Se llevó a cabo Vinos al Sur-Feria de Vinos Argentinos y acá te traemos un relato en primera persona, por Alejandro Maglione
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Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
Especial para ConexionBrando
Así empezó
Como cosa organizada por borrachos, el sábado y domingo de Carnaval, a Fernanda Díaz Córdova y a Mariano Spataro, se les ocurrió organizar "Vinos al Sur-Feria de Vinos Argentinos" en la apartada y fashion localidad de El Calafate.
La última vez que estuve en El Calafate fue hace unos 30 años atrás. La llegada, bien distinta, fue en un avión turbo hélice de LADE y la pista, de ripio, quedaba al ladito del pueblo.
Sorpresa tras sorpresa
El avión en el que llegué ahora era uno todo tecnología; la pista del aeropuerto era una perfecta y extensa cinta de cemento, ubicada a 20 kilómetros de la población de 15.000 habitantes –en aquel entonces creo que andaba en los 1.500-, y la flamante terminal ya no resulta suficiente para la cantidad de aviones que opera, así que la están agrandando. ¡Y la vieja pista es parte de las calles del pueblo! Además, no había hoteles y se dormía en las casas de los lugareños…
La siguiente sorpresa fue que esperé como una hora y media de más, porque el responsable de buscarme le pareció que yo no había llegado…La pena para el que me buscaba fue no contar con que yo llevaba sólo equipaje de mano, de donde cuando salí al mini-hall, la parte de retiro de equipajes estaba llena de pasajeros…Educadamente le expresé mi desagrado a la guía que vino para un vuelo siguiente, quien me hizo saber que el responsable de todo era yo: por no haberme encontrado en el cartelito con mi nombre; por no haber logrado que me respondieran cuando recorría la fila de 7 u 8 choferes diciendo mi nombre; por no haber escuchado el llamado que no hicieron por los parlantes preguntando por mi.
No se la hago lunga: le pedí disculpas a esta dama por todo lo anterior –temí quedarme a pie a 20 kms. de El Calafate- al fin y al cabo de manera extremadamente amable me había dicho: "si quiere quejarse, quéjese…". Nuevamente me tuve que disculpar cuando me vinieron a buscar para el regreso y vinieron 20’ antes de lo previsto. La gentil funcionaria cuando le observo que habían venido antes de tiempo, me hace notar una nueva equivocación de mi parte, hasta que le muestro el papelito de la recepción confirmando el horario dejado por ellos…Se limitó a decirme: "cambiamos el itinerario de hoteles…". Yo confío, créame, que me va a llegar un mail encantador de su empresa, diciéndome: "perdónenos, fulana es algo temperamental, sobre todo cuando debe manejar un error ajeno al pasajero…". Les contaré si me llega…

¡El Calafate!
Por fin, llego al
que quiere decir "flamenco" en mapuche, apenas tengo tiempo de dejar el equipaje y partimos en patota con Cristina Cordova, su deliciosa hija Fernanda, Marcelo Spataro y nos dispusimos a almorzar en un ventanal sobre el lago con mesa en el
donde la anfitriona fue Ana Bellani su gerente y las cacerolas aparecieron firmemente manejadas por el chef Diego González.
Rápidamente me avivé de varias cosas: el pueblo está lleno de magníficos hoteles, que iría conociendo poco a poco con el transcurrir de los días. Todos los lugareños saben a quien pertenecen la mayor parte de ellos, pero es una información que se brinda entre dientes, y siempre mano a mano, sin testigos. La segunda constatación es que todos los chefs son jóvenes profesionales, quizás así entendí porqué Ramiro Rodríguez Pardo hizo sus petates y se volvió a Buenos Aires; ponerlo a competir con infantes, pssst! Lo tercero que averigüé de inmediato es que estos jóvenes chefs de hoteles de precio, se han enamorado de las comidas por pasos, todos mínimos, con trucos de esferas y espumas por doquier, y encima soportando aburridas explicaciones a cada momento.
Estancia 25 de Mayo
Apenas deshice mi valija, me di una ducha y nuevamente a la lucha. Esta vez fue visitar una estancia que queda ahicito nomás del pueblo, y recibir turísticas explicaciones sobre los gauchos, el mate, las ovejas, la esquila. Todo hecho con mucha simpatía, un arreo de ovejas donde los perros del paisano hicieron su show propio, atardecer tomando mate con tortas fritas frente al fuego en la intemperie. La estancia alberga un hotel boutique que se llama Kau Yatum, puesto a todo trapo.
¡El glaciar!
Allí seguía el Perito Moreno esperando las visitas. Treinta años atrás, aprovechando la nula infraestructura, me había animado a bajar hasta tocar el glaciar que se encontraba cerrando el Brazo Rico. Mucho después supe que había sido de las imprudencias más grandes de mi vida. Como sea, ahora hay unas pasarelas fabulosas, con recorrido especial para discapacitados en sillas de ruedas. El único detalle es que el ascensor que se colocó…hace un año que no funciona…Y cada argentino que entra al parque paga $40 y cada extranjero $100…
Pero está todo muchísimo mejor, ruta pavimentada en todo el recorrido, un bar donde refugiarse si el frío aprieta, y varios balcones en la ruta para que los tours se detenga para tener distintas vistas del glaciar desde lejos. Casi Primer Mundo.
Reunión secreta
En este caso el ejercicio del sacerdocio periodístico me llevó a una reunión casi secreta que se desarrollaba al atardecer, en una oscura y profunda cava del Hotel-Posada Los Alamos. Salvo a Cristina, no conocía a nadie, pero ellos demostraban la familiaridad de quienes se encuentran habitualmente. Todo en penumbras, un gran silencio, una mesa rústica, y muchas copas vacías aún. No se mal entienda: me refiero a Cristina Cordova, la renombrada colega.
Alguien dijo: "soy Diego Caselli y no tengo nada que ver con ningún Caselli…mi empresa se llama Altair". "Soy Marcelo Maizeman del Grupo Hess-Family" (para mis adentros dije: Colomé). "Hola, soy Fabián Taborda, Gerente de Alimentos & Bebidas del hotel…". "Mi nombre es Diego Echegaray y soy el sommelier de la Posada…". Fue sentarme y disfrutar un transcurrir de vinos fabulosos como el Sauvignon Blanc Renacer, que se hace en Chile en el Valle de Casablanca, por los mismos dueños de la Bodega Renacer de Mendoza.
Maizeman sacó de un balde el Gran Carlou Chardonnay 2008, un vino sudafricano venido de la segunda de las bodegas que Donald Hess compró por el mundo. Pudimos volver comprobar claramente que los mismos cepajes son completamente distintos de acuerdo al terroir donde se cultivan. Nada novedoso, pero siempre grato de comprobar.
El Grupo Hess acaba de comprarle a la familia Muñoz, mega productores salteños de tomates y hortalizas, la bodega en Cafayate que llevaba su nombre y la rebautizaron con el de uno de sus vinos: Amalaya.
Puja entre Caselli y Maizeman
La degustación penumbrosa pasó a ser una casi disputa, que no se concretó por la amistad entre ambos contendientes. Y así, Maizeman descorchó un Peter Lehmann of the Barossa Shiraz 2008, una australiano con tapa a rosca, muy agradable en boca. Entonces Caselli descorchó un Punto Final Reserva Malbec 2008 y todos hicimos "¡uuuuh!", lo que hizo que Diego, ganador, dijera: "este vino ganó un trophy…". (Alguna vez le explicaré a los lectores bien como es este asunto de los trophies y otras yerbas, ya que es un tema MUY peliagudo).

