
Dibujos animados Made in Japan
Frente a la pantalla, el furor de los chicos tiene un nombre: anime. Los dibujos nipones acaparan las ventas y están a la cabeza de un fenómeno que se muestra a medias: las tiras -que incluyen escenas violentas y de contenido sexual- se emiten con cortes
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Los ojos son bellotas inmensas. Esferas húmedas que estallan de odio o navegan de amor. La boca es una agujilla capaz de abrirse en charcos de oscuridad profunda. El filo de la cara se quiebra en arruguitas de tanto en tanto. El cabello vigoroso y brillante podría promocionar un champú. Los anime (dibujos animados japoneses) son todo un desafío genético: nacidos en un país de gestos casi mudos, ellos condensan dramatismo en cada centímetro del cuerpo.
Y tal vez sea eso. Esa fórmula pagana que mezcla pasión con buenos puños, algo de sexo y sangre en chorritos. Lo cierto es que, igual que en su país de origen, estos dibujos son la sensación para los niños argentinos. Aquí se venden unos 150.000 ejemplares mensuales dedicados al manga (historietas japonesas) y los videos de Dragon Ball han llegado a comercializar 50 mil unidades, sin contar la infinita gama de merchandising que tapiza quioscos y comiquerías.
En pantalla, el principal canal que los difunde es Magic Kids; pero también están Azul TV (emite Dragon Ball y Sailor Moon), Cablín y Locomotion (un canal que se ve por Direct TV y proyecta Ranma 1/2).
Hay que ver para entender. El anime no es Disney, pero puede romper taquillas. El anime no es grandes paisajes ni estética de lujo. El anime, dicen sus mismos creadores, poco tiene que ver con el arte. "Nadie esperaba el auge que tuvo en Occidente -dice Eduardo Orenstein, dueño de la librería Rayo Rojo, teórico del manga y director del documental Manga, el Japón dibujado-. Lo que prevalece acá es un dibujo claro, que permite descubrir al personaje. Por eso, los ojos grandes son fundamentales: muestran muy fácilmente la expresión. De todos modos, a la Argentina no llega lo mejor."
Chicos que al mojarse se transforman en chicas, chistes verdes, personajes homosexuales, algunos desnudos poco explícitos y mujeres con más curvas que un camino de montaña. Los dibujos son hijos puros de su matriz nipona: en Japón no hay cristianismo ni concepto de pecado original. La rectitud moral -conocida internacionalmente por su rigurosidad- tiene otros parámetros, y el sexo en todas sus formas se vive con menos culpa. "Los cartoons (dibujos animados estadounidenses) son previsibles, básicamente por el código moral que tienen -distingue Orenstein-. Ahí no puede haber muertos, no hay nada que tenga que ver con sexo y erotismo. Con el anime no: todo sorprende. Puede ocurrir que alguien muera, sangre, le arranquen la cabeza, o que Ranma muestre los pechos cuando se convierte en chica, cosa que ocurre varias veces por capítulo."
Cuenta la leyenda que Ranma -un adolescente practicante de artes marciales- fue a una región llamada Jusenkyo, donde había fosas encantadas. Según una maldición, todo aquel que cayera en esas aguas se transformaría en la última persona o animal ahogado allí. Y sí, amigos. Ranma se cayó. Y tomó la forma de una niña ahogada 150 años atrás. Desde entonces, cada vez que se moja en agua fría se convierte en jovencita curvilínea-pelirroja-rojo-shocking. Para volver a su estado natural, sólo debe mojarse con agua caliente.
La historia -que permitió a su autora, Rumiko Takahashi, ser una de las seis personas más ricas de Japón- es considerada un clásico en Europa y parte de América latina. En la Argentina, la serie llegó en marzo último y desde entonces es una de las más exitosas.
Pero se emite con cortes. Magic Kids, el canal que pasa la mayoría de los anime, se encarga de anular toda escena que considere inapropiada, y para evitar los cortes los televidentes deben recurrir a la versión completa de las revistas.
