
El ADN como herramienta
Tiene el potencial de salvar más vidas de las que pudieran ser dañadas
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Ted Kaczynski era un niño prodigio. Aceptado por la Universidad de Harvard con sólo 16 años, obtuvo un doctorado en matemáticas en Michigan y comenzó luego a enseñar. Sin embargo, poco antes de cumplir 30 años se mudó a una cabaña aislada sin electricidad ni agua corriente. Viviendo en total desconexión, comenzó a desarrollar fobia hacia la tecnología y un odio visceral hacia el mundo actual. Decidido a intentar generar el colapso del orden tecnoindustrial, comenzó a enviar cartas y paquetes explosivos, alcanzando fama mundial con el apodo de Unabomber. En 17 años sus ataques mataron a tres personas e hirieron a 23. Identificado por el FBI, está hoy sentenciado a reclusión perpetua.
La desproporción entre la ambición de sus intenciones, la precariedad de sus métodos y lo limitado de su impacto hoy podría casi generar pena. ¿Pero qué clase de daño podría ocasionar un lunático tan formado como él si utilizara las herramientas biológicas disponibles hoy en día? ¿Qué sucedería, por ejemplo, si usara técnicas de virología sintética para crear un virus nuevo, para el cual el sistema inmunológico humano no esté preparado?
En un artículo publicado algún tiempo atrás, tres profesores de Singularity University, Andrew Hessel, Marc Goodman y Steven Kotler, presentan otra hipótesis inquietante: la posibilidad de usar el ADN para diseñar armas biológicas capaces de dañar a una persona o grupo de personas en particular.
En nuestro paso diario por el mundo, inexorablemente fragmentos de ADN van quedando detrás. En ese vaso que usamos en un bar, en ese billete que entregamos a un taxista, en ese pelo que cae sin que nos demos cuenta. Vamos así dejando un rastro de (valiosa) información. Para la mayoría de nosotros esto es apenas una anécdota, pero, ¿qué sucede si fuéramos, por ejemplo, presidentes de una potencia mundial con múltiples enemigos?
En Hackeandoel ADN del Presidente, Hessel, Goodman y Kotler comentan que se especula que desde 2009 un grupo de oficiales va detrás de Barack Obama recogiendo todos los objetos que utiliza y toca para luego esterilizarlos o destruirlos. Incluso, un cable filtrado por Wikileaks afirma que la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton instruyó a las embajadas norteamericanas de intentar disimuladamente recoger muestras de ADN de los jefes de Estado extranjeros y los oficiales de las Naciones Unidas. Otros países probablemente estén ya haciendo lo mismo. Según estos tres expertos, la hipótesis de un intento de magnicidio cometido por esta vía con un arma biológica a medida está razonablemente cercana.
El ADN tiene también el potencial de salvar muchas más vidas de las que pudieran ser dañadas. La caída en el costo de leer la información genética individual es la llave para la masificación de una nueva disciplina médica: la medicina personalizada. En ese escenario avanzamos hacia poder detectar las enfermedades hereditarias anticipadamente, mejorar los diagnósticos y personalizar los tratamientos. La respuesta a ciertos medicamentos, por caso, varía notablemente entre diferentes individuos en función de determinadas características genéticas. Finalmente, una de las áreas donde estas terapias prometen tener más impacto es en la detección, diagnóstico y tratamiento del cáncer. La reciente rama llamada oncogenómica es una de las más promisorias en la lucha por encontrar la cura a esta esquiva enfermedad.
Como este ejemplo muestra claramente, la tecnología nunca es buena ni mala. Hasta que alguien decide qué hacer con ella.






