El director del festival de Cannes llega a Buenos Aires y cuenta qué trae

Thierry Frémaux presentará esta semana una selección de los mejores films de su certamen en la Semana de Cine del Festival de Cannes en Buenos Aires
Thierry Frémaux presentará esta semana una selección de los mejores films de su certamen en la Semana de Cine del Festival de Cannes en Buenos Aires
Luisa Corradini
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9 de diciembre de 2018  

Entrevistarse con Thierry Frémaux no es cosa fácil. Aquel que consiga monopolizar durante media hora al hiperactivo delegado general del Festival de Cannes, cofundador del no menos exitoso Festival Lumière de Lyon, merece obtener la Palma de Oro. Pero no del cine, sino de la perseverancia.

Dueño de un entusiasmo contagioso. Siempre en movimiento y lleno de proyectos que lo obligan a estar en varias ciudades en forma casi simultánea, Thierry Frémaux no es solo un gran nombre del cine francés, también es el responsable de la exitosa Semana del Cine del Festival de Cannes en Buenos Aires, cuya programación dirige hace 10 años, y que esta semana lo tendrá otra vez en la Argentina, invitado por el Incaa. El nuestro es el único país del mundo en el que el Festival de Cine de Cannes y su mercado, Marché du Film, realiza acciones oficiales.

–¿Por qué la Argentina?

–Porque la conocí hace muchos años, cuando el país retornó a la democracia, durante un viaje estudiantil en los años 80 y me encantó. Me sentí como en mi propia casa —le confiesa a LA NACION revista—. Fue un gran viaje. Brasil, Chile, Perú, Uruguay... Y de pronto, llegado a Buenos Aires, me sentí en casa. Además, en la Argentina tengo amigos en todas partes: en Mendoza, en Tucumán, en Bariloche. Es un país al que regreso siempre y donde, cada año, el Festival de Cannes me vuelve a llevar.

Esta vez, Thierry Frémaux viaja también a nuestro país en el marco de la operación Ventana Sur, que está acompañada de La Semana de Cannes en Buenos Aires, una selección de algunos films presentados en la competición de 2018 que se exhibirán desde mañana y hasta el sábado en el Espacio Incaa Cine Gaumont. Como siempre, este año habrá un invitado especial: Tim Roth, presidente en 2018 del jurado de Un Certain Regard (Una cierta mirada) de Cannes.

Quienes lo conocen bien afirman que Frémaux es un fiel habitué del vagón 12 y del asiento 14 del Tren de Alta Velocidad (TGV) que lo lleva todo el tiempo entre París y Lyon, donde también dirige desde hace una década el Festival Lumière. Que cuando desciende del avión que lo trae de Buenos Aires o de Toronto, sin darse un día de descanso junto con su esposa, Marie y sus dos hijos, se calza los audífonos en para recorrer kilómetros en bicicleta. Que frecuenta tanto los estadios de fútbol como los conciertos de rock o los restaurantes típicos lioneses. Que pasa sus días en salas de proyección y no duerme de noche.

Frémaux camina junto con Cate Blanchett, presidenta del jurado, en la edición de mayo último del célebre encuentro cinematográfico
Frémaux camina junto con Cate Blanchett, presidenta del jurado, en la edición de mayo último del célebre encuentro cinematográfico

–Como responsable de los dos festivales de cine más importantes de Francia, ¿cuál es, a su juicio, la importancia de un festival de cine en el mundo actual?

–Creo que los festivales de cine, como los de música o de literatura, tomarán cada vez más importancia. Por un lado, los films tienen dificultades para encontrar salas de proyección, en particular el cine de autor, de modo que el vínculo que se crea con el público a través de la fiesta, el evento, el festival, permiten el encuentro de las obras con el público. Y tengo que decir que el público de los espacios Incaa, como el Gaumont, una gran red argentina, en la cual nos presentamos hace 10 años, es absolutamente formidable.