"Muchos padres depositan en nosotros la responsabilidad de lo que sus hijos miran por televisión -explica Jorge Contreras, director de programacion de Magic Kids-. No sólo cortamos dibujos japoneses. Hace dos meses corté un segmento de la Warner donde el primo de Speedy González, Tranquilino González, estaba cantando una versión de La cucaracha que decía: La cucaracha, la cucaracha/ ya no puede caminar/ porque le falta, porque no tiene/ marihuana para fumar. Y en Dragon Ball, muchas veces hubo que cortar escenas no necesariamente de sexo. Me acuerdo de la muerte de Krilin, uno de los más queridos. Es atravesado por una lanza y muere, pero en el medio grita ¡oh, oh!, mientras su ejecutor le quita la lanza, la agita y se la vuelve a atravesar. Quedó sólo la primera parte, pero el resto fue quitado, por hacer algo redundante sobre la muerte misma. Hay muchos seguidores que nos piden que pasemos las series sin cortes, en un horario nocturno, y los entiendo. Pero ellos también deben entender: el nuestro es un canal para chicos, y muchos tienen permiso para ver tele hasta la medianoche. Nosotros no podemos traicionar la tranquilidad de los padres."
Córdoba. Tarde de un día cualquiera. Un padre entra en el cuarto de su hijo y descubre una revista que lo llena de espanto. ¿Erotismo de alto calibre? ¿Fotonovelas pornográficas? No: Dragon Ball, en una escena que fue calificada por la justicia provincial como obscena y con imágenes de pornografía infantil: la jovencita Bulma (mejor amiga de Goku, nuestro héroe) es intimada por Roshi (un viejo maestro de karate y amante de las revistas eróticas) a mostrar su ropa interior. A cambio, Roshi le dará una de las codiciadas esferas del dragón. Bulma accede y se levanta la ropa, pero... ¡Oh! ¡Sorpresa! Está desnuda. El perverso de Roshi le había sacado las ropas menores mientras ella dormía. Los quioscos cordobeses ya no reparten Dragon Ball. Los japoneses, en cambio, nunca repartieron más ejemplares de anime en su historia. Allí, las revistas de manga (unas 225) venden un mínimo de un millón de ejemplares semanales, a un precio que promedia los tres dólares y medio. Cuando nació Dragon Ball, la venta semanal trepó a seis millones.
"Es, sin duda, un fenómeno universal. Es mágico lo que pasa, ¿entendés? -se apasiona Orenstein-. Podés decir que es muy violento, capitalista, individualista... decir lo que se te antoje, pero los chicos se enganchan con eso. Llega un momento en que Dragon Ball es no criticable, es como Gardel."
Gardel, ahora, se llama Akira Toriyama y es uno de los hombres más ricos de Japón. Este historietista, creador de la criatura en 1984, vive en una estancia con más vigilancia que la Casa Blanca. Por decisión editorial no sale del país -y prácticamente tampoco de su casa-, no da entrevistas, no está en contacto con la gente, e incluso se le hizo construir un camino especial para llegar a la ciudad desde su morada.
Allí adentro nació una historia que a primera vista no parece excepcional: infinitos personajes buscan las siete bolas del dragón, capaces de cumplir los deseos de quien las encuentre. Entre ellos está Goku, un héroe con la misma popularidad de Panigassi, que llegó de otro planeta para destruir la tierra, pero sufrió un choque que le hizo perder la memoria. Desde ese golpe, Goku es un nene de doce años con cola de mono y fuerza hercúlea, devenido un guerrero de Primera A. En el medio, y como en todos los culebrones, los personajes -incluido Goku- crecen, mueren, se enamoran, se casan, se separan, reviven y vuelven a morir. Mientras tanto, aprovechan toda oportunidad posible para pegarse.
"Dragon Ball es de una sencillez muy extrema: es el mecanismo de la pelea -reflexiona Pablo de Santis, autor del libro La historieta en la edad de la razón-. Es tan sencillo que a los chicos les atrae. En el cartoon lo fuerte era otra cosa: con Tom y Jerry había violencia, pero el fin era humorístico. Con los japoneses, la finalidad de la violencia es la identificación del chico con esos personajes con superpoderes."
-Muchos dirían, entonces, que los anime alimentan la violencia infantil.
-No hay que equivocarse. La violencia es de origen social. Si el chico no diferencia un plano real de uno simbólico es porque tiene un problema de simbolización, pero no de violencia inducida.