Más visitas
Otra cena degustación fue en el
de mano del chef Esteban Papasergio, donde el marco que da la vista que tiene ese hotel, aportó mucho al bienestar que sentimos de compartir el momento. Al día siguiente el almuerzo fue en el
. Un rincón encantador, con fabuloso deck sobre el río Mitre, donde comimos los tentempié mientras aguardamos el asado que se sirvió después. Ver un rincón arbolado cerca de El Calafate es bastante raro, así que este es muy apreciado por turistas y lugareños. Además de buena cocina, nos dieron un excelente servicio.
Sábado y domingo
Llegó la Feria que se organizó en otro de los magníficos hoteles lugareños, el Esplendor, que por algún motivo a mí me sonaba a nombre de 1940. Apertura a toda orquesta, salones al tope, recepcionista morena ¡carioca auténtica! de inolvidable nombre Tabata. Los stands mostraban los vinos de Yacochuya, Colomé, Bodega del Fin del Mundo, Bodega Schroeder, Bodega Chacras, Renacer, entre otras.
Descubrí que la Bodega del Fin del Mundo, en el 2006, había sacado un vino que se llamó La Poderosa, en cuya etiqueta aparecía la reproducción de la moto con que el Che Guevara había recorrido América Latina. Una curiosidad.
Fue un placer ver la perfecta organización, los stands prolijos y sirviendo todas las copas que se les extendían, todo muy amable a pesar de que por momentos se apiñaba la gente, nadie perdía la paciencia y todos se cedían el paso. Fernanda y Marcelo no descansaron un minuto preocupándose de atender todos los detalles.
La cena de los chefs
El sábado a la noche, en el mismo hotel Esplendor, se dieron cita los principales chefs que merodean por la zona, y se repartieron la responsabilidad de los distintos pasos de la cena. Fue literalmente un ballet donde nada falló. Donde los profesionales se ayudaban en la cocina. Los tiempos de servicio impecables.

Y esa corte de los milagros gastronómicos estaba compuesta por Esteban Papasergio, del Alto Calafate; Matías Crosta de la Posada los Alamos; Marcelo Raitelli de Los Sauces; Diego González del Design Suites; Gastón Diez del restó Pascacio M; Santiago Teitelman de la Tienda de Vinos; Juan Pablo Bonaveri de la Hostería Los Notros, Fernando Cecere del Hotel Calafate Park, Patricio Farías Viale del Eolo y Diego Pagura de La Usina. Todo coordinado por la chef anfitriona, Silvina Darré.
Museo del Hielo
Un emprendimiento privado inaugurado entre enero-febrero de este año, puesto con tecnología de punta, y donde se está terminando un "bar de hielo" que seguramente convocará al único bartender argentino que estuvo en el pionero de Finlandia: Matías Merlo. Por lo menos, así lo recomendé. Este museo merece una nota aparte todas las veces que se le pueda hacer.
El Eolo
Este hotel es un mundo aparte, en el medio de la nada, pero al mismo tiempo a pocos kilómetros del pueblo. Un Relais & Chateaux con todas las letras. Todo lo que se diga de las vistas, de las habitaciones, es poco. La cocina en manos de Patricio Farías Viale nos hizo disfrutar un almuerzo inolvidable. El servicio de tés y cafés se sirvió en la terraza que regalaba un día insualmente primaveral.
Conclusión
El Calafate fue una fiesta eno-gastronómica durante un fin de semana entero. Ojalá que se repita más a menudo, y que las bodegas apoyen estas lejanas iniciativas. Lo que me a mí me consta es que a los locales, se le sumó un impresionante flujo de turistas que no paraban de pulular por la zona. Y vaya si los vi comprando vino…
A mí me queda en la boca todavía el sabor de la lasagna de cordero y el volcán de dulce de leche que saborée en el Quidu, donde Fernanda y Marcos me hicieron recordar, de despedida, la cocina de Doña Petrona, aaaah…..
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