados Unidos están haciendo todas las gestiones para poner en un ring, frente a frente, a estos dos colosos. A estos dos terribles pegadores. A estos dos hombres de color defensores de su raza. A estos dos fervientes creyentes. En un costando del ring, Mike Tyson, el mismo que a su hogar de los últimos años en Indiana, la cárcel, no le guarda ningún rencor. Al contrario. "No sé si la prisión fue una bendición disfrazada, pero sí sé que yo hice de esto una bendición", dijo alguna vez. Mike, esa bestia enjaulada que desata toda su furia sobre el cuadrilátero, se convirtió al islamismo y al único que dice que respeta y admira es a Alá.
"Soy musulmán y sólo deseo que la gente se mantenga fuera de mis asuntos. No voy a dividir el Mar Rojo ni hacer una gran diferencia en el mundo. Simplemente creo y soy seguidor de Alá." Cuando Tyson salió de la prisión de Indiana, cuatro años atrás, una de las primeras cosas que hizo fue asistir a una breve ceremonia de oración en una mezquita de los Estados Unidos. Mientras espera la pelea, elabora el resumen de su autobiografía. "He sido maltratado toda mi vida. Fui brutalizado y engañado. Hubo algunos tiempos horribles. Pero sé que si pongo mi alma, el corazón y el cuerpo en manos de Alá, él hará lo que sea necesario. El me enseñó que si pongo coraje, determinación y valentía, no hay pelea que no pueda superar."
En el otro rincón, un hombre tan distinto, tan igual. Podría ser su padre, puede ser su rival. George Deward Foreman ostenta el privilegio de ser el campeón mundial de los pesos pesados más viejo de la historia, al ganar la corona a los 45 años. Y también tiene el honor de ser uno de los pastores evangélicos más populares de los Estados Unidos. Este hombre, de coincidente pasado turbulento con el de Mike, con los sustantivos alcohol y cárcel incluidos, se retiró por primera vez en 1977. Entonces, se metió en la Iglesia del Señor Jesucristo, en el barrio Adine, de Houston. No sólo estudió el Evangelio, sino que llegó a convertirse en pastor. Por eso, hoy lo llaman el Reverendo.
Volvió a pelear por la simple razón de que su iglesia necesitaba dinero, y él lo consiguió a los golpes. Cuando recuperó el título a los 45 años, se arrodilló en la lona, miró al cielo y exclamó: "Gracias, Dios mío". No podía ser de otra forma. En cualquier momento Tyson y Foreman dejan de rezar, se calzan los guantes e intentan dirimir a las piñas quién cree más en Dios...
Organización en el máximo sentido de la palabra es la que muestra la agrupación religiosa Atletas de Cristo. Este desprendimiento de la Iglesia Evangélica nació en Brasil, en 1978, de la mano de los futbolistas João Leite, conocido como el arquero de Dios, y Baltazar, además del piloto Alez Dias Ribeiro. Paulatinamente la organización fue creciendo gracias al mensaje que exportaba cada jugador transferido a cualquier país del mundo. En la última Copa del Mundo, el seleccionado brasileño tuvo como representantes de Atletas de Cristo a Taffarel, César Sampaio, Denilson, Bebeto y Rivaldo. El arquero Taffarel, cuando detiene un penal en una definición desde los doce pasos, como lo hizo en la final del Mundo ante Italia en Estados Unidos ´94, siempre repite lo mismo: "No fui yo, fue Dios".
En la Argentina, el brasileño Paulo Silas, ex jugador de San Lorenzo, fue el encargado de difundir los conceptos de los Atletas. El hondureño Eduardo Benett... (Argentinos Juniors) es la cabeza del grupo; Jorge Vivaldo (Chacarita) conduce un grupo en Lanús; Jorge Ramos habla con chicos de las divisiones inferiores de todo el país y hay otros integrantes como Leonel Gancedo (River), Fabio Giménez (Racing) y Guillermo Franco (San Lorenzo). Son algunos de los integrantes del nutrido grupo que trabaja en esto. Porque, como dice Silas, "es verdad que hay muchos que se aprovechan de la fe de la gente para sacarle plata. Nosotros nos mantenemos con los diezmos propios. Pero no obligamos a nadie".
El brasileño hoy juega en Japón, adonde llevó su mensaje: Los Atletas de Cristo tienen su programa televisivo en América Sports, llamado La gran jugada. Para dar una muestra del crecimiento que tuvo la agrupación en estas dos décadas, su máximo devoto fue nada menos que el automovilista Ayrton Senna.