Leandro Oberto tiene ojos de agua. Leandro tiene veintipico y es director de la re- vista Lazer (especializada en manga y anime) y dueño de la editorial Ivrea, que está editando el comic de Ranma 1/2. Hasta hace un tiempo, conducía por Magic el programa El show del anime. Pero un día decidió denunciar los cortes en su revista. No, no intenten ahora buscarlo en pantalla.
Leandro es un fanático, pero de los inteligentes, y cuando se molesta los ojos de agua le brillan como en los dibujitos. "Es una estupidez -se indigna-. Magic tiene una estructura de que debe ser apto para todo público las 24 horas, pero compra productos que llegan a América latina apuntando a un público mayor. Creo y me han dicho que una de las razones por las que se vieron obligados a apostar más al anime es que Saban Entertainment, una de las mayores productoras de cartoons, hace poco se asoció con la Fox. Desde entonces, hay un contrato de exclusividad que dejó afuera a muchos canales de América latina, entre ellos Magic. El resultado es que tuvieron que apostar a otro mercado y fuerzan las series para que sean para chicos, y muchas veces hay tantos cortes que no se entiende lo que pasa. La trama no la censuran tanto, pero si aparece un pecho lo quitan."
De censurar la trama se encargan en México, el lugar donde se realizan los doblajes: reemplazan toda frase provocativa o con referencia al sexo (en una piscina, el comentario "qué lindos pechos" se transforma en "qué linda está el agua"), y doblan a los hombres afeminados como si fueran chicas.
Dicen que Sailor Moon -un boom comercial entre las nenas argentinas- es una de las series que dan más trabajo. La historia consiste en unas guerreras galácticas comandadas por Sailor Moon, que invierten su tiempo libre en salvar el universo de sus problemas. Como Superman, ellas también parecen gente común: van a la escuela, se esclavizan con dietas y modas y flirtean con chicos. Pero en la primera saga (son cinco), los principales villanos son dos guerreros: Malachay, un galán con tersos cabellos al viento, y Zoycite, un muchachito que hace todo lo posible por conquistarlo. Pasado por el tamiz mexicano, Zoycite es presentado con una dulce voz femenina y pasó a ser la amiga algo brusca de Malachay. Hay dos guerreras, Haruka y Michiru, que también se aman.
"Muchas veces se le echa en cara al manga que es violento o pornográfico -se molesta Orenstein-, pero lo principal es que violentos son lo que eligieron los editores occidentales, que nada saben de la cultura oriental y descartaron historias de mayor profundidad".
Los japoneses no piensan sólo en eso. Tienen también historietas especializadas en poesía, deportes, policiales, golf, negocios y hasta geopolítica internacional. Silence Service, por ejemplo, es un submarino nuclear que se declara nación independiente y amenaza con desatar una guerra nuclear si todas las naciones del mundo no se ponen de acuerdo para lograr la paz. La historia no es un juego de barquitos: está basada en libros de geopolítica y hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón ha utilizado el manga como tesis de conflicto. Aquí, mientras tanto, tenemos a Goku, Ranma y las Sailor Scouts. Ideales para asesorar a la Cancillería en materia de relaciones carnales.
La nueva ola americana
Hasta Los Simpsons, los cartoons norteamericanos eran, visto con ojos de fin de milenio, bastante ingenuos. Después de ellos florecieron nuevas criaturas -como Ren & Stimpy, Beavis and Butthead, Pinky and the Brain, Duckman y The Critic- que aprovecharon el boom para seguir burlándose del cartoon tradicional. A modo de ejemplo, dos dibujos que demuestran que Estados Unidos no sólo vende ingenuidad: South Park (sabados, a las 23, por Azul, y próximamente en un largometraje): En un principio, Magic Kids quiso comprar la versión. Pero desistió cuando vio algunos capítulos: en la serie aparecen elefantes apareándose con chanchitos, veteranos de Vietnam mutilados, seguidores de Hitler y Jesucristo en un cuadrilátero a las trompadas con Satajos que demuestran que Estados Unidos no sólo vende ingenuidad. Futurama es la última creación de Matt Groening, el de Los Simpsons. Futurama transcurre en el año 2999. Allí se ve la historia de Fry, un repartidor de pizzas que accidentalmente es congelado en un laboratorio de criogenia en 1999 y despierta mil años después. El contexto es ciertamente desolador: en Futurama hay cabinas para suicidarse y publicidad en las almohadas para inducir al público a comprar mientras duerme.






