
El diablo tiene cuerpo de mujer
En realidad, los saberes de Elizabeth Hurley no son por diabla y mucho menos por vieja: son por astuta, como se verá
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Nueva York (De una enviada especial).- Lo que la manzana hizo por Eva, un escotado vestido de Versace hizo por Elizabeth Hurley. Porque de no haberse puesto la sensual creación del fallecido Giani (que resistía caer vencida por la gravedad a fuerza de unos pocos y estratégicos alfileres de gancho), las cámaras apenas habrían reparado en ella cuando entró del brazo de su entonces novio, el actor Hugh Grant, a la première de Cuatro bodas y un funeral. Esa película disparó las carreras de ambos: la de él en la pantalla y la de ella en las revistas del corazón.
Contrariamente a lo que se pueda suponer, la Hurley empezó siendo actriz antes de convertirse en una exitosa modelo publicitaria -es la cara exclusiva de Estée Lauder- y productora cinematográfica (en 1994 fundó con Grant Simian Films).
Ahora, Elizabeth es toda una dama del espectáculo por peso propio. Este jueves se estrenará en el país su último trabajo, Al diablo con el diablo, en la que interpreta... al diablo.
Dirigida por Harold Ramis (Analízame), se podría decir que Al diablo con el diablo es la primera película que la tiene como cara ven- dedora, aunque su papel no exige mucho más que pasearse con un vestuario fabuloso y lucir... infernal.
Sin embargo, estaríamos siendo injustos con Liz si sugiriéramos que esta treintañera de cautivantes ojos verde agua sólo es un perchero de lujo, ya que en la charla organizada por Fox con la prensa internacional para promocionar Al diablo..., se reveló como una temeraria business woman, con una seguridad avasallante, irónica y de delicioso humor.
Después de hacerse esperar durante media hora, Elizabeth Hurley y su metro ochenta y pico hacen despreocupada entrada té en mano. No alcanza a sentarse cuando sale de la suite excusándose porque olvidó algo. Cuando vuelve, para sorpresa de todos trae un minigrabador que pone junto a los demás.
-¿Usted también escribirá la nota?
-No me vendría mal un poco de dinero extra. Tendría detalles superexclusivos. (risas.)
-¿Siempre graba sus entrevistas?
-No, pero Fox ahora graba todo.
-Los rumores sobre usted son de lo más variados, como que usa tanques de oxígeno o que se lima los glúteos. ¿De dónde salen, y por qué?
-¿Qué decían? (más risas.) Nooo, por favor, los lectores deben pensar que soy un freak. No sé por qué a alguien se le puede ocurrir publicar cosas como esas y, odio sonar cínica, pero supongo que será para vender más ejemplares.
-Si el diablo se ofreciera a realizarle un par de deseos, ¿qué pediría?
-Bueno, lamento confesar que tengo un costado bajo, y supongo que sería poder comer 12.000 calorías al día y no engordar nunca, mantenerme despierta hasta absurdas horas de la noche y no lucir cansada... y tomar como un pez y nunca tener una resaca.
-No parecen ser cosas que no tenga...
-Para ser sincera, cuando uno está filmando debe estar en la cama, como mucho, a las 10 de la noche. Es triste, pero verdad. Y cuando me tengo que retorcer para entrar en algún vestuario en particular, de pronto no puedo comer diez panchos. Te puedo asegurar que no te queda otra opción que sobrevivir a ensalada, así que no... ¡yo sufro! (Risas.) -¿Cuál es su pecado favorito?
-¿Gula? Es en el que caigo más a menudo.
-¿No era lujuria? Si no me equivoco dijo que hacía que su piel se viera hermosa.
-En realidad John Cleese dijo eso (risas), ´Esa es su línea, pero es verdad. En la película original, los siete pecados capitales estaban personificados cada uno en un personaje diferente. En esta nueva versión, yo personifico a todos juntos porque soy fenomenalmente codiciosa, bastante malintencionada, por momentos estoy furiosamente enojada, etcétera.
-¿Qué tiene que tener un guión para que le interese?
-Supongo que si como en Al diablo con el diablo tiene la combinación del humor, uno de los más exitosos directores de comedia dirigiéndola y, ya saben, un coprotagonista masculino magnífico como Brendan, que es fantásticamente guapo y muy gracioso, supongo que resultaría irresistible.
-Le pregunto porque casi todos sus últimos papeles fueron de chica sexy...
