Son muchos los que opinan que la pandemia deja expuestas las limitaciones de las megalópolis en tanto hace posibles otros modos de habitar los espacios.
Son muchos los que opinan que la pandemia deja expuestas las limitaciones de las megalópolis en tanto hace posibles otros modos de habitar los espacios.
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10 de septiembre de 2020  • 19:55

Desde antaño las ciudades funcionan para las personas como una especie de imán: la prueba son las megalópolis cada vez más grandes que se expanden por el planeta, una lista en la cual Buenos Aires -Capital más conurbano- ocupa el puesto 20 con sus cerca de 13 millones de habitantes según el último censo. Hablamos de un fenómeno de larga data. La disminución de la población rural en favor de la urbana es algo que se ha venido constatando en el mundo en general y en la Argentina en particular desde principios del siglo pasado (ya el censo de 1914 marcaba que la mitad de la población de este país vivía en ciudades).

Y es que la ciudad ofrece servicios, espacios culturales, opciones de educación y también belleza arquitectónica. Sin embargo, también es sede de estrés y contaminación, ruidos constantes, falta de espacios verdes, costos de vida altísimos y -claro- la inseguridad.

En tiempos de pandemia la pregunta empezó a rondar de pronto entre muchas familias porteñas. "Si estamos haciendo home office y no necesitamos ir al centro, ¿por qué no nos vamos?". Así como las grandes epidemias del siglo XIX cambiaron la configuración de las ciudades -cuestiones como el tratamiento de residuos y efluentes y las reglamentaciones en la altura de los edificios fueron fruto del llamado "pensamiento higienista"-, el Covid-19 parece estar poniendo en jaque ahora la idea misma de aglomeración urbana.

Ya no se ve a las grandes urbes con los mismos ojos

"Las nuevas posibilidades tecnológicas permiten imaginar un mundo rural modernizado e integrado a los ciclos globales de información y producción en el que se articulen actividades agrícolas locales sustentables con las más avanzadas modalidades productivas y de servicios en escala internacional", explica el arquitecto e investigador del CONICET Alejandro Liernur en Pospandemia, un compilado de propuestas para diversas áreas publicado por el Centro para la Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE), de la Universidad Torcuato Di Tella.

Para Cintia Jaime, que es fundadora y directora ejecutiva de la Fundación ES VICIS y también directora del programa "Bienvenidos a Mi Pueblo", el agotamiento del modo de vida de las ciudades no es nuevo, solo que el contexto actual lo puso como nunca en tela de juicio. "Nos convencimos -o nos convencieron- de que las grandes ciudades son las únicas que ofrecen oportunidades de crecimiento y desarrollo. Una paradoja, si se considera que es donde se encuentran los principales bolsones de pobreza, falta de empleo, barrios marginados carentes de servicios básicos y las estadísticas más altas de inseguridad", marcaba hace poco desde un artículo en este diario.

"Vemos que a partir de la expansión del Covid-19 ya no se ve a las grandes urbes con los mismos ojos", escribe Jaime y revela que últimamente se triplicó la cantidad de mensajes que ES VICIS recibe consultando por la posibilidad de salir de la ciudad.

Tan lejos, tan cerca

Poder tener una mejor calidad de vida, más tranquilidad y un contacto directo con la naturaleza son algunos de los motivos de las personas que están en busca del cambio de vida. Pero en ciertos casos cuesta resignar el confort y la vida cultural que las grandes ciudades todavía son capaces de ofrecer.

Está claro que mucha gente se quiere 'escapar' al verde, pero son pocas las alternativas que, por una cuestión de escala, cuentan con cantidad y calidad en los servicios. En este contexto, propuestas como la dePuertos -la urbanización desarrollada por Consultatio en Escobar-cobran importancia: un proyecto de ciudad, con otras dimensiones y otras posibilidades de acceder a una vida confortable.

Con 1.400 hectáreas, es una ciudad con 20 barrios proyectados (de los cuales siete ya están desarrollados), dos colegios y un centro cívico constituido por edificios de oficinas, salida náutica, servicios, comercios y restaurantes, que además se complementa con un perfil de 'ciudad natural' a partir de un lago central de 200 hectáreas y una reserva que, recostada sobre uno de los márgenes del río Luján, ofrece 60 hectáreas de verde prácticamente virgen.

Escobar es, además, un municipio que en tiempos "normales" se caracteriza por ofrecer una vida cultural intensa y variada en sitios como el Centro de Educación Lúdica Interactiva ("CELI", que arrancó a funcionar el año pasado" y el renovado Teatro Seminari Cine Italia. Este año también se inauguró en Escobar el primer secundario de la Universidad de Buenos Aires fuera de la Capital.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo reaccionará la sociedad de la pospandemia: de qué forma trabajaremos, cómo nos relacionaremos ni dónde viviremos. Por lo pronto la tendencia a alejarse de las ciudades parece ir tomando forma en tanto se modelan nuevas formas de habitar el territorio y conciliar los espacios del ocio y el trabajo.

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