Un cambio de solado: para separar una cocina integrada al resto del espacio ésta es una opción ideal; sobre todo en lugares donde hay pisos flotantes o que se puedan dañar. En cuanto a los materiales, existe un gran abanico que va desde los cerámicos, pasando por las venecitas, hasta el cemento alisado o el microcemento.
La alfombra como límite: puede ser la encargada de sectorizar lugares como el hall de entrada, enmarcar el living o un área de trabajo.
Una biblioteca como pared virtual: en cualquiera de sus versiones, preferentemente en un modelo sin fondo, ya sea bajo o alto. En lugares muy chicos es preferible usar muebles bajos para que no cierren tanto el espacio.
El biombo como herramienta para bloquear la vista: resulta práctico, sobre todo para mantener oculto algún sector que quede más desordenado, como el cuarto o la cocina.
Aprovechar la espalda del sillón para delimitar: una opción es armar un sector de trabajo con una mesa, teniendo en cuenta que su largo sea igual o menor que el del sillón.
Las cortinas como límite dinámico: son ideales para separar un sector de dormitorio, de trabajo o un vestidor del resto del espacio. Las cortinas romanas y roller dan la posibilidad de integrar sectores cuando sea necesario.
Los paneles vidriados para no restar luz: un aliado por excelencia en lugares donde la luz natural es escasa. Pueden ser bastidores con vidrios esmerilados o texturados, o incluso de policarbonato para mantener la intimidad.
Bordes verdes: las plantas, además de ampliar visualmente los interiores, son buenas contenedoras de espacios.
La puerta como límite concreto y virtual a la vez: puede ser plegadiza o correr con rodamientos sobre un riel. Le dará al espacio un límite más concreto.