–¿Es verdad que los argentinos son un buen público para el cine, el teatro y la música en particular?

–Generoso, atento, exigente, curioso. Es que, en el mundo del siglo XXI, donde es posible mirar los filmes por internet, un festival es cada vez más importante porque justamente permite el encuentro humano, el diálogo, el contacto con el otro gracias a la gran pantalla.

No hay ninguna duda, Frémaux no se detiene nunca. Y la mejor prueba es su pródiga carrera en el mundo del cine. Cuando nació en las afueras de Lyon, el 29 de mayo de 1960, nada predestinaba a ese personaje cálido, accesible y decididamente optimista a aventurarse por la senda cinematográfica. Aparentemente habría sido su padre, ingeniero en la gran empresa nacional de electricidad francesa EDF, quien le hizo descubrir ese medio de candilejas.

Sin embargo, cuando alguien le pregunta cuál es su primer recuerdo como espectador, Frémaux responde que, en verdad, "cambia siempre de respuesta porque no consigue recordar con exactitud". Cree, sin embargo, que su primera presencia física en una sala de cine fue para ver un dibujo animado de Walt Disney.

También afirma tener dos recuerdos de esas épocas: haber visto La diligencia, de John Ford, y haberse dicho que no solo era un buen western, sino que había algo más. Y después, Pierrot el loco, de Jean-Luc Godard, le demostró que se podían contar historias de otra manera.

Tal vez no haya sido en ese momento preciso, pero Frémaux no tardó en convencerse de que su futuro sería el cine. Comenzó a hacer estudios sobre Historia Social del Cine en la universidad, que duraron hasta que los responsables del Instituto Lumière de Lyon, intuyendo su talento, le dieron su primera oportunidad, primero como voluntario y, a partir de 1983, como colaborador permanente.

En 1995, Frémaux se convirtió en el director artístico de esa institución. Y, desde 2004, contribuye al éxito del Festival de Cannes. Primero, como encargado de programación y, después, como delegado general. Desde ese prestigioso cargo, Frémaux es responsable de prácticamente todo: la intendencia, la administración, la logística y el contenido artístico del festival. Gracias a su entusiasmo y a su creatividad, regresaron a la programación de Cannes los films estadounidenses, así como la llegada de películas de animación.

"Gracias a Frémaux, el Festival de Cannes es cada vez más atractivo y sigue siendo una cita obligada", opina el crítico Philippe Dupuy.

–Me referí al futuro de los festivales en la era de internet, debido al debate suscitado en Cannes por las producciones de Netflix desde hace dos años, y por las cuales usted sufrió algunos contratiempos. A su juicio, es necesario aceptar e incluso proteger a Netflix pero, al mismo tiempo, proteger las salas de cine. ¿Cómo se logra eso?

–Prefiero no abordar ese tema. Porque es una cuestión sensible y porque el Festival de Cannes está en el corazón de ese debate apasionante que toca al futuro de la producción, de la explotación en sala, en internet. Sí, tengo la convicción de que es necesario proteger y hacer perdurar el cine en las salas y Francia es un país donde hay muchas salas. Y, al mismo tiempo, hay un mundo nuevo con el cual es necesario dialogar.

Probablemente, esos "contratiempos" hayan sido producto de su entusiasmo y esa inclinación natural a hacer la síntesis entre lo clásico y lo moderno. Todo comenzó en 2017, cuando –junto con el presidente del Festival de Cannes, Pierre Lescure– decidió abrir la competición oficial a dos películas de Netflix, provocando la reacción indignada de una parte de la profesión y, sobre todo, de los dueños de salas de proyección. Frémaux y Lescure fueron acusados de "abdicar" frente a los intereses del líder del streaming.

Llamado al orden por el consejo de administración del festival, Frémaux dio marcha atrás, prohibiendo la plataforma SVoD los honores de la competición 2018. Debilitado, algunos medios dijeron incluso que preparaba su dimisión.

