De máquina de coser a mueble para la casa: la historia de la máquina Singer

Gentileza Brunchatsaks y Hemtrevligt
Gentileza Brunchatsaks y Hemtrevligt
Con más de 160 años de vida, la patente que instaló una nueva forma de coser en el mundo doméstico, hoy es parte de ambientaciones en escritorios, baños y dormitorios.
Romina Metti
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6 de octubre de 2016  • 12:17

Uno de los antecedentes de la máquina de coser fue el prototipo patentado por el alemán Charles Fredrick Wiesenthal en 1755: una serie de dedos mecánicos colocados en los laterales de los géneros a través de los cuales operaba una agujaba. Si bien el dispositivo funcionaba con éxito, la máquina debía de ser detenida de manera frecuente para recargar hilo, interrumpiendo así la tarea. Casi un siglo más tarde, en Boston, Orson Phelps construyó un nuevo modelo evolucionado, pero aún con dificultades para lograr el movimiento fluido y continuo del hilo.

El inventor neoyorkino Isaac Merrit Singer, fundador de la Singer Sewing Machine Company, identificó la solución: hacer que la lanzadera reemplazara el movimiento circular por uno en línea recta: “En lugar de la barra para agujas que empuja horizontalmente una aguja curva, yo usaría una aguja recta y la haría trabajar en vertical, subiendo y bajando”. Once días más tarde y con cuarenta dólares menos en su bolsillo, h abía creado su propia (y definitiva) versión de la máquina de coser, cuyos atributos más notables eran: el soporte que sostenía el tejido, la rueda que habilitaba el avance de la tela, la aguja que oscilaba hacia arriba y hacia abajo al ritmo del pedaleo y el mismo pedal de pie, que en las máquinas anteriores era una manivela a fuera.

Antes de dar el salto como compañía multinacional, Singer comercializaba sus máquinas desde Nueva York para el resto de Estados Unidos a 100 dólares cada una. El siguiente destino fue París, luego de haber ganado el primer premio en la Feria Mundial en 1855. Tres años más tarde la compañía presenta “Grasshopper”, un modelo liviano para uso doméstico: las máquinas de coser comienzan su carrera hacia la popularidad y la marca supera las 3000 unidades vendidas por año (en 1913 ascenderían a 3 millones en todo el mundo). Singer estrena el siglo XX con 40 modelos diferentes y en 1908 se instala en uno de los primeros rascacielos de Nueva York donde establecería su casa central durante más de 50 años: tenía 47 pisos y 186 metros de alto.

En 1952 Singer presenta su primer modelo para costura en zig-zag y en 1975 da el gran salto a la era computarizada con la primera máquina electrónica del mercado: Athena 2000. Desde entonces, los diseños y mecanismos se han ido actualizando a los distintos tipos de uso: en 2001, por su 150 aniversario, la marca presentó QUANTUM ®XL-5000, una máquina de última generación que enhebra el hilo de manera automática y tiene un carrete auto recargable. Algunos años más tarde lanzó FUTURA, la máquina de coser y bordar que transforma archivos digitales en piezas textiles, conectándose a una computadora a través de un cable USB.

Deco Singer, otra vuelta

El rol de las máquinas de coser en las casas se transformó: su edad de oro como costureras familiares fue superada y durante algunas décadas quedaron olvidadas en bauleras y pasillos. Pero al estar integrada por tan pocas piezas, su restauración invita al juego y vuelve a ponerla en el centro de la escena doméstica: como escritorio, mesa de apoyo, mueble de baño o bar. Las patas y el pedal de hierro ornamentado, tan características de estas máquinas, son lo que se preserva en todas sus versiones, en las que la madera, el mármol y el vidrio actualizan su base.

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