
De panes... y panaderías
Señor Sinay:
Estoy en pleno proceso de divorcio, después de convivir durante 30 años con una persona de carácter muy fuerte y líder en muchas actividades. Estoy haciendo terapia, porque aunque ahora puedo decidir qué quiero hacer y qué no, me encuentro absolutamente desorientada, como una hoja en la tormenta, haciendo cosas sin un verdadero convencimiento. Renegaba del autoritarismo de mi marido, pero ahora no sé bien qué hacer. ¿Cómo le encuentro un sentido propio a la vida, sin seguir el rebaño y sin colocarme debajo de un autoritario que me diga qué debo hacer a cada paso?
Chana M. (Santa Fe)
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¿Cómo afrontar la ruptura de un primer amor cuando compartiste casi cuatro años de tu vida con él?
Celeste Díaz
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Me separé hace cinco años luego de veintinueve de matrimonio y dos hijos maravillosos. Un psicólogo me hizo ver que la nuestra había sido una relación básicamente comercial, del tipo “te quiero pero no te amo”. Soy una mujer que trabajó para crecer como persona y como profesional (soy médica). Como hija de divorciados, traté de tener un matrimonio mejor que el de mis padres. Me dolió mucho la forma en que las cosas terminaron y, a pesar del tiempo, conservo una cicatriz y me pregunto en qué habré fallado. Aunque veo que todo esto es muy común en nuestra sociedad.
Blanca R
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Una persona a cuyo lado aprendí mucho solía repetirnos a nosotros, sus discípulos, que nunca confundiéramos el pan con la panadería. Con el tiempo comprobé que esa confusión suele estar en la base de muchos sufrimientos emocionales y psíquicos. Cuando nuestro organismo requiere alimento, es el pan lo que cuenta, no la panadería, y cuando tenemos sed, lo importante es el agua, no la canilla. Como las personas somos totalidades en las que se integran los planos físico, psíquico, emocional y espiritual, la metáfora puede trasladarse a cada uno de esos planos. El amor es una necesidad básica para la vida. Así como la foto de un vaso de agua no calma nuestra sed, tampoco lo hará una simple declaración de amor o una ilusión amorosa. Es necesario que el amor no se quede en sustantivo y se convierta en verbo. Es decir, en actos de amor. Acciones que llegan a su receptor dándole lo que él necesita y no lo que el dador tiene ganas de dar. El amor, además de construirse de este modo, es necesariamente un ida y vuelta que genera un círculo virtuoso.
Muchos de nuestros sufrimientos “por amor” (sobre todo los que sobrevienen a las rupturas) se vinculan con el cierre de la panadería o el desperfecto fatal de la canilla. Y habitualmente no vemos que desde mucho antes padecíamos de hambre o de sed aunque la panadería y la canilla estuvieran allí. Nos habíamos quedado atados a la ilusión de lo que deseábamos, soñábamos que lo recibiríamos de aquellas fuentes, y no percibíamos que nuestra necesidad profunda y real estaba desatendida. Al tomar conciencia de esto se abren tres alternativas: 1) quedarnos el resto de la vida apegados a la esperanza de que la panadería reabra o la canilla se arregle; 2) enojarnos con la panadería o con la canilla y dedicar nuestra energía, atención y recursos a cultivar ese resentimiento; 3) validar nuestra necesidad de alimento o de agua, comprender que esa necesidad es legítima y dedicar nuestra sensibilidad, nuestra paciencia, nuestra inteligencia y nuestras capacidades emocionales a atenderla de una manera que nos conduzca a la construcción de una relación de amor y no a un apego que nos inmoviliza y que, lejos de alimentarnos, nos debilita y nos lastima. El agua no da sed, el pan no provoca hambre y al amor no hace sufrir. Generalmente no sufrimos por amor, sino por apego. Apego a panaderías sin pan y canillas sin agua.
El autor responde cada domingo en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres. (s.sinay@yahoo.com.ar)







