
Dibujos animados
Si hay algo que me divierte, es volver a ver los dibujos animados de Tom y Jerry. Los recuerdo con regocijo desde la década del 40, cuando mi viejo me llevaba al cine Real, al Novedades o al Rotary (todos desaparecidos), donde en continuado uno podía reír a carcajadas con una selección de los mejores cortos que iban del Pájaro Carpintero a Tom y Jerry, pasando por las mudas de Chaplin, Laurel y Hardy, y documentales de viajes exóticos en rabioso Technicolor. También se pasaban noticieros de varios países. De la Argentina, donde todo iba bien con Perón y después con la Revolución Libertadora, con casi el mismo relato en off cambiando los nombres, claro, y poniendo lo bueno en el lugar de lo malo y viceversa; de España, donde el “No-Do” cantaba loas a Franco, a las Vírgenes, a las Semanas Santas de Sevilla. También aparecía en algunos de esos cines el gallo francés del noticiero “Pathé”, donde De Gaulle paseaba su porte patriarcal por unos Campos Elíseos que muy poco tiempo atrás habían visto pasar a los nazis y sus tropas invasoras; había lugar para USA con el “Movietone Fox” y su ojo inquisidor, que mostraba a las siempre triunfantes fuerzas armadas norteamericanas. Esos intermedios de actualidad en blanco y negro rompían el encanto de las andanzas de Tom, Jerry, el Pájaro Loco, Donald y sus sobrinos, Mickey y su novia Minnie, el inefable perro Pluto y el disparatado Míster Magoo, sin olvidar a la inolvidable Betty Boop y las “sinfonías tontas”, donde todo tipo de bichos tocaba jazz con los más increíbles instrumentos.
Hoy, todo ha sido reemplazado por la televisión y los cables especializados donde, por suerte, siguen asomando muchos de aquellos viejos dibujitos. Esos cables tienen una ventaja y es que nada interrumpe el encanto de la magia y la diversión, salvo algún corte comercial. Pero el control remoto nos da la posibilidad de cambiar el canal y allí irrumpen ya no en decente blanco y negro, sino en crudo color realidad las atrocidades del mundo: catástrofes y guerras que se ven menos lejanas que aquellas calamidades. Hoy, en el ciclo de “sinfonías tontas” locales, todo tipo de “bichos” sigue tocando la misma canción con instrumentos insólitos. Unos manejan con maestría el “serrucho del ajuste urgente”, otros el gran guitarrón de la promesa seductora, algunos insisten con el viejo clavicordio de sistemas ya aplicados con resultados horrorosos. Bulldogs, pingüinos, gorilas y evocaciones de viejas tortugas, bisontes y perros piqueteros; simios tristemente célebres y “halcones y palomas” de nefasta memoria pueblan la jungla animada de nuestro “continuado para niños de 3 a 80 años”. Lo previsible de estas caricaturas: en lugar de hacernos reír por anticipado, nos hacen llorar por las dudas.
La vanidad, el egocentrismo, la fanfarrona actitud del ganador, la rencorosa postura del que pierde, la necedad prepotente de las mayorías y la pasiva entrega sin lucha de las minorías me hacen acordar mucho más a los inoportunos cortes en blanco y negro donde aparecían extraños argentinos o extranjeros declarando guerras o inaugurando obras, que a esos dechados de diversión, sátira, creatividad y alegría que comandaban gatos, ratones, perros y caballos tocados por la varita del humor.
revista@lanacion.com.ar
El autor es actor y escritor