-Bueno, cada uno es como es. Eso es todo. Anthony Hopkins se ve como Anthony Hopkins, Julia Roberts como Julia Roberts, y yo me veo como yo.
-¿Pensó en probar roles como Mary Reilly o Flores de acero (personajes dramáticos interpretados por Julia Roberts)...?
-Sí, pero ese tipo de libros no me llega muy a menudo. Hice papeles dramáticos como en Permanent Midnight (donde interpreta a la esposa de un drogadicto), pero uno tiende a verse como es. Y sí, a veces te toca interpretar a una esposa de los suburbios y otras a un personaje high concept, como el diablo. Pero todos estamos limitados por nuestro físico y cada uno tiene sus desventajas.
-¿Cuál es la desventaja de tener su físico?
-A veces pueden decir, ella no sirve porque... muchos protagonistas masculinos, como pueden haber notado son... petisos, y no podés hacer nada al respecto. (risas.) -¿No es irritante ser conocida como la modelo que actúa cuando ya trabajó en muchas películas?
-Creo que es entendible que en los Estados Unidos me conozcan más como modelo, porque todos mis trabajos previos al trato con Estée Lauder fueron en Europa. Que conozcan mis otros trabajos toma su tiempo, pero está bien, porque amo mi trabajo con Estée Lauder.
-¿Siente que no se toma en serio la parte del cuerpo que está dentro de la cabeza de las mujeres lindas?
-Bueno, a mí eso nunca me pasó. Produje dos películas muy caras para dos de los estudio norteamericanos más poderosos y hace poco, renovamos el trato con Warner Brothers para hacer un par más, y creo que logré sacarles un trato bastante bueno.
-Para Marie Claire escribió una columna sobre los pecados capitales donde se notaba que había investigado. ¿Lo hizo para que se conozca otro perfil suyo?
-No. Para ser sincera, a veces me canso un poco de que me entrevisten (risas), así que para romper la monotonía escribo yo misma. Ahora estoy trabajando en algo para Esquire, y el año último escribí para la Elle británica, y dos veces para la revista Interview.
-¿Le pagan más que al periodista free-lance promedio?
-Si los hace sentir mejor, sepan que en realidad no me pagan nada.
-¿En serio? Es caridad...
-Es promoción, maldita sea (riéndose).
-¿Cuál es su próximo desafío profesional?
-Estoy desarrollando unos sketches cómicos para la BBC con John Cleese, que también me pidió que sea su socia en la escritura, así que también estamos escribiendo juntos una comedia para Simian Films. Además, estoy negociando el contrato de mi próxima película, otra comedia. Y hay un número de otros proyectos en desarrollo para producir en nuestra compañía.
-¿La compañía sigue en pie a pesar de su separación de Hugh Grant?
-Sí, de hecho la negociación con Warner Brothers la hicimos juntos y él en este momento está escribiendo una comedia romántica para la compañía, The Green Bikini, que es fabulosa.
-Parece que trabajar con su ex no es un problema.
-No, todo lo contrario, la idea de trabajar sin él es lo raro. Porque fuimos confidentes durante tanto tiempo que sería muy duro para mí no contar con Hugh. El todavía lee los guiones que me mandan, siempre me muestra los suyos, me ayuda a elegir las fotos para los pósters. Y por ahora, que ninguno de los dos tiene una nueva pareja, esta amistad íntima nos funciona muy bien. Quizás a la nueva pareja de alguno de los dos podría no gustarle... ya lo veremos.
-El diablo dice que a las mujeres no les interesa ni el dinero ni la fama, ¿entonces qué?
-A mí me gusta mucho la amabilidad. Y debe ser alguien relativamente feliz, con mucho humor. Me gusta el optimismo. En Inglaterra, en oposición a Estados Unidos, la gente lo primero que dice es: "Ah, no va a funcionar", en cambio acá si tenés una idea te dicen: "Hey, eso no suena mal, ¿cómo puedo ayudar?" Y, eventualmente, los pensamientos positivos llevan a resultados positivos.
-Creo que el chismoso que todos llevamos dentro quiere saber qué pasó en realidad para que Hugh y usted se separaran después de 13 años.
-Decidimos que queríamos un respiro de estar juntos. Vivimos en los bolsillos el uno del otro durante mucho tiempo y pensamos probar cómo es la vida sin tenernos el uno al otro, excepto, claro, que nos vemos todo el día. (risas).






