
Delon, con el miedo a ser olvidado
Por Massimo Nava (Corriere Della Sera)
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Paris.– Los franceses, que tienen el récord mundial de consumo de antidepresivos, no se sorprendieron –más bien se consolaron– con la escandalosa entrevista que recientemente le realizó la revista Paris Match a Alain Delon, en la que el actor confesó que está dispuesto a suicidarse. Problemas sentimentales, de familia, de soledad y sobre todo... de vejez.
¿Quién no los tiene? Sin embargo, parecen más difíciles de soportar para alguien que siempre ha encarnado la belleza masculina y la gallardía viril en el imaginario colectivo. La suya es una confesión amarga, con palabras medidas, casi lírica, porque expresa una suerte de balance, el sentido de una vida cuando alguien se queda solo con el miedo a ser olvidado y nunca más amado.
El mito del cine se convierte así en una persona cualquiera, uno de nosotros que, cuando tiene malos pensamientos, telefonea al amigo psiquiatra o envía una carta al correo del corazón.
Alain Delon, próximo ahora a cumplir setenta años, parece estar pidiéndoles ayuda a su público, a los lectores, a generaciones de franceses que lo han admirado y a generaciones de mujeres que lo han amado, tanto como novio ideal como en la gran variedad de personajes que, sin embargo, tenían en común un rasgo preciso: una sombra de rebelión, de valentía, de duro con corazón tierno, ya sea cuando bailaba sobre el ring en Rocco y sus hermanos o en el inolvidable vals de Il Gattopardo.
Con todo respeto por su crisis existencial, la entrevista produce el efecto de una sesión de psicoanálisis en directo, en la que resulta previsible la curación del actor, en cuanto pueda sentir que los franceses aún lo tienen en su corazón.
"No dejaré a Dios que elija el día de mi muerte. Pienso con frecuencia en el suicidio e imagino la escena. Sólo se trata de pasar a los hechos. En el fondo es un juego de niños. Lo difícil no es hacerlo, sino reflexionar para pasar a la acción."
Palabras como piedras, lanzadas para conmover, desahogarse, volver a llamar una atención que se redujo por la inexorable maquinaria del tiempo. El joven Rocco de Visconti, el compañero de Romy Schneider en la pantalla y en la vida se siente ahora como alguien que vuelve de un largo viaje, como el "único sobreviviente en una casa donde sólo quedan los perros. Y el tiempo que pasa, el cansancio, los amigos que se han ido, la vejez que avanza, la familia pulverizada", enumera Delon.
La familia: el último matrimonio fracasó. La bella Rosalie Van Breemen lo dejó por un industrial. Se llevó con ella a los dos hijos, Anouchka, de 15 años, y Alin-Fabienne, de 11. Alain Delon dice ser un padre desesperado, que no acepta ver a sus hijos sólo en el fin de semana que dispone el divorcio legal, como tantos otros padres separados. "Me hace mucho mal verlos así", dice, y tiene el aspecto de alguien que sufre del corazón, resultado de una vida vivida a toda velocidad. "Tengo el mismo problema vascular que el premier francés", dice, aludiendo al presidente Jacques Chirac.
En el momento de su confesión pública, la depresión del actor era evidente: incluso había anulado una gira teatral.
Delon, a diferencia de tantos grandes viejos del espectáculo francés, que todavía frecuentan la escena como si le hubieran hecho un lifting a su arte además de a su cara, parece prisionero de su personaje.
No ha querido parecer patético en la declinación de su carrera. Sin embargo, es patético en la declinación de la vida. Se aferra a la única posibilidad de seguir adelante: "Querría una verdadera mujer, una compañera sabia y madura, que supiera qué es la vida".
Entre tantas admiradoras, jóvenes y viejas, seguramente alguna aceptará el desafío, y llamará a Paris Match.
El bello Alain la espera.
(traduccion: mirta rosenberg)





