
De las balas al papel
Charles M. Schulz, el creador de Snoopy, comandó un escuadrón en la Segunda Guerra Mundial. Luego se hizo famoso con sus dibujos. Craig Schulz, guionista del nuevo film basado en el cómic, cuenta por qué su padre fue el historietista más leído del mundo
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SANTA ROSA, California
Este pueblito, una hora al norte de San Francisco, pasaría como uno más sino fuera que desperdigados por su plaza principal, hoteles y su shopping se encuentran unas estatuas de bronce, no de próceres ni de su fundador, sino de Snoopy, Charlie Brown, Lucy y varios de los personajes Peanuts, una de las historietas más populares e influyentes del mundo.
Creada en 1950 por Charles M. Schulz, Peanuts –o Snoopy, el nombre del perro que vive arriba de su cucha roja, que fue el título latinoamericano– debutó en siete diarios de los Estados Unidos con poca repercusión. Fue recién una década después, a principios de los sesenta, que el cómic tuvo éxito y para 1965, Schulz fue tapa de la revista Time y se presentó en la televisión el primer especial de Navidad. Mucho antes de que el merchandising de las películas con su muñequitos, remeras y sábanas inundaran los comercios, Peanuts ya lo había logrado con Charlie Brown, Snoopy, el pajarito Woodstock y todos sus amigos y compañeros de escuela, quienes al igual que personajes icónicos como Bart Simpson o Calvin & Hobbes, no crecen nunca. Ya en 1975 Peanuts se publicaba en 2000 diarios estadounidenses, 200 extranjeros y era leído por 90 millones de personas cada semana.
La historia de Schulz es atrapante. Fue siempre dibujante, desde su infancia. Pero a los 20 años fue convocado para servir en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, desempeñándose como líder del escuadrón de ametralladoras en Alemania, Francia y Austria. En 1945 volvió a Saint Paul, Minnesota, su pueblo. Sobre su experiencia en la guerra escribió: "El Ejército me enseñó todo lo que necesitaba saber sobre la soledad". Tuvo cinco hijos, entre ellos Craig, el mayor, que sigue su legado.
Si bien se hicieron cuatro películas animadas basadas en el cómic, hacía más de 30 años que Charlie Brown no estaba en la pantalla grande. Por eso Craig decidió presentar Peanuts a una nueva generación y con un guión escrito por él y su hijo Bryan (junto a su amigo Cornelius Uliano) buscaron un estudio de Hollywood que aceptara el desafío de llevar una historieta en blanco negro de sesenta y cinco años a un film para el exigente público acostumbrado a la animación por computadora y el 3D. Lo encontraron y la película llegará al país el primer jueves de enero. Craig recibió a La Nación revista en la hoy casa-museo de su papá.
¿Como fue crecer con Charles Schulz como padre?
Cuando yo era chico lo veía a dibujar y pensaba que no tenía trabajo. Siempre dibujaba y de alguna manera teníamos comida en la mesa y un auto. Nací en el '53 y durante esos años de infancia Peanuts tenía éxito. Pero entre el '65 y el '70 Peanuts explotó y mi padre tuvo una carrera meteórica. Recién ahí me di cuenta de que tenía un trabajo que consistía en dibujar en su escritorio. Y además, no le molestaba interrumpir para venir a jugar a las damas o al béisbol. Fue un mundo diferente crecer con un padre que no va a la oficina y siempre está en casa dispuesto a jugar con vos.
¿Usaba tu padre su familia como inspiración?
Sí, claro. El decía que la historieta es una imitación de su vida en un 60 por ciento. Para mí es un 80 por ciento. Muchas de las cosas que pasaban en casa, las dibujaba después. Una vez se incendió su estudio y los bomberos se equivocaron de calle y la casa se quemó. Entonces dibujó que la cucha de Snoopy se incendió y mucha gente nos enviaba dinero para reconstruirla.
¿Se identificaba él con algun personaje en especial? ¿O vos?
Hay un poco de Charles en cada personaje. Sally, que se queja con cada titular de la televisión, es él. La filosofía de Linus es también parte de su faceta. Incluso Schroeder en su piano es mi padre en su tablero de dibujo. Y yo soy Pig Pen. Cuando era chico estaba siempre sucio porque me revolcaba en la tierra y escalaba los árboles.

A lo largo de los años hubo miles de historietas, pero muy pocas tuvieron éxito de Peanuts. ¿Por qué creés que pasó eso?
Todos nos podemos identificar con los personajes y vernos reflejados en muchas de sus facetas. Todos somos Charlie Brown: no importa lo que hagamos perdemos más de lo que ganamos. Y todos tenemos amigos como Lucy, que da consejos o nos imaginamos siendo protagonistas de nuestras aventuras cual héroes de acción, como Snoopy. El mensaje es atemporal. Encontramos temas de hace treinta años que se aplican al día de hoy. El mundo no ha cambiado tanto, por más que la gente diga eso. Las relaciones entre personas son así de complejas, las mismas durante décadas.
