
La reconocida maquilladora Mabby Autino y Eleonora Dubini —creadora de la marca de fragancias y productos cosméticos Brood—, abren sus mundos privados para compartir secretos de belleza personal y para la casa
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Mabby, o el arte de hacer magia
MABBY | Consagrada y luminosa, Mabby Autino es una de las maquilladoras más requeridas de nuestro país. Desde Claudia Schiffer y Kate Moss, hasta Laetitia Casta y Naomi Campbell, muchas son las personalidades que fueron tocadas por sus manos prodigiosas.
El estudio de Mabby Autino es de un blanco radiente y tiene molduras antiguas. "Me gusta la idea de trabajar en un edificio que es patrimonio arquitectónico", nos cuenta. Este piso en pleno Centro es una extensión de su casa, de su alma. Es temprano, pero Mabby está maquillada a la perfección, su piel está impecable. "Cómo lo logrará", pienso. Asegura que aprendió mirando a su madre, que se hacía masajes faciales cada mañana. Y ella continúa con la costumbre. "Es un rato que me regalo y es vital para que mi piel se active", y casi como una confesión entre amigas asegura: "Resulta más importante que cualquier crema". Es más, para su cara ella prefiere las lociones antes que las cremas, porque el exceso de aceites no es tan conveniente para la piel. Está vestida íntegramente de negro, un color que abunda en su guardarropa.
¿Por qué preferís el negro?
Como maquillo frente a un espejo, mi ropa siempre rodea la cara de mis clientas y no me gusta que ningún color interrumpa la armonía. Entonces, el negro es ideal.
Y debe ser más fácil a la hora de vestirte…
¡Sí! Porque además entro y salgo todo el día, y me tengo que cambiar para distintos eventos, que pueden incluir un programas de tele para maquillar a una actriz o estar detrás de bambalinas en un desfile.
¿Qué coleccionás?
Uhhh… ¡De todo! Desde labiales de mis primeros trabajos hasta polvos de los años 20, que son un tesoro. Me cuesta mucho tirarlos. Todavía tengo la esponja que usé con Claudia Schiffer. Sueño con tener un museo donde estén todos mis objetos queridos. Te voy a mostrar algo… (Mirando a una de sus asistentes). "¿Me podrías traer a David?".
¿Quién es David?
Es mi baúl. Antes iba a todos lados con él.
¿Por qué se llama así?
Porque con él hago magia, como David Copperfield. (El baúl es negro, inmenso, con muchos cajones. En cada uno, cientos de productos atesorados: labiales , polvos, sombras, máscara para pestañas).
¿En tu cartera, llevás muchos productos?
No, para nada. Me maquillo a la mañana en casa y después sólo llevo un labial, nada más.
¿Qué te ponés cuándo estás apurada? ¿Cuáles son los infaltables?
Mmm… Arqueador y máscara de pestañas, delineador, base. Tengo un producto que se llama Love Thint que uso para labios y mejillas: dura todo el día.
¿Cómo es un lugar ideal para maquillarse?
Lo más importante es que tenga luz que venga de frente o de un lado. Nunca desde arriba y, en lo posible, que la luz artificial sea cálida, no luz fría.
El origen de las sensaciones
ELEONORA | Eleonora Dubini es la creadora de Brood, una marca que provoca felizmente nuestros sentidos a través de esencias, cremas, velas y jabones realizados con cuidado artesanal, conciencia ecológica y espíritu artístico.
"No podría definir el momento cuando dije ‘ahora’: siento que toda mi vida fue un recorrido para llegar hasta acá". En las palabras de Eleonora (Duba) Dubini siempre hay poesía. Licenciada en Literatura Inglesa, en 2013 abrió su pequeñísima tienda Brood, dedicada a la creación de esencias, cremas y velas artesanales. "Quería hacer algo relacionado con el bienestar, con la búsqueda de momentos de armonía. Mi foco no es tanto la belleza en sí misma, sino algo más conectado con la sensibilidad de las personas".
Nos recibe en su casa de Palermo donde vive con su marido y compañero de ruta en este proyecto. "Me parece que una vela o un perfume acompañan momentos de serenidad y de recuerdos". En cada esencia está Duba, con el cuidado del origen y la integridad de sus productos (por ejemplo, sus velas no tienen parafina); con la presencia del arte (las ilustraciones de sus envases fueron hechas por un caricaturista amigo y ahora están lanzando una edición limitada realizada por artistas argentinos); con la delicadeza de las palabras pensada para cada frasco o fanal.
¿Cuáles son tus rituales diarios?
Me gusta que en mi casa cada ambiente huela distinto, que recorrerla sea como recorrer un jardín. Para el cuarto, elijo fragancias relajantes como lavanda, eucalipto o sándalo. Pero siempre evito las velas aromáticas cuando estamos comiendo o en la cocina.
¿Tenés una esencia favorita?
Mirá, hay un preconcepto de que las mujeres buscamos lo floral y los hombres van hacia lo amaderado. Yo creo que hay que romper con la estructura, por eso en Brood los envases son unisex y nos sorprendemos de ver cuántos hombres elijen jazmín o lavanda. Además, hay una tendencia a incorporar la madera en las fragancias femeninas. No porque seas mujer te tiene que gustar el jazmín.
¿Y para tu cuarto?
Voy variando. Ahora tengo velas de sándalo y naranja. Para la ropa de cama y las toallas prefiero los aromas frescos, que uno intuitivamente asocia con lo limpio. Y entre la ropa pongo bolsas con lavanda, que perfuma y además repele a las polillas.
En el dressoir de tu cuarto tenés una pequeña colección de perfumes artesanales.
Es que cuando viajo busco marcas pequeñas como la mía y voy explorando su trabajo. La conservación del perfume es vital. Siempre es aconsejable ponerlos en lugares secos, fuera del baño y lejos del sol directo. Al mismo tiempo, el calor los activa, por eso es mejor ponérnoslos antes de vestirnos y no después. Detrás de las orejas, en las muñecas, en el cuello: éstas son las áreas donde está el pulso, circula la sangre y se genera calor.
¿Hay algún producto que nunca falta en tu baño?
Creo que podría ser el jabón de Castilla. Acá es poco conocido, pero los europeos y orientales conocedores son fanáticos. Fue creado en el sigo XVII en Castilla, donde hay grandes plantaciones de olivo. A diferencia de los jabones comunes, que se elaboran en caliente, éste se hace en frío y lleva aceite de oliva extra virgen. Es súper humectante y dura una barbaridad. Por el tiempo que lleva de maceración (seis meses) sólo se puede hacer artesanalmente.
Producción y texto: Silvina Bidabehere.