Pero la victoria fue de corta duración para los medios cinematográficos franceses. Porque Netflix decidió boicotear Cannes y reservó varios de sus mejores films a la Mostra de Venecia. Entre ellos, la perla rara: Roma, de Alfonso Cuarón, que obtuvo el León de Oro [y se estrena el próximo viernes en la plataforma de streaming].

–¿Usted también es dueño de salas de cine en Lyon?

–Así es. Naturalmente, no soy personalmente el dueño. Es el Instituto Lumière que, viendo que había salas de cine cerradas, decidió de comprarlas y reabrirlas. Y funcionan fantásticamente bien. Es como para todo: cuando en el barrio no hay panadería y de pronto aparece una panadería formidable, con excelente pan, la gente se precipita a comprar.

–¿Cuál es la diferencia entre el Festival de Cannes y el Lumière? ¿Cómo deberían evolucionar ambos en los próximos diez años?

–Son dos festivales totalmente opuestos y, a la vez, totalmente complementarios. Es decir que en Cannes hay competición; en Lyon, no. En Cannes es un cine muy contemporáneo, en Lyon, un cine clásico. Cannes tiene alfombra roja y Lyon no. En Cannes, los artistas están en promoción de sus films, en Lyon es todo lo contrario: los artistas van para declarar su amor al cine, su amor por los films de los otros. Cannes es un festival de profesionales y Lyon es un festival para el público. Naturalmente, Cannes es el festival más importante del mundo, el buque insignia y seguramente lo seguirá siendo, a condición de ser siempre exigente sobre la calidad, el arte cinematográfico. Ser siempre exigente sobre el sitio que debe tener el cine en el mundo, sobre su universalidad. La Palma de Oro este año fue un film japonés [ Shoplifters, del realizador Hirokazu Kore-eda], había un film libanés… Es decir que Cannes sigue siendo un lugar donde todas las filmografías del mundo deben sentirse en su casa.

–¿Cuál es la receta del éxito del Festival Lumière?

–Es verdad, es un éxito. En una semana este año hicimos 185.000 espectadores. Creo que se debe, sobre todo, a que el público está intacto. Tomemos el ejemplo del público de Buenos Aires. Allá necesitamos varios años para construir el éxito del Festival de Cannes en Buenos Aires. Pero después la gente se enamoró. Porque son generosos. Son curiosos. En Lyon, fue lo mismo a nivel de una ciudad, donde devolvimos el orgullo a los espectadores lioneses porque recordemos que el cinematógrafo nació en Lyon, inventado por los hermanos Lumière. Nosotros quisimos establecer un vínculo entre el origen del cinematógrafo y las vedettes contemporáneas. Fue Clint Eastwood quien vino a bautizar el festival.

–Pero no es solo el público lionés el que asiste a ese festival….

–No, no. Es verdad. Ahora la gente viene de todas partes. Y, para responder a su pregunta sobre el futuro del Festival Lumière, queremos continuarlo en Lyon, pero quizá también organizar festivales de cine clásico en todas partes del mundo. ¿Por qué no en Buenos Aires, por ejemplo?

–¿Es solo una idea o ya hubo propuestas entre usted y la gente de Buenos Aires?

–Ya hemos hablado…

–¿Cómo ve el futuro del cine en general y más particularmente del cine francés?

–El futuro del cine me parece portador de una inmensa esperanza, porque hay realizadores formidables y fantásticos actores. Hay fabulosos contadores de historias. Creo que mientras más plataformas de internet existan, más salas de cine habrá. Mientras más música haya en internet, más irá la gente a los conciertos. Mientras más partidos de fútbol haya, más irá la gente a los estadios. Sin embargo, es posible mirar los partidos por televisión, pero la gente quiere estar ahí. Y bien, para mí, una sala de cine es como un estadio, es como ir a un concierto. Pero también es una educación, de modo que es necesario formar al espectador. A la exