
Día de los enamorados: el triángulo dramático para entender las relaciones actuales
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Stephen Karpman, psiquiatra y profesor de análisis transaccional, discípulo de Eric Berne, se basó en las enseñanzas del análisis transaccional para diseñar lo que se conoce como Triángulo dramático. Un sencillo pero potente modelo para entender la manera en cómo las personas nos relacionamos con los demás: el triángulo dramático es una forma de ejemplificar lo que sucede en los juegos psicológicos.
¿Cómo siempre termino en lo mismo?
Un juego psicológico es una forma inconsciente de relación con los otros en la que siempre se va hacia un fin definido, es decir, hay un propósito encubierto, que generalmente es inconsciente. Para jugarlo hay dos personas que se aprovechan de sus mutuas debilidades. Se sabe que se está en un juego psicológico cuando surge la pregunta ¿Cómo siempre termino en lo mismo? ¿Cómo caigo siempre en la misma situación? ¿Cómo no me di cuenta antes?
Hay en estos juegos psicológicos tres roles en interacción: la víctima, el perseguidor y el salvador, la conjunción de estos tres forman este triángulo:
- La Víctima suele tener una actitud pasiva, buscando la ayuda o la aprobación del otro.
- El perseguidor suele ser quien juzga al otro, quien se pone en un papel de crítico de lo que la otra persona hace.
- El Salvador, siempre está en busca de ayudar a los demás, necesita ser necesitado, vive para complacer al otro.
La dinámica del juego es que alguien se presenta desde un rol y cuando la otra persona se ubica en un rol complementario, el primero cambia de rol, haciendo que el segundo se sienta fuera de lugar e inevitablemente cambie también su rol. Por ejemplo, alguien se presenta pidiendo una y otra vez el consejo (rol de víctima) a una segunda persona (a quien ubica como su salvador), cuando este lo aconseja el primero desestima ese consejo diciendo que no sirve, y termina acusándolo de decir cosas que no tienen valor (Rol de perseguidor). Quien dio los consejos se siente fuera de lugar (quedando en un rol de víctima). El cebo, la debilidad y el cambio de rol, son los tres aspectos que hacen que un juego psicológico esté en marcha.
Las parejas y sus juegos
Es muy común que en las parejas inconscientemente se realicen juegos psicológicos como una forma de no llegar a la intimidad, es decir que los juegos impiden que la pareja se comunique abiertamente y sin máscaras. De manera inconsciente estos juegos traen beneficios que no son reales, como el de sostener una posición existencial frente a la vida, es decir ayudan a sostener falsos mensajes internos como “nadie me quiere”, “soy mejor que todos”, “sin mi ayuda no pueden” etc. Como este tipo de juegos son inconscientes, quienes están participando no se dan cuenta de que lo hacen, por lo que no pueden ver que están en uno de los tres roles, entienden que lo que pasa es completamente lógico, y que es el otro quien no responde a sus demandas. La víctima se siente atacada, el salvador solo quiere ayudar, sus intenciones son las que cuentan, el perseguidor se siente molesto por los errores de los demás, o porque no hacen “lo correcto”. En esta dinámica van encerrándose cada vez más en estos juegos donde nadie gana.
Para salir de este juego es necesario en primer lugar tomar conciencia de que se está jugando. Se puede reconocer un juego psicológico cuando se viven esas situaciones en las que se cae una y otra vez. Si hay situaciones en las que una persona siempre termina sintiéndose mal, pero vuelve a caer, es es porque siempre ante el mismo estímulo se reacciona de la misma manera.
¿Cómo cambiar la situación?
Para poder salir es necesario ser muy creativos y encontrar opciones sanar para reemplazar esos roles poco convenientes. Es necesario que la víctima active su parte racional y adulta, dejando la dependencia, que el perseguidor apele a su parte más nutritiva o al disfrute que necesita experimentar. El Salvador necesita priorizarse y dejar de buscar que lo amen por su complacencia. Siempre es fácil salir de los juegos cuando se aprende a tener una comunicación franca y abierta, expresando asertivamente lo que se desea y lo que no, evitando segundas intenciones en el diálogo.
Lic. Flavio Calvo (MN: 66869)






