
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más.

El consumo de alcohol, aunque a menudo se asocia con momentos de disfrute y convivencia, puede tener efectos perjudiciales en el organismo si no se modera adecuadamente. En este contexto, existe la creencia extendida de que ciertas bebidas, como el vodka o el whisky, son las más dañinas para el hígado. Sin embargo, hay otras opciones alcohólicas que pueden representar un mayor riesgo para la salud hepática.
Para comprender mejor estos efectos, es importante conocer el proceso que sigue el alcohol en el organismo. Una vez ingerido, se absorbe rápidamente en el torrente sanguíneo y es metabolizado principalmente por el hígado. Sus efectos inmediatos incluyen deshidratación, deterioro de la coordinación y alteraciones en la conciencia, mientras que a largo plazo, el abuso del alcohol puede derivar en enfermedades hepáticas, daño cerebral y problemas cardiovasculares.
Dado que el hígado es el órgano encargado de procesar el alcohol y eliminarlo del organismo, su exposición constante a esta sustancia puede comprometer su funcionamiento. Cuando la ingesta es excesiva, el hígado se sobrecarga y comienza a acumular grasa, lo que puede derivar en la esteatosis hepática o “hígado graso”. Con el tiempo, esta afección puede evolucionar hacia problemas de salud más graves, como la hepatitis alcohólica, la cirrosis e incluso el cáncer hepático.

Si bien la graduación alcohólica es un aspecto relevante, lo más determinante es el volumen ingerido. Las bebidas con una alta concentración de alcohol pueden ser más fáciles de consumir en exceso, lo que aumenta significativamente el riesgo de daño hepático. En este sentido, algunas bebidas tradicionales llaman la atención de los especialistas debido a su fuerte impacto en la salud del hígado.
De acuerdo con la web especializada Reframe, el mezcal y el tequila son las bebidas alcohólicas que más afectan al hígado. Su alta graduación alcohólica, que oscila entre el 40% y el 50%, incrementa la carga de trabajo de este órgano, lo que dificulta su capacidad para descomponer y eliminar las toxinas del cuerpo.
Paradójicamente, a pesar de su impacto en el hígado, el mezcal y el tequila también son considerados entre las bebidas alcohólicas menos dañinas en otros aspectos. Según la Asociación Química Americana, ambas contienen un bajo contenido de azúcar gracias a provenir de la planta de agave, lo que reduce su impacto en el metabolismo y disminuye el riesgo de enfermedades como la diabetes. Además, cuentan con compuestos naturales que, en pequeñas cantidades, pueden beneficiar la salud digestiva.

Para profundizar aún más en torno al tequila y mezcal, ambas bebidas, originarias de México, se elaboran a partir del agave, aunque con algunas diferencias. Mientras que el tequila se produce exclusivamente con agave azul, el mezcal puede elaborarse con distintas variedades de esta planta. Su proceso de destilación y fermentación les otorga características distintivas, como el sabor ahumado del mezcal y la suavidad del tequila.
Dado el impacto del alcohol en el organismo, la mejor recomendación es consumirlo con moderación o evitarlo por completo. No obstante, si se decide beber bebidas de este tipo, expertos comparten algunas prácticas que pueden ayudar a minimizar los riesgos y proteger la salud del hígado:



