
El abecé del freezer familiar (II)
Tener a mano una buena variedad de alimentos congelados es de gran ayuda en la organización diaria de la cocina hogareña: permite ahorrar tiempo y dinero
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Congelar alimentos ofrece un importante abanico de posibilidades a la hora de ganar tiempo, reducir gastos y organizar mejor el funcionamiento cotidiano de la cocina hogareña. Es necesario, sin embargo, poner en marcha algunas recomendaciones imprescindibles para aprovechar al máximo esta opción. En primer lugar, conocer la dinámica de cada cocina, acorde a los horarios de la familia, las preferencias de menús, la costumbre (o no) de improvisar o salir de apuros con lo que hay en ella... Siempre debería existir una abundante provisión de cebolla rehogada en todas sus variedades, rellenos para empanadas y mezclas para budines de verduras, que apuran, con ajustes a cada caso, el paso final. También, ralladura de naranja, de limón, cáscara de naranja de ombligo para hacer cascos almibarados porque son de temporada corta, el sobrante de fruta seca de las fiestas (nueces, almendras, avellanas) para evitar que se pongan rancias, harinas blancas o integrales y aquellos cereales y legumbres que no se usan hasta los primeros frescos, copos de crema chantilly conservados en recipientes para distribuir sobre postres, etc. Es bueno recordar que todos los alimentos que provienen de la tierra -frutas, cereales, legumbres, verduras- pueden conservarse de un año a otro.
Los platos cocidos deben ingresar al freezer a temperatura ambiente, en porciones acordes al consumo y en el menor tiempo posible después de cocinados.
Es importante cuidar los artefactos (freezers y heladeras) porque tanto el estado de los burletes (que evitan las fugas de frío) como el que no haya escarcha en las paredes de los refrigeradores, aseguran los mejores resultados del procedimiento.
Cadena de virtudes
La licenciada Silvana Romeo, jefa de Calidad de Alimentos de Jumbo Retail, señala qué detalles deberían tenerse en cuenta para asegurar que el producto congelado llegue a la casa del consumidor sin haber sufrido alteraciones en la cadena de frío.
- Un producto que ha sufrido un corte en la cadena de frío es blando al tacto (a menos de 12- 18 C es rígido), contiene bloques de hielo dentro de su envase o por encima, suele perder su forma original (principalmente en helados premoldeados); las hamburguesas se tornan amarronadas y las unidades de estos y otros alimentos quedan adheridas entre sí como en un bloque, que cuesta separar.
¿Hay alguna señal visible, desde el packaging, que lo delate?
- Si se está descongelando, se puede observar un exudado (gotas de agua) sobre la superficie del envase. En el caso de los helados, habrá también parte de la mezcla derramada. Los cartones se deforman, las etiquetas se despegan, se rompen o quedan borrosas. Los envases transparentes dejan ver la formación de hielo.
¿Y cómo deben ser transportados hasta la heladera familiar?
- En bolsas térmicas o conservadoras. En caso contrario, el traslado debe ser inmediato y el tiempo dependerá del producto y de la temperatura ambiente.
- Los expertos aconsejan que los clientes controlen que los sellos de inviolabilidad estén intactos, adquirir lo congelado al final de las compras y controlar las fechas de envase y vencimiento, así como la durabilidad indicada por el fabricante en cuanto a los distintos rangos de temperatura. Ejemplo: pizza congelada con vida útil de 12 meses, una vez descongelada debe consumirse dentro de las 72 horas.
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Cuatro estrellas . De acuerdo con una convención internacional, cuatro son las estrellas ( ****) que deben exhibir los freezers y las heladeras con freezer como sello que garantice la capacidad de los artefactos para congelar y mantener los alimentos congelados a -18º C. En algunos electrodomésticos llega a -30º C. En la refrigeración, un método de conservación en heladeras, las temperaturas más usuales varían entre 4,5º y 7º C.