Silas, la cara que simboliza el pensamiento de estos feligreses, recuerda su debut futbolístico en la Argentina. "En mi primera noche en Buenos Aires me arrodillé en la habitación del hotel y le pedí a Dios una prueba: hacer dos goles en mi debut, para saber que me mandaba a este bendito país como misionero del deporte. Después pensé que dos goles eran muchos, y que bastaba con uno." Esa presentación era nada menos que contra Boca. El entonces desconocido Silas hizo un gol, y cuando estaba por convertir el segundo, un defensor sacó la pelota en la línea. "Un escalofrío tremendo me invadió el cuerpo, a tal punto que no pude seguir corriendo. Una voz retumbó en mis oídos, me decía que tenía poca fe porque, si hubiese pedido los dos goles, los hubiera tenido." No es todo. Hay muchos, muchísimos ejemplos más. Uno de los más extremos y curiosos a la vez lo protagonizó hace poco Donald Findlay. ¿Quién es? El señor era el presidente del Glasgow Rangers, uno de los clubes más poderosos de Escocia. Pero el 31 de mayo último debió renunciar luego que el periódico Daily Record publicara unas fotografías del directivo muy particulares. En las tomas, Findlay aparece en un escenario entonando himnos contra el Celtic, el rival de su equipo.
No eran simples cantitos de cancha. Ocurre que el enfrentamiento entre los dos principales clubes de Escocia excede el terreno deportivo para incursionar en el ámbito religioso. Los simpatizantes del Celtic pertenecen a la comunidad católica, mientras el Glasgow tiene entre los protestantes al grueso de sus hinchas. Ambos equipos han intentado en los últimos tiempos luchar contra esta situación. Incluso el Celtic lanzó una campaña llamada Boys against bigotry (Muchachos contra los prejuicios). Parece que Findlay no adhirió...
Y en esta vorágine que es el fútbol mundial, ni siquiera la Santa Sede quedó al margen.
La venta del delantero Christian Vieri de la Lazio a la Roma en 48,5 millones de dólares, provocó la crítica de L´Osservatore Romano, el diario de El Vaticano, que también cuestionó las sumas que se pagan por las transferencias de futbolistas en Italia.
El pobre Vieri no supo qué contestar: "A mucha gente le alegró la noticia y a mucha no... Así son las cosas en Italia", se limitó a decir el jugador.
Rezar. Persignarse. Cábalas relacionadas con la religión. Peregrinaciones. Invocaciones. "Gracias a Dios." La vista clavada en el cielo. El deporte descarga sus tensiones en la fe. Así perdura esta relación mitad lúdica, mitad mística. Porque a no olvidarse tampoco que uno de los goles más recordados de la historia del fútbol lo hizo Dios... Y con la mano.
Casos extremos
En la Argentina, la unión del deporte y la religión tiene una institución protagonista con muchas historias para destacar, y no precisamente por ser agradables. Al club Atlanta, en pleno corazón de Villa Crespo, se lo vincula con el judaísmo. En varios partidos de fútbol, sus rivales han realizado graves manifestaciones antisemitas.
Jorge Rubinska, presidente de la institución, así lo recuerda. "Por nuestra ubicación geográfica se nos conoce como el club no judío de la colectividad. Por eso, nos dicen los rusos, y así también los llaman a los mismos jugadores. En el folklore del fútbol, hubo una época en la que había numerosos gestos antisemitas cada vez que jugábamos. Se notaba cierta fobia. Hoy, por el consolidamiento de la democracia más el aporte de la ley antidiscriminatoria, la cosa se ha calmado."
Lo cierto es que, en los años ochenta, presenciar un partido en el que jugaba Atlanta significaba ser testigo de un espectáculo verdaderamente triste. "Se colgaban banderas nazis y se cantaban canciones muy ofensivas. Antes de un partido de visitante, anunciando su viaje hacia la próxima cancha, las hinchadas cantan que van a quemar ese barrio. Como Avellaneda o La Boca. A nosotros nos cantaban que iban a quemar la sinagoga. Pero la peor canción decía así: Ahí viene Hitler por el callejón, matando judíos para hacer jabón. En una época hasta hubo quienes vitoreaban a Saddam Hussein."
Los clubes que encabezaban el ranking con estas canciones estaban claramente identificados, como lo expresa Rubinska. "Las peores cosas nos pasaban con Chacarita, Estudiantes de Caseros y Platense. Con la ayuda de los dirigentes, esto se revirtió. Por ejemplo, en Chacarita el presidente Luis Barrionuevo colaboró mucho para que la barra de su club se saque ese matiz antisemita. Ahora no se notan grandes brotes."
Luego del atentado a la AMIA, el deporte amateur vivió una etapa paranoica. Ocurrió que muchas instituciones no querían jugar contra los representativos de los equipos de la colectividad, como Hebraica, Macabi y Hacoaj, por temor a algún nuevo atentado.
Con Deportivo Armenio, a veces, se da un caso similar, cuando las hinchadas visitantes cuelgan banderas del alambrado con una hiriente alusión: "Turquía corazón".





