
De Manu Chao a Kevin Johansen
La banda de sonido de Bonanza, el film de Ulises Rosell que se proyecta en el Malba, y una rara historia de ritmos cambiados
1 minuto de lectura'
- Los que asistieron a las funciones de Bonanza en el Festival de Buenos Aires del año 2001, pudieron ver la película de Ulises Rosell con la música de Manu Chao. Los que asistieron a su estreno en los cines, dos años más tarde (todavía hoy se exhibe en el Malba) vieron la misma película, pero con la música de Kevin Johansen.
Pasaron muchas cosas en el medio. En 1997 el ex líder de Mano Negra le había cedido a Rosell -en un raro acto de despojo- sus demos de Clandestino y algunas canciones inéditas. Rosell hoy confiesa que con el apuro del festival cometió el error de mezclar la película sin haber firmado contrato. Pero al parecer bastaba la palabra del gran defensor del tercermundismo, que finalmente resultó no ser dueño de sus canciones (por un raro contrato que había firmado con Virgin) ni de sí mismo. Así dejó a Rosell pagando, sin la música y sin demasiadas explicaciones ni disculpas. "Así es el mundo de la música -se lamenta Rosell-. A veces se da un juego perverso y ambiguo entre representante y artista. En un festival conocí a una directora inglesa a la que le había pasado lo mismo con Beck". Y Rosell no tuvo otra que lanzarse a una nueva búsqueda musical.Ahí apareció el amigo Kevin, nacido en Alaska, de padre norteamericano y madre argentina que un día volvió a Buenos Aires.
"Si bien el sonido de Johansen era más depurado, de estudio, más perfeccionista y nada tenía que ver con esa música rústica de Manu Chao, encontré que había en su música una cuestión rítmica, que tampoco se sabe muy bien de dónde es, con tiempos muy similares, que me interesaba." La única condición del músico y compositor de The Nada y Sur o no sur y de la compañía discográfica Los años luz, era que la música para la película se trabajara con el mismo ingeniero de grabación de sus discos. "Kevin graba cincuenta pistas para un tema, ocho guitarras para la guitarra de un tema. Es increíble", cuenta el director de Bonanza.
De honorarios prefiere no hablar. "Tema complicado. Pero esta vez se resolvió bien. La música tiene un protagonismo importante en la película, es uno de los pilares estéticos". Al final, y con demora, Bonanza llegó este año a los cines, con la música de un Kevin Johansen que, en ningún momento, suena como el reemplazante que había estado esperando en el banco.






