Él dejó a su mujer por ella, ¿podría dejar la paranoia y confiar?
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Ana regresó a Buenos Aires feliz y esperanzada. Amaba la ciudad, le gustaba su gente, las luces, el caos, los árboles centenarios, y sus cafés, en especial los de las esquinas. Había conseguido empleo en un centro comercial reconocido como coordinadora del personal de limpieza. Sentía que no podía pedirle más a la vida: estaba donde quería estar y podía costearse el alquiler de un pequeño departamento en un barrio tranquilo.
Cada mañana se despertaba con el tiempo justo, algo que sabía que debía modificar, más si tenía en cuenta las jornadas intensas que debía enfrentar. Eso mismo hizo aquella mañana, en un día que creyó que sería como cualquier otro, sin saber que estaría a punto de conocer a un hombre que le cambiaría sus principios y el transcurso apacible de su vida.
Los principios en jaque
Aquel día llegó con buena energía al trabajo y se dirigió de inmediato a la oficina de su superior, quien le había anticipado que debían reunirse a primera hora. Allí, en el pequeño espacio sin ventanas y mucha estantería colmada de papeles, se lo presentó: "Él es Matías Aguirre", le dijo, "El nuevo jefe de mantenimiento. Los presento porque van a trabajar mucho a la par".
Tal como lo había anticipado su jefe, a partir de entonces Ana y Matías se volvieron casi inseparables. Él era sumamente atractivo, o al menos el tipo de hombre que a ella le gustaba: manos fuertes, mirada directa y voz firme. Ella sentía que él la observaba con interés y que atendía con especial atención sus pedidos. Con el paso de las semanas se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en él.

"Pero era casado", cuenta hoy, "Lo supe desde el principio y, aun así, no pude resistirme a sus encantos. Siempre dije que jamás me involucraría con un hombre con compromisos, ni loca. Él era un conquistador y, finalmente, el día que se insinuó logró desarmarme por completo".
Una felicidad a medias
Juntos se escapaban en los almuerzos, que se transformaron en cenas y en viajes a la costa. Ana sentía culpa por todo, por interferir en una familia (él tenía hijos), por no respetar a otra mujer pero, por sobre todo, culpa por fallarse en sus propios principios. Culpa y enojo, aun así, seguía; se había enamorado profundamente. "Y él también y me dije: si es amor verdadero está bien. Nadie se tiene que quedar en un lugar donde no es feliz, y cuando hay un sentimiento genuino lo mejor es seguir al corazón. Estaba segura de que no era algo pasajero, era auténtico", revela, "Mis amigas, sin embargo, me advertían que la mayoría de los hombres dicen que se van a separar pero que nunca lo hacen para irse con su amante".
Pero, para su felicidad, un día Matías le confesó que la amaba y que estaba dispuesto a contarle la verdad completa a su mujer, y reiniciar una vida con ella. Y así lo hicieron, al comienzo fueron medianamente felices, pero luego, para Ana, todo se transformó en una pesadilla.
Lejos de la adrenalina
Vivieron juntos durante varios años y ella, que creía que lo amaba con intensidad, nunca pudo confiar en él, tenía un pasado de mujeriego y, en definitiva, si había engañado a su mujer, de igual modo podía proceder con ella. Con la autoestima apaleada, Ana le revisaba todo lo que se pudiera revisar, lo acosaba a preguntas, controlaba sus horarios y celaba cada movimiento. Para Matías la situación por momentos se tornaba insoportable, pero para Ana.... para Ana era peor: no se reconocía en sus actitudes y lejos, muy lejos había quedado su paz mental: vivía tensionada.

"Me costó muchísimos años, pero al final decidí terminar el vínculo", confiesa hoy con una semi sonrisa, "Me estaba enloqueciendo. Estaba totalmente alejada de mi eje, nunca me imaginé que sería capaz de comportarme como lo hice, de tener sentimientos tan oscuros dentro de mí. No fui capaz de sostener una relación con un hombre que había dejado a su mujer por mí. Había sido infiel, temía siempre que se repitiera conmigo. Estaba paranoica, no podía vivir así".
Hoy Ana vive feliz con una nueva pareja, siente que recuperó su esencia y su confianza en el amor. "Sé que hay personas que son capaces de alejar los fantasmas del que alguna vez fue infiel y reconstruir un vínculo sólido y sano. Yo no pude y siento que cuando es así, lo mejor es tomar valor y dejar ir en pos de la salud mental de ambos. Lo que supe construir hoy está alejado de esa adrenalina del pasado, pero lo prefiero toda la vida. Mi San Valentín será un festejo con amor, pero, sobre todo, un festejo en paz. Paz interior", concluye complacida.

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