
El día del ARQUERO
Tres grandes de todos los tiempos -Carrizo, Fillol y Goycochea- reviven las torturas y las alegrías de estar parado al lado del arco esperando lo peor
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Mueven y mueven sus manos. Gesticulan en forma instintiva, acompañando cada palabra con cinco o diez dedos dando vueltas por el aire. Tal vez marcan esos tiempos en el vacío igual que podría hacerlo cualquier otro hombre. Tal vez...
Quizá sea por propia obsesión. Quizá por saber que esas treinta uñas desnudas han estado por varios años vestidas de estricto guante, siendo espectadoras privilegiadas de historias de amores desdichados entre pelotas y redes.
Los dueños de las manos, dedos y uñas llevan un rato largo de charla. Por unos segundos, el oído pierde la batalla ante los ojos, que siguen posándose en esos revoloteos continuos. Sólo se trata de pensar, de recordar, de suponer... ¿Cuántos gritos de gol han quedado atragantados por culpa de estos tres hombres? ¿Cuántos corazones han superado con éxito una taquicardia gracias a alguna de sus sensacionales atajadas?
Ahí está Amadeo Carrizo, eterno, estampa imponente, patriarca de arqueros. Ahí está Ubaldo Fillol, etéreo, figura inolvidable, maestro de arqueros. Ahí está Sergio Goycochea, espléndido, atajador incansable, prócer de arqueros.
Ahí están los tres, unidos por la línea de la vida que separa los dos postes, narrando historias demarcadas en áreas que los tienen como amos absolutos. Los guantes quedaron colgados en el ropero del ayer, pero ellos se encargan de sacarles la tierra de los revolcones y traerlos a la mesa de café.
"El puesto de arquero es mucho más personal que otros. Entonces, tenemos más cosas en común", dice Goyco. "Para mí es espectacular y hermoso este momento. Estar al lado de dos grandes figuras como ellos. Un hombre ya grande y con una trayectoria larga, encontrarme en una situación así, es un gran honor", confiesa Amadeo. "Por más que uno pueda dar un consejo por lo que vivió, los secretos del puesto siempre forman parte de la personalidad de cada arquero y de cada ser humano", teoriza el Pato. Frases descolgadas de cientos de pensamientos, en un peloteo protagonizado, esta vez, por arqueros.
Goycochea: -Yo tenía para venir a Independiente o a River. Elegí River porque estaba el Pato. Quizás él no recuerde un montón de cosas que me daba como consejo cuando yo llegué. A mí me quedaron muy grabadas...
Fillol: -¿Cómo no me voy a acordar? Eras muy jovencito. Lo trajo Héctor Tocalli. Yo estaba en el final de mi carrera prácticamente, era el año...
Goycochea: -... 1982. Fue tu último año en River. El no te dejaba atajar ni en los entrenamientos. Una vez me dijo: "A mí me costó mucho laburo estar acá. Vos, el día que te toque estar, tenés que jugar en las prácticas, la Copa Libertadores, los amistosos, los campeonatos..." Otra vez me comentó: "Si es posible, nunca te vayas de River".
Fillol: -Eso no es celo. Fue un consejo...
Goycochea: -... un consejo sano.
Carrizo: -No fue celo, pero no te quería dejar ni un segundo.
Goycochea: -Yo tenía 18 años, estaba en Defensores Unidos de Zárate, y de una semana a otra me estaba atando los botines al lado del Pato, Kempes, Mostaza Merlo, el Tolo Gallego. Yo lo veía entrenarse a él, con 32 años, y hasta que no se le morían las piernas no se iba del arco. Lo interpreté como un consejo, no lo vi como un egoísta o un celoso.
Fillol: -¿Sabés lo que pasa, Sergio? Indirectamente a Amadeo le debe haber pasado lo mismo, el que lo padece está atrás tuyo queriendo atajar.
Carrizo: -Y sufre... No es a lo mejor la palabra celos, pero está sufriendo... ¡Es que no tendrían que haber inventado los suplentes! Porque están ahí, a la expectativa, pobre. En mi primera época no había arquero suplente, Ubaldo. Si se lesionaba el arquero, el que se las rebuscaba más iba al arco. Más adelante, en partidos amistosos, por ahí me dolía una pierna y le decía al técnico que entre el otro. Me daba pena que no jugara. Así yo me quedaba medio contento.
Goycochea: -Una vez él también me dijo, no se acuerda de nada, pero bue...
Fillol: -¡¡Ehh!! ¡Me estás mandando en cana!
Goycochea: -¡Noooo! ¿Pero te acordás o no? Me dijo: "Es preferible que te insulten a vos y no que aplaudan al otro". Pero no es porque entre el otro, sino porque es una manera de trabajar, una manera de entregarse, una manera de jugarse en cada acción.
-¿Es el puesto más difícil?
Fillol: -Sí. El más ingrato y difícil. Si te equivocás no te salva nadie. Al jugador de campo lo salva el arquero. A los pibes les digo que vivan pensando que el defensor se va a equivocar. Que desconfíen permanentemente...
