
De sapag a Bossi, el arte que volvió a hacer reír
La anécdota es conocida, pero viene a cuento. Fue el 28 de diciembre de 1984, Día de los Inocentes, cuando Mario Sapag, entonces en el pico de su popularidad, llegó hasta la residencia de Chapadmalal, donde descansaba el presidente Alfonsín, y caracterizado como el entonces canciller Dante Caputo se burló de su custodia. Era una de sus imitaciones más celebradas, no porque se mimetizara con él –simplemente se colocaba una peluca y uno de esos anteojos a los que vienen adosados una gran nariz y un bigote–, sino porque Sapag caricaturizaba con mucho humor los tics lingüísticos que el canciller había adoptado en su exilio francés. Logró eludir tres controles hasta que la broma fue detectada. Con los años se arrepintió de la humorada, que entonces causó gran revuelo y provocó que el presidente relevara a parte de su custodia.
Con sus imitaciones a las figuras del poder –aparte de Caputo, al propio Alfonsín, al patilludo gobernador riojano Carlos Menem, al sindicalista Saúl Ubaldini–, Sapag había introducido una innovación en el humor televisivo y con sus caricaturas benévolas, que volvían populares a sus personajes, fue uno de los reyes de la televisión de los 80. Pero en los 90, con la desaparición de los principales capocómicos, el humor en la pantalla cambió para siempre. Mientras Midachi triunfaba sólo en teatro, apenas el novedoso humor absurdo de Alfredo Casero y compañía rompían la monotonía de las cámaras ocultas y los bloopers que dominaban la tevé. Luego, Pergolini y su CQC introducirían el cinismo como una forma de humor, hoy tan típica de las redes sociales: los argentinos aprendimos a reírnos como una forma de catarsis.
Pero en el siglo XXI algo cambió. De la mano de Tinelli las imitaciones volvieron a la televisión. Más ácido que Sapag, Freddy Villarreal dejó en ridículo a De la Rúa y las imitaciones de políticos se volvieron urticantes, aunque también ayudaron a los menos conocidos, como Francisco De Narvaéz, a volverse populares.
Villarreal, Martín Bossi, Ariel Tarico, Fátima Flores y Claudio Rico, entre otros, volvieron a instalar el arte de imitar, que hoy es omnipresente en la pantalla. El fenómeno se extiende incluso más allá de la tele. Las radios, con Rolo Villar a la cabeza, se han llenado de imitadores y hasta en Twitter las cuentas fake se cuelan entre las más seguidas. Ahora Bossi, a quien entrevistamos para esta edición, llevó su oficio también a Facebook, donde lo sigue casi un millón de personas para no perderse sus geniales imitaciones de Messi, Maradona, Cristina o Macri.
Sapag no pudo repetir su éxito de los 80, pero hoy podría sentir que su forma de humor está bien reivindicada por una camada de jóvenes humoristas que crecieron riendo con él frente a la tele.







