Dilema Play. ¿Mantener las restricciones o habilitar mayor tiempo de juego?

Durante el aislamiento, varios niños tienen acceso irrestricto a las consolas
Durante el aislamiento, varios niños tienen acceso irrestricto a las consolas Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
Laura Reina
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15 de mayo de 2020  • 11:10

Por años, Marianela se había resistido, con bastante éxito, al pedido de su hijo Juan: una Play. Cada vez que llegaba su cumpleaños, -el 5 de mayo- o una fecha especial como Navidad, el pedido era el mismo. La respuesta, también. "No quiero que te conviertas en un zombi que juega todo el día a la Play", le decía. Pero hace unos días ese regalo tan pedido y esperado finalmente llegó. "Este año decidí comprársela. Lo estiré todo lo que pude, pero Juan cumplió 11 años y con esto de la pandemia y el aislamiento social sentí que se estaba quedando afuera de un montón de cosas. Su grupo de amigos organiza cumpleaños y partidas de las que él no participaba. Hoy la Play es el contacto con sus amigos, a los que no va a ver por meses", justifica Marianela, que no se arrepiente de su decisión: "Organicé un Zoomple sorpresa y abrió el regalo delante de sus amigos. Estaba muy emocionado", asegura.

Facundo, en cambio, tiene Play desde los 7 años. Pero siempre con un férreo control parental, de un máximo de dos horas de juego por día. Hoy, con 12 años y en pleno aislamiento social, su mamá, Marcela, reconoce que aflojaron las restricciones horarias y el tiempo de juego se duplicó. "Con el padre decidimos que jugara más tiempo primero porque ya esté más grande y es su forma de divertirse con sus amigos, a los que no puede ver. Y, segundo, porque estamos trabajando desde casa y es la única forma de que podamos trabajar más tranquilos", dice aunque asegura que cuando todo esto de la pandemia termine, aspira a volver a la normalidad. "Le aclaramos que estos cambios eran por la cuarentena. Cuando todo se normalice, volveremos a lo de antes", sostiene Marcela, que es abogada.

El aislamiento replanteó muchas de las normas de convivencia y el uso de los videojuegos es una de ellas. El dilema Play se instaló en muchas familias, que después de dudar sobre su conveniencia, habilitaron dispositivos más allá del tiempo fijado o directamente se encontraron accediendo a comprar consolas que en tiempos sin pandemia no hubieran adquirido. En Estados Unidos, Nintendo vendió el doble de unidades de Switch en relación al mismo mes de 2019 (de hecho se agotó). Y las ventas de PS4 y Xbox tuvieron un crecimiento interanual del 25 por ciento, según datos de la consultora NPD Group. También el gasto en videojuegos alcanzó un récord histórico en marzo: se gastaron 10.000 millones de dólares en nuevos juegos. Los más populares son el Fortnite y Call of Duty Warfare, que son multiplataforma, es decir se juegan tanto en PC como en PS4 o Xbox.

Sin embargo, varios especialistas manifiestan cierta preocupación detrás de esta flexibilización. "En general, noto que los padres están mucho más flexibles respecto al uso de pantallas y consolas. Quizá, en estas circunstancias, no está mal conceder cierto aumento en el uso. En lo que no estoy de acuerdo es que no haya ningún tipo de límite. Que los chicos se acostumbren al libre acceso es un problema. Entiendo que se hagan concesiones, pero no avalo las maratones", plantea Laura Jurkowski, psicóloga y directora de Reconectarse, centro de adicciones a Internet, videojuegos y uso de la tecnología.

La especialista, que durante la cuarentena dio varias charlas virtuales acerca de cómo lograr el equilibrio digital en tiempos de aislamiento, sostiene que las justificaciones detrás de este aumento pueden ser válidas, pero lo más preocupante, además, es que muchos se desentienden de que lo que hacen los chicos en la Play. ¿A qué juegan? ¿Con quién? No es lo mismo jugar al FIFA que a Fortnite o cualquiera que tenga violencia. Y hay que tener en cuenta que la Play la usan para entrar en contacto con sus amigos, pero también con otros que no lo son. Así como juegan con sus amigos, pueden hacerlo con desconocidos. Los adultos tenemos el falso pensamiento de creer que porque los chicos están con nosotros en casa están seguros y no es así. Les estás abriendo la calle de la virtualidad y están expuestos a varios peligros", advierte Jurkowski.

Por su parte, Nicolás Honeker, secretario general de la Asociación de Deportes Electrónicos y Videojuegos de la Argentina (Deva) insiste en marcar los aspectos positivos de las consolas y en apelar a la responsabilidad parental. "Los videojuegos propician el trabajo en equipo, la resolución de problemas, el aumento de los reflejos y la generación de estrategias. No solo en cuarentena han significado una herramienta para que los chicos ocupen más tiempo en una actividad y menos tiempo demandando la atención de sus padres -destaca-. En muchos casos la tecnología es el recurso fácil para no tener la presión de darles la atención que demandan. Es algo que habla de padres poco presentes, que recurren a la opción fácil del entretenimiento para posponer la atención de un adulto. Siempre decimos que deben ser una actividad complementaria a una actividad física. Es deber de los padres y las madres generar ese equilibrio", plantea.

Una forma de equilibrar, según Jurkowski es la de alternar pantallas con tareas analógicas. "Hay que lograr que no sea todo el tiempo jugar a la Play o los juegos on line. Como padres, inducirlos a que hagan tareas en casa, que colaboren. Debemos lograr una buena relación con las pantallas. Si se establecen 3 horas de juego por día, que no sean seguidas. Y recordar que no todos los juegos son iguales: hay algunos más creativos y educativos que otros, que aportan algo más que un simple entretenimiento. Si usamos las pantallas como algo enriquecedor, podemos sacar algo bueno."

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