Amadeo: -Lo dije yo eso...
Fillol: -... porque si vos incorporás eso, vas a estar atento los noventa minutos.
Amadeo: -¡Este se está copiando de algo que dije yo hace muchos años! (Risas.) Pero es realidad. Yo tuve un fullback, el Gallego Pérez, que cada tanto me metía un gol en contra: -¡Pum, ahí va!
-¿Usted coincide en la ingratitud del puesto?
Carrizo: -El más ingrato de todos... pero el más lindo. Si a mí me dijeran de elegir otra vez el puesto, sería arquero de nuevo. No estoy arrepentido. Es hermoso. Todo está pendiente de la buena actuación de uno. El que está salvando la situación...
Goycochea: -Es el embudo, papá.
Fillol: -Grondona dice una verdad: "El tesorero del equipo es el arquero". Es el que defiende los mangos.
Carrizo: -En el arco se inicia la seguridad para todos. Si vos tenés atrás alguien que titubea, el equipo duda. Aunque todos hemos tenido nuestros errores. ¡Si me habrán hecho goles de biógrafo!
Goycochea: -¡De biógrafo, mirá que palabra...!
Carrizo: -Yo digo así... Hay que dar seguridad. Los arqueros que andan siempre a los puñetazos no es aconsejable. Hay que tratar de agarrar la pelota.
Fillol: -Ahora vos qué fuerza que tendrías para darle un puñetazo a la pelota de tiento...
Carrizo: -No le pegaba. Una vez le tiré el puñetazo y le di tan mal que en el rebote Bianchi me hizo el gol.
-¿Usted prefería ganar 5 a 0 y no tocar la pelota o un 1 a 0 siendo la figura?
Carrizo: -No, no, cinco a cero. Si no la tocaba nunca, mejor. ¿Para qué? Es lo mejor para el equipo y para mí. ¿Qué gano siendo la figura? Fillol: -A pesar de que es un puesto individualista, uno no puede pensar de otra manera que no sea en beneficio del equipo. El esfuerzo del arquero es mayor que el de los jugadores de campo. En todos los aspectos. Pero eso no lo hace egoísta.
-¿Cómo llegabas a tu casa después de un partido en el que no habías tocado la pelota?
Fillol: -Si había ganado, todo bien.
-¿No sentías que te faltaba una atajada?
Fillol: -No, no. Si el equipo ganaba, no.
Goycochea: -Ojo que también está el caso al revés, cuando no tocás ninguna, pero igual te hacen un gol. Nunca lo terminás de digerir. Pensás: si hubiera dado el paso, si yo sabía que pateaba por ahí... Siempre tenés algo para reprocharte...
Fillol: -Mirá si será injusto que hasta en el festejo estás privado de saltar y abrazarte con tus compañeros.
Carrizo: -Yo nunca fui a abrazar a nadie. Los goles los gritaba en silencio.
Goycochea: -Para mí, el gol contra Australia acá, por la clasificación para el Mundial 1994, después de todo lo que pasamos, fue un gran desahogo.
Carrizo: -¿Y Goyco, cuando atajó los penales en el Italia 90? El último era hermoso.
Goycochea: -Claro. Por lo menos ahí corrés para abrazarte porque te vienen todos para vos. Pero si te hacen el gol se dan vuelta todos y te miran...
-¿Cuánto dura la bronca por un gol tonto?
Goycochea: -Hay veces que te cuesta toda la semana. Te querés matar.
Carrizo: -Sí, se sufre. Con la virtud siempre del arquero de aguantársela y no señalar culpables. ¿Quién no sufre el gol, si hay miles de hinchas que atajan a la par nuestra? Todos los goles se sufren.
-¿Existe una alegría similar a la de un gol?
Fillol: -No sé en el festejo. Pero la sensación desde que uno deja de jugar y tiene un reconocimiento, no sólo en la faz deportiva, sino en todos los aspectos, es bárbara. Eso es lo más fuerte y lo más lindo. Pero a nivel partido, no sé si hay algo similar.
-¿Vos, Sergio?
Goycochea: -Sí... La sensación incluso es hasta más que un gol. Porque por ahí el delantero hace un gol, pero el partido no termina, salvo que sea sobre la hora. Pero un penal como los que me tocó atajar, que definía... Tenía la sensación de haber hecho algo decisivo. En ese partido contra Italia, el gol de Caniggia fue el que permitió que llegáramos a los penales, pero cuando lo hizo no era decisivo.
-El arquero, ¿nace o se hace?
Carrizo: -Se nace. Y después vas agarrando algunas cositas.
Goycochea: -Sí, creo que se nace. Porque uno lo decide en una época de la vida en que no tiene uso de razón. Una carrera se elige a los 20 años. Pero cuando elegís esta profesión, a los 8 años, estás parado debajo de un árbol. Entonces se nace...
