
El amor después de la (fallida) convivencia
Para que el sueño de vivir juntos no se vuelva pesadilla, cada vez más parejas apuestan a las casas separadas
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"La convivencia fue muy buena, pero hace dos meses tuvimos una crisis y yo terminé dejando la casa. Dormía en lo de mis viejos, tenía todas mis cosas desparramadas en mi oficina y en la casa en común. Pero nos extrañábamos y de a poco empezamos a recomponer el vínculo. Ahora resolvimos que ella se mude a otro departamento, y estamos reintentando sin convivir."
El caso de Pablo, un productor audiovisual de 32 años, es mucho más común de lo que parece –de hecho, tiene varias nominaciones, como Living Apart Together, en inglés, o parejas semiadosadas, según el sociólogo Zigmunt Bauman– y se enmarca en una de las tantas modalidades de llevar a cabo un vínculo: seguir en pareja luego de una convivencia que, por distintos motivos, llega a su fin. La dinámica de una pareja de años que convive puede adquirir modalidades nuevas. "Estamos apostando a empezar de cero y a noviar más, porque nos fuimos a convivir a los dos meses de conocernos", agrega Pablo
Salir de la rutina, evitar las peleas, jugar a empezar de nuevo, como si la historia de amor hubiera arrancado hace poco y no hace ya varios años. Por paradójico que pueda sonar, darse aire, salir de la rutina y dejar el techo en común son algunas de las maneras que las parejas jóvenes (y no tanto) buscan a la hora de profundizar un vínculo. Claro que esto puede ser visto, muchas veces, como un retroceso...
"Descriptivamente puede ser visto como una marcha atrás, pero objetivamente puede ser una manera de seguir avanzando. Las formas de armar familia o pareja han ido variando con el tiempo, con las costumbres, y cada vez hay más diversidad, y más tolerancia a la diversidad con respecto a lo que cada pareja o familia deciden hacer a la hora de armar su propio proyecto", señala el doctor Eduardo Drucaroff, investigador en Psicoanálisis de la Familia y la Pareja de APA.
El factor generacional es clave. Como explica el doctor Carlos Emilio Antar, especialista en psiquiatría de APA, los jóvenes no cargan con los mismos valores y paradigmas que sus predecesores, lo cual trae aparejada una mayor libertad a la hora de resolver conflictos de pareja: "Hace muchos años, cuando la represión sexual era mayor, la gente tenía habilitada la autorización para la sexualidad casándose, y por ende la convivencia era un camino lógico. Ahora el paradigma de la convivencia tiene una marca y una inscripción social desde otro lugar, se sigue valorando el convivir, pero se deja de convertir en un estandarte básico", sostiene.
Así le ocurrió a Luiza Lunardelli Toldi, una estudiante de cine de 24 años, oriunda de San Pablo, Brasil. Al ser extranjeros tanto ella como su novio, y sin familia cerca, se dieron cuenta de que estaban construyendo una convivencia basada en una dependencia que no les gustaba del todo. "Luego de haber estado tres meses separados, porque yo viajé, nos pareció bueno que cada uno tuviera su casa, que viviéramos en espacios distintos, pero siguiendo juntos. Hace un año y medio estamos en esta dinámica, y como pareja estamos mejor que nunca. Es como tener dos casas, dormimos tres veces por semana en la de él y una en la mía. Sólo dos días estamos separados", detalla Luiza.
El hecho de continuar la relación luego de una convivencia fallida no implica que esa idea se haya frustrado para siempre, sino que en ese momento no era la adecuada. "Yo creo que nuestro próximo paso va a ser volver a vivir juntos. Esto de vivir en casas separadas es una transición, para madurar la relación y estar seguros, saber que estamos juntos porque queremos y no porque dependemos del otro. Vivir en casas separadas nos enseñó eso, y el próximo año creo que nos iremos de la Argentina, la idea es dar ese paso juntos", analiza Luiza.
Preservar el vínculo
Aunque esto puede ser visto como un paso previo a la separación, en muchos casos es un camino no sólo para preservarla, sino también para consolidarla. "Las parejas muchas veces renuncian a la convivencia para conservar la pareja. La proyección es fantástica, yo soy defensora de esta cuestión porque evita muchos divorcios, se pueden conservar las costumbres y los modos del proyecto personal de cada uno, que a veces no coinciden. La idea es liberarse del desgaste que ocasiona la convivencia y la rutina", reflexiona Adriana Guraieb, psicoanalista de APA.
Los motivos por los cuales la convivencia falla son variados. No siempre tiene que ver con asfixiarse, como cuenta Violeta, a quien le ocurrió todo lo contrario. Cuando se fue a vivir con su novio tenía 24 años, y hacía sólo cuatro meses que había dejado la casa familiar. "Mi caso es raro, porque a partir de que empezamos a vivir juntos cada uno hizo su vida. Llegaba el fin de semana y cada uno tenía sus propios planes. No sé si fue el miedo de decir: «Bueno, ya estamos bajo el mismo techo, no tenemos que hacer todo juntos», pero la verdad es que nos pasamos de la raya, ya casi no compartíamos nada", detalla. Como su novio tiene 30, la convivencia los encontró en etapas diferentes: ella, con las ganas aún de vivir sola y hacer planes con amigos, y él, más establecido. Vivir en casas separadas fue la forma de reencontrarse, respetando los tiempos de cada uno.
Cortar con la rutina
Todos coinciden en una cosa: la rutina puede tornarse un problema complicado. "Creo que la convivencia es muy desgastante por momentos. Los ritmos en común, hacer todo de a dos, la falta de intimidad. Te va forzando a una rutina que por momentos es muy agradable, porque tiene su lado de construcción y es vital para la pareja, y después se vuelve en contra, se te viene muy encima -dice Pablo-. Con este modelo nuevo no lo estamos sintiendo, ahora nos divertimos más, yo siento que se vuelve a recuperar un espíritu joven. Me voy con mi mochilita, con una remera y un cepillo de dientes, la tengo cargada en el auto porque no sé bien dónde voy a pasar la noche. Lo vivimos como algo divertido y original".
Guraieb coincide, ya que sostiene que las cosas que se hacen juntos se eligen y no están dadas de antemano por el hecho de compartir el techo: "Se fortalecen la comunicación, los proyectos, y se constituye un espacio común, un punto de encuentro para compartir, escucharse, tener vida sexual o lo que combinen en mutuo acuerdo", asegura.
Probablemente, reste combatir cierta mirada condenatoria, aunque según Drucaroff, esto ocurre cada vez menos. "Mis viejos no entienden nada y mis amigos me cargan, me quieren presentar chicas, no entienden que sigo de novio", bromea Pablo, y relata lo mismo que Violeta, quien optó por dejar de contarlo: "Algunos comentarios no ayudan, los demás no lo entienden, mis hermanas me viven diciendo que estoy perdiendo el tiempo, que aproveche para conocer a alguien nuevo", grafica.
En definitiva, los vínculos, como muchos paradigmas y mandatos sociales, van cambiando de acuerdo con las épocas. En pleno siglo XXI, no son pocas las parejas que privilegian escucharse y actuar sobre la base de lo que necesita la relación. Lo más importante, como sugiere Antar, sería lograr leer y preguntarnos por estas cuestiones con el menor prejuicio posible.






