
Devon, padre de la niña genio Kashe West: “Si hay algo que no sabe, quiere saber qué es y cómo funciona y, en cuanto lo aprende, empieza a aplicarlo”
La menor, que sorprendió al mundo al ingresar a una reconocida institución para superdotados con apenas dos años, mantiene hoy una rutina donde la curiosidad intelectual sigue siendo el motor de su desarrollo constante
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La historia de Kashe Quest, la niña estadounidense que alcanzó una fama mundial por su precocidad cognitiva, comenzó a gestarse mucho antes de su evaluación formal. Con apenas 17 meses, sus padres notaron que su manera de interactuar con el entorno era inusual para su edad. Mientras la mayoría de los niños comenzaban a balbucear sus primeras frases, Kashe ya dominaba el alfabeto, distinguía colores complejos y reconocía figuras geométricas con una precisión sorprendente. Fue en ese proceso de observación cotidiana donde su padre, Devon Quest, logró definir el rasgo distintivo de su hija con una observación que se convertiría en la clave de su evolución: “Si hay algo que no sabe, quiere saber qué es y cómo funciona. En cuanto lo aprende, empieza a aplicarlo”.
Esta característica fue el detonante que llevó a la familia a buscar respuestas profesionales. Por recomendación de su pediatra, sus padres, Sukhjit Athwal y Devon Quest, comenzaron a registrar detalladamente cada avance de la pequeña. El objetivo era documentar si se trataba simplemente de una memoria destacada o de un procesamiento cognitivo superior. Los resultados fueron contundentes: en 2021, con solo dos años, Kashe fue evaluada formalmente y obtuvo 146 puntos de coeficiente intelectual. Esta cifra la posicionó dentro del 2% superior de la población global y le permitió ingresar a Mensa, convirtiéndose en la miembro más joven en la historia de la división estadounidense de la asociación internacional de superdotados.

El examen evaluó competencias críticas como la memoria receptiva, el razonamiento lógico y la capacidad de resolución de problemas complejos. Sin embargo, más allá de las estadísticas y los reconocimientos académicos, sus padres mantuvieron un enfoque centrado en el equilibrio emocional y social de la niña. Hoy, a los seis años, la pequeña continúa su proceso formativo en The Modern Schoolhouse, una institución fundada por su propia madre en 2020. La escuela se consolidó precisamente como una respuesta a la necesidad de Athwal por ofrecer una educación personalizada que pudiera seguir el ritmo voraz de aprendizaje de su hija, evitando las limitaciones de los modelos pedagógicos tradicionales que no siempre logran contener inquietudes intelectuales tan tempranas.

A pesar de ser un caso de estudio sobre altas capacidades, la vida de Kashe trasciende las aulas. La menor cultiva intereses diversos que complementan su formación académica. La lectura ocupa un lugar central en su rutina; sus padres destacaron que posee una vasta biblioteca personal, un espacio que ella utiliza para alimentar su incesante curiosidad. Asimismo, el deporte y las habilidades manuales juegan un rol fundamental en su equilibrio diario: practica tenis de manera competitiva en torneos infantiles y dedica parte de su tiempo libre a talleres de cocina y repostería, actividades que disfruta desde muy temprana edad. La estrategia familiar busca asegurar que, aunque su capacidad intelectual sea fuera de lo común, sus vivencias se mantengan enmarcadas en una infancia plena y saludable.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.