Fillol: -Si te guías sólo por la materia prima, se nace. Hay cosas que se traen de la cuna. Hoy digo que se nace y se hace, porque al tener el arquero más participación, no alcanza con la materia prima. Se ha modificado el juego del arquero. El único que jugaba de una forma distinta en su época era Amadeo, que era un transgresor.
Goycochea: -Estoy de acuerdo. Pero lo enfoco desde la vocación. Otro jugador tal vez arranca de lateral en inferiores y termina de wing.
-¿Cuál fue la mejor atajada de cada uno?
Goycochea: -Del Pato, una a Galetti. Un cabezazo en cancha de Vélez. ¡Que impresionante!
Fillol: -Sí, ésa fue una. Después recuerdo otra: un cabezazo de Milozzi en la cancha de Quilmes. Le dio un frentazo y yo me tiré por reflejo, porque tenía buenas piernas. Medio pierdo la pelota por la velocidad con que iba. Pero saqué la mano igual. Y siento que me pega en la mano y sale al corner. Al otro día vi una foto que habían sacado de atrás. Por la posición del fotógrafo, parecía que yo estaba en el aire a la altura del travesaño.
Goycochea: -Yo tuve una doble atajada en 1985, contra Chacarita, en la cancha de River. Patearon, la tapé, pegó en el travesaño, cuando salía para el borde del área chica entraba Giachello, y no sé cómo me paré, volé, y en el camino me encontré con la pelota y la saqué por encima del travesaño.
-¿Y usted, Amadeo?
Carrizo: -Y... Un cabezazo de Pizutti a quemarropa que hasta el día de hoy estoy pensando si alguien me empujó para que la atajara. Ojo, que también me hicieron muchos goles de biógrafo, ¿eh?
Sergio mira cómplice a Ubaldo. "¿¡Biógrafo!?", le susurra. Los tres siguen hablando y hablando. "Tenemos que ir a jugar al paddle...", lanza Amadeo. Pese a que las diferencias de edades no encajen, parecen padre-hijo-nieto. Goyco sigue mirando al Pato con ojos de aprendiz; el Pato escucha a Amadeo con oídos atentos; Amadeo acaricia el pelo de Goyco como sólo lo hace la ternura de un abuelo, y le dice: "¡Qué lindo que estás!" La nota termina, pero ellos no se mueven de sus asientos. Siguen recordando, contando, aprendiendo. Las tazas de té y de café ya estan vacías. Fillol, de local en su complejo de Belgrano, pide otra vuelta. "Agarrá una factura, Amadeo." La tarde se convierte en noche. Parecen tres amigos de siempre. Son tres arqueros de toda la vida.
Ubaldo Fillol
Nació el 21 de julio de 1950 en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. Debutó en 1967 en Quilmes, donde atajó hasta 1971. Pasó un año por Racing hasta llegar al club que lo catapultó a la fama: River. Por diez años, de 1973 a 1983, defendió el arco millonario en 361 partidos. Luego pasó por Argentinos, Flamengo (Brasil), Atlético Madrid (España) y Vélez, donde se retiró en 1990 tras atajar en 43 cotejos. En la selección jugó 58 partidos, siendo capitán en 8 ocasiones. Su máxima gloria deportiva fue ser el arquero del primer representativo nacional campeón del mundo en 1978. Con River obtuvo 7 títulos nacionales y con Racing, la Supercopa en 1988.
Amadeo Carrizo
Nació el 12 de junio de 1926 en Rufino, provincia de Santa Fe. Debutó en River el 6 de mayo de 1945, en un partido contra Independiente en Avellaneda que su equipo ganó por 2 a 1. A diferencia de sus colegas de nota, su trayectoria casi no tuvo variaciones de equipo. Atajó de 1945 a 1968 en River. Su último partido para el cuadro de Núñez fue el 22 de diciembre de 1968, con un empate entre Vélez y River en un gol, en un encuentro jugado en la vieja cancha de San Lorenzo. Luego estuvo dos años en Millonarios de Colombia. Atajó en nuestro país en 518 cotejos, ganando 7 títulos, por supuesto siempre con River Plate. Fue arquero de la selección en el Mundial de Suecia en 1958.
Sergio Goycochea
Nació el 17 de octubre de 1963 en Lima, provincia de Buenos Aires. Debutó en 1980 en Defensores Unidos de Zárate, en primera C. En 1982 llegó a River, donde se quedó hasta 1988. Luego vino una etapa nómada: Millonarios (Colombia), Racing, Brest (Francia), Cerro Porteño y Olimpia (Paraguay). Entre 1993 y 1994 volvió a River. En el final de su carrera pasa por: Mandiyú de Corrientes, Internacional (Brasil), Vélez y Newell´s. En la selección jugó 45 partidos, siendo capitán en cinco ocasiones. Participó en dos mundiales, y sus atajadas en Italia 90, en la definición por penales, quedaron registradas para la historia. Obtuvo 8 títulos con clubes y 2 con la selección.






