Gin, whisky, vodka y bitter: En toda la argentina se producen destilados de calidad internacional y acá te los presentamos.
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Por Rodolfo Reich
<b>WHISKY</b>
La Alazana Patagonia Single Malt $ 1.650
Proyecto muy querido por los círculos etílicos nacionales, es un single malt argentino, elaborado en el paradisíaco Lago Puelo. Para ponerlo en claro: los blends nacionales (Premium, Old Smuggler, etcétera) utilizan whisky de grano argentino, pero whisky de malta escocés. El caso de La Alazana parte este statu quo al medio. Todo nace a base de cebada (que sí, por ahora es importada, si bien están trabajando junto a una maltería para lograr la calidad de cereal que requieren), unos alambiques, la cristalina agua patagónica y una pasión a prueba de desafíos de una pareja enamorada de su lugar en el mundo. El proyecto nació en 2011 y, por ahora, gran parte de la producción se encuentra en barricas, esperando su momento óptimo. Pero la destilería ya presentó dos "añadas" (en 2014 y 2015), maltas jóvenes, pero llamativamente complejas y redondas, tanto que lograron muy buenas críticas en degustaciones a ciegas internacionales. Una curiosidad que demuestra el potencial patagónico para elaborar productos de alta calidad.
<b>GIN</b>
Príncipe de los Apóstoles $ 350
Apóstoles es ya un clásico de las mejores barras porteñas. Detrás está Tato Giovannoni, bartender referente de la coctelería argentina, muy querido por toda la escena gastronómica. Y se trata de un gran producto, que además es único en el mundo. En medio de una moda mundial por la elaboración de gin, que al consabido enebro le agrega diversas hierbas, pieles y cortezas para obtener identidad regional, Tato pensó una mezcla de botánicos que representaran al país y a su Pinamar natal.
Al abrir una botella de Príncipe de los Apóstoles, lo primero que surge es el eucalipto, con toda su frescura. Y luego, al probarlo, se percibe en su complejidad el aporte que da la yerba mate. Más que para un Dry Martini, es ideal para un gin tonic tuneado a gusto de cada uno. Y gran primicia recién dada a conocer: en abril salió a la venta una edición especial y limitada (apenas 2.400 botellas) con un 2 % más de alcohol (en total, 42 %), lo que cambia su perfil de modo dramático. También están trabajando en una edición añejada en barrica junto al enólogo Matías Michelini.
<b>VODKA</b>
Estepvka $ 225
Para elaborar en medio de la nada un destilado único, con prioridad en la calidad y la personalidad, hay que estar un poco demente. Y Alberto Heimlich lo está. En el sur profundo de la Patagonia, en Calafate, Heimlich elabora tres vodkas distintos: uno más neutro, otro especiado y picantón, y el más original, aromatizado con hojas de paramella, un arbusto nativo del sur, fuertemente resinoso.
En un producto de sabor sutil como el vodka, la calidad del agua utilizada (que será más del 50 % del líquido total) es clave. "El agua del Parque Nacional Los Glaciares es nuestro ingrediente principal", explican. Pero a esto se suma un trabajo a conciencia al momento de redestilar el alcohol para encontrar la pureza buscada, sumando en esas destilaciones los sabores de la paramella y filtrando con mucho cuidado para evitar los restos de resina. Sin duda, este Estepvka se relaciona en ideología y estilo de vodka con el famoso Zubrowka polaco, que usa una hierba especial para tomar su sabor único. En el caso local, con un claro ADN argentino.
<b>BITTER</b>
Pastinante Bitters $ 280
Si hay un producto fetiche para los bartendes, ese es el bitter. El más conocido a nivel mundial es Angostura, también el tradicional Peychaud’s, pero en los últimos años nació una camada de nuevas marcas, cubriendo los sabores más diversos. En todos los casos, la lógica es la misma: un producto amargo, concentrado, del cual se usan gotas a modo de condimento, que cambian o acentúan la personalidad de un trago. Aprovechando la falta de importados que hubo –y todavía hay– en el país, hay varios emprendimientos nacionales en marcha. Entre ellos, el de Pablo Pastinante, que tras más de un año de estudios, lecturas, pruebas y errores, logró el equilibrio justo. Su porfolio incluye un bitter aromático (el más especiado y bien intenso), el de naranjas y uno con el perfume omnipresente de la lavanda. Siempre hechos de manera artesanal, con un 45 % de alcohol, envasados en frascos de 125 cm3 y distribuidos desde Rosario a las barras de todo el país. Otros bitters para probar: los que hace Leo Saracho en Calafate bajo el nombre Patagonia Bitters.
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