
El arte inmoral en la cornisa
Se llaman Pornois y son un grupo que ensambla música electrónica en vivo con imágenes en sincro. Dicen que provocan sin buscarlo y que caminar por el borde del precipicio artístico es su elección
1 minuto de lectura'
Chapa y pintura, caños de escape, repuestos y autopartes. Rodeado de fierros está el flamante laboratorio del grupo de experimentación audiovisual Pornois. A metros de la calle Warnes, en una casa antigua que funcionaba como pensión para jugadores de fútbol africanos. "Dormían ocho por habitación", dicen. Ahora, los cuartos que rodean el patio en galería son cómplices de otras movidas que no tienen que ver con la compra-venta de delanteros.
La mitad del cuarteto, Juan Rey (artista plástico y maestro en una escuela de Isidro Casanova) y Lucas Totino (músico), se mudó al nuevo estudio de la banda con colchones y todo - todo incluye a Julia, la ovejero alemán de Juan-. Ian Kornfeld y Sebastián Landro -músicos y videastas- no viven formalmente detrás del portón verde, aunque pasan las horas allí craneando las piezas que se ensamblan en los shows de Pornois: puestas en vivo de música electrónica e imágenes en sincro.
Reunidos desde 2001, Pornois transita su mejor momento. Después de un antiguo y fallido lanzamiento discográfico (un EP independiente que se les escapó de las manos y rápidamente retiraron del mercado), ahora ultiman los detalles de Combustible para un motor gigantesco , un disco con una gráfica fuerte y un bonus track para ver en pantalla. Paralelamente, la agrupación lleva agenda para pautar, a la vez, un ciclo mensual, y presentaciones que pueden ser un día en el Malba y al siguiente en una discoteca. "Desde noviembre hasta acá fue una etapa muy quemante . Trabajamos con fechas adrenalínicas, porque cada show está especialmente preparado -cuenta Sebastián-. Por ahí no cambian por completo, pero el lugar y el público van dando un nuevo orden y sentido a los módulos -explica Juan-. Es cuestión de atención: en un centro cultural podemos plantear piezas de 8 minutos que son casi una peli y que en una discoteca harían agua."
Dos tortugas gigantes se aparean. Los beats golpean. El pack estimula los sentidos. Frente a la pantalla, un iniciado compara la puesta con un videojuego y pregunta: "¿Estos quiénes son? ¿qué hacen". Como respuesta aparecen varios de los rótulos que el tiempo le fue poniendo a Pornois, clasificaciones que ellos rompen en pedacitos. ¿Artistas electrónicos? "¡Qué es eso de definir el arte por su soporte!" ¿Vanguardistas? "No manejamos un lenguaje nuevo. En muchos casos no hay nada más que una pantalla y música, y podríamos plantear lo mismo con tres payasos y dos bajistas." ¿Devotos de la electrónica? "No somos proselitistas de un sonido ni de un modo de portar música. En este momento lo posible es agarrar unos samplers y un par de cajas, pero si pudieramos saldríamos con veinte changos tocando el cicu".
Inmorales por naturaleza
Pornois fue el nombre que Ian y Sebastián eligieron para un show de pornografía ruidística que presentaban con su banda anterior. Y sin investigación etimológica, como por herencia, la organización audiovisual ( www.pornois.org ) quedó bautizada. Pero Pornois no es porno. Internet devuelve varias citas políticamente incorrectas acerca del vocablo. People living sexually immoral lives , dice un diccionario griego-inglés. "Investiguen -invita Juan-. La Biblia se refiere con esta palabra a cierto tipo de personas lascivas, no morales. Encontramos esto y dijimos, está bien llamarnos Pornois".
Quien ya se los cruzó recordará sus intervenciones más comentadas. El Che Guevara con el logo Intel Inside (del chip de PC) en lugar de la estrella de la boina, las hipnóticas escaleras que no conducen a ninguna parte o las torres gemelas atacadas por un Godzilla. "No nos planteamos ser provocativos", piensan de su acidez espontánea. "Decir que trabajamos con las cosas que nos suceden es un poco arriesgado -comenta Juan-, pero siempre echamos mano a lo más inmediato". En este sentido, lo paradójico es que aún cuando Pornois tira un lazo que parte de un hecho o interpretación de lo terrible el público sonría. "El humor viene solo y hasta procuramos que no suceda tanto -repara Ian-. Lo de las torres fue bastante complicado (la primera vez que mostraron el video, los silbaron) y lo del 20 de diciembre no tiene gracia, pero a veces uno exorcisa."
En general, Pornois decide caminar por la cornisa (entre el morbo y lo lacrimógeno, por citar un filo ). Siempre en el borde. "Es una elección. Muchas veces estuvimos en una situación donde no sabíamos qué podía pasar. Por ejemplo, llevamos a una fiesta gay un show llamado Puto , y estuvo todo bien, pero se podría haber disparado para cualquier lado. En el borde lográs la fuerza de los dos lados, y eso te mantiene en el medio". En cualquier caso, la inmediatez del acto vivo les permite abortar, con un toque de botón, audiovisuales hechos "de puro cebados". Intuitivos, los Pornois nunca se cayeron. Hasta ahora siempre han tenido el dedo rápido.
La terraza del Malba refresca el verano porteño
Un ciclo de proyecciones, música y literatura al aire libre
- Pisar el césped (más si descalzo) es un acto agradable. Y los atardeceres que la revista literaria Pisar el césped organiza en la terraza del Malba, también. Cambiándole el aire al alicaído verano porteño -¿por eso el refrescón térmico de la noche inaugural?-, el ciclo de lecturas, proyecciones y música pone a tope de público el deck del Museo de Arte Latinoamericano, los jueves de este mes, de 19 a 22. Con decenas de jóvenes, algunos ya de treinta y largos, y otros pura cana. Todos atentos, relajados y permeables a las sonoridades del Dúo Sedal, el invitado audiovisual (Pornois, en la primera velada) y a los tres autores de turno.
Con La Prima, Laura Labov cortó la cinta de las Veladas pisar el césped . Rompió el hielo, dejó a un par de oyentes con la cabeza gacha, a una pareja ahogándose en un beso a las sillas de los abuelos vacías. El cielo gris no se inmutó. El de verdad, porque el de la pantalla, que insistía en mostrar antenas, torres, cúpulas, se mojó en mil gotas ruidosas. Entonces, Eduardo Muslip llegó con su cuento La Mariposa -y el zumbido de un avión que salía de Aeroparque- y Martín Kohan (h.) hojeó su cuaderno Rivadavia de tapas duras dejando a todos con las ganas de digerir completa su novela Segundos afuera .
El 29 del actual, en el Malba, Figueroa Alcorta 3415.
Participan los escritores Ariel Schettini, Patricia Suárez y José María Brindisi; la banda Mi Tortuga Montreux y el Grupo Doma (visual). Entrada libre.






