
Diseña tu propio zoo
Su tarjeta de presentación es explícita. Dice Erik van Vliet, diseñador de zoológicos. Este entusiasta holandés anda por el mundo construyendo hábitats para animales locales y exóticos
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Todos lo hacen: los grandes, los chicos, los tucumanos, los chinos, los egipcios. Todos van al zoológico y se fascinan observando a las llamas, los leones, los cocodrilos, mirándose en los ojos de un chimpancé o compadeciéndose del oso polar en pleno verano. Pero, ¿de dónde salen los zoológicos? ¿En qué cabeza caben las jaulas de las jirafas, los siseos de las serpientes, los estanques con flamencos?
La tarjeta de presentación es explícita. Dice Erik van Vliet, diseñador de zoológicos. Y eso es este entusiasta holandés que anda por el mundo planeando y construyendo hábitats para animales locales y exóticos. Y todo comenzó en su infancia, cuando lo dejaban ayudar a los cuidadores en su pueblo y quedó adicto para siempre. "Todos tenemos esa fascinación por los animales salvajes –dice–, creo que está en nuestros genes." Claro, la profesión de diseñador de zoológicos no existía en la Universidad, así que Erik optó por una combinación entre biología y paisajismo, condimentados por algo de educación y de teatro. Me cuenta también un poco de la historia de este mundo tan particular, desde los zoos del siglo XIX, con objetivos científicos y coleccionistas y que servía como lugar de reunión de las clases ilustradas hasta que, a comienzos del siglo 20, los sueños románticos cambiaron rejas por fosos, para dar la impresión de situaciones más naturales. Recién hacia la década de 1970 se comenzaron a tomar en cuenta las necesidades de los héroes principales de la obra, los animales. Sólo quedan once de los zoológicos clásicos, con edificios ornamentales que, según Erik, tienen mucho que contar sobre la relación entre humanos y otros animales. Nueve están en Europa, uno en los EE.UU. y otro… en Buenos Aires, que muestra los rastros de un esplendor pasado con templos mayas y egipcios. "¿Y hay quien lo quiere cerrar? –se agarra la cabeza nuestro diseñador–, con su colección y un enfoque educativo moderno, el zoológico de Buenos Aires podría ser el Louvre de los zoos del mundo."
También cambió la forma de mostrar. Mientras que los zoológicos clásicos seguían un criterio taxonómico, con sus galerías de reptiles por aquí, aves de presa por allá y felinos más lejos, luego la división fue continental, con pabellones de África, América del Sur o Asia, pero resultaron ser biblias y calefones que juntaban iguanas con lobos marinos. Hoy se suelen mostrar los diferentes hábitats para lograr una experiencia más intensa y contra historias de biodiversidad y evolución. El buen diseñador de zoológicos siempre tiene una historia para contar (y no es casual que Erik sea también novelista) y a veces debe recrear el ambiente original para que el visitante pueda sentirse parte de esa historia.
Cuando le pregunto a Erik por sus zoológicos favoritos en el mundo (él, que ha diseñado espacios de Surinam a China, de Bulgaria a Marruecos) me sorprende: el Animal Kingdom de Disneyworld, que logró el desafío de recrear hábitats naturales sin ninguna pista de confinamiento para los animales. Es que a veces las rejas son inútiles: Erik recuerda el momento en que un chimpancé de un zoológico belga fabricó guantes y zapatos con panes y cruzó alegremente las rejas electrificadas de su jaula…
Claro que nuestro guía podría describir zoo tras zoo durante horas. Es que, insiste Erik, en el siglo XXI necesitamos zoológicos más que nunca: en una época de pantallas y simulaciones la gente anhela un poco de realidad. ¿Y por casa cómo andamos? Sin duda hay que establecer nuevos grupos familiares en los zoológicos sudamericanos (por ejemplo, frente a los 400 gorilas en Europa, hay solo uno por aquí, en Belo Horizonte) y, aunque uno puede concentrarse más en la fascinante fauna nativa, las especies exóticas siempre impresionan al visitante y ayudan a apreciar más la naturaleza. Antes de seguir su camino inventando zoos e historias, Erik nos recuerda que los argentinos vivimos en un lugar privilegiado, donde aún existe algo de naturaleza de verdad. "En mi país –dice un poco triste–, la naturaleza es una serie de fragmentos de ilusiones conectados por cruces sobre autopistas; Holanda entera tiene algo de zoológico."
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