¿Por qué hacer hoy una película basada en la obra de tu padre?
La última película es de 1980 y si bien hubo especiales de televisión después, no son lo mismo. Queríamos que una nueva generación conociera a los personajes y ahora es posible con las herramientas modernas de animación.
El guión es tuyo y de tu hijo. Al mismo tiempo, vos sos el que mantiene el legado de tu padre. ¿Es un proyecto familiar?
Sí, toda la familia está involucrada. Le pedí a mi hijo a que me ayudara a contar la película y le presenté la historia a Jean. El tataranieto de mi padre hace una voz de un chico en el jardín así que estamos casi todos.
Con más de sesenta y cinco años de historieta. ¿Cómo decidiste qué historia contar?
No quería hacer una película con viñetas de Peanuts, sino una historia. Tomé los elementos reconocibles de los personajes como Charlie Brown y su lucha eterna en levantar un barrilete y su pregunta de si le va a caer bien a la gente. Llega una nueva chica a la escuela y quiere hablar con ella. Además está la vida de Snoopy y sus sueños de volar biplanos. Son todos elementos reconocibles y clásicos.
¿Fue una decisión no actualizarlo a la tecnología de hoy?
En el museo no tenemos computadoras porque ese no es el mundo de Peanuts. Tenemos papel y lápices de colores. Los videojuegos, iPads y celulares no tienen lugar en el mundo de Schulz. Él nunca usó una computadora y jamás quiso tener una; apenas podía prender el estéreo del auto. Amaba el papel y el lápiz y le encantaba ver aparecer el dibujo en la hoja en blanco. En una de nuestros primeras reuniones sentamos las bases que no íbamos a videojuegos, consolas ni celulares. Pero eso también presentó un problema porque queremos presentarla a las nuevas generaciones. En una de las escenas lo tenemos Snoopy con una máquina de escribir. Y alguien en la reunión preguntó si los chicos de hoy en día saben que es eso. Y quizá no. Así que decidimos explicar qué es y se nos ocurrió una una suerte de historia de origen de la máquina de escribir.
A fines de los sesenta y ya millonario, Charles Schulz se mudó aquí, a Santa Rosa, donde construyó la casa donde viviría los siguientes treinta años hasta su muerte en 2000. Fanático del hockey sobre hielo, el dibujante además financió de su bolsillo un estadio de ese deporte y un café, el Warm Puppy Café, donde desayunaba todas las mañanas siempre en la misma mesa. Hasta el día de hoy, si se visita el lugar, su mesa está intacta, llena de fotos y recuerdos de su vida, como el altar de una figura religiosa.
Junto a Jean, la segunda esposa de su papá, Craig decidió abrir un museo en el mismo terreno de la casa de Charles, o Sparky, como era llamado desde su niñez. Construyeron el edificio donde se realiza esta entrevista, que alberga cientos de historietas originales, una recreación del estudio del dibujante, un mural gigante hecho de cerámicas por el célebre artista japonés Yoshiteru Otani y una sala de cine.
La primera incursión de Snoopy en el cine fue un musical animado, en 1969; su última, en 1980, todas dirigidas por Bill Meléndez, un artista mexicano que hizo voces para Disney en clásicos como Fantasía, Bambi y Dumbo, y fue la voz de Snoopy y Woodstock hasta su muerte en 2008.
Con toda la tecnología disponible hoy, ¿cómo hicieron los animadores para volver a las bases?
Steve Martino, el director, venía con todos los animadores y estudiaban los bocetos, las líneas y las técnicas de mi padre y vieron cuán importante era trasladar un trazo dibujado a una computadora para que no se vea tan simétrico. Les llevó un año lograr imitar la línea dibujada. Los objetos de la película, por ejemplo, han sido todos extraídos de las historietas: los autos, las casas, los muebles. Todos. Yo siempre tuve la intención de mantener el legado de mi padre.
Además usaron la voz original de Snoopy y Woodstock, de Bill Meléndez, ya fallecido.
Sí, yo quería a Bill por todo lo que le dio al mundo de Peanuts. Fuimos al archivo y logramos extraer las grabaciones. Las digitalizamos para poder usar su voz en la película.
¿Tiene algo que ver con eso que no hayan usado voces de famosos tampoco?
Hicimos un casting de mil chicos por todo el país. Nuestra referencia fue el especial de Navidad de 1980 y buscamos voces similares. No queríamos celebridades ni que la canción de la película sea del cantante pop que está de moda. La mayoría de las películas tiene mucho humor contemporáneo, chistes rápidos y una edición frenética. El mundo de Peanuts no es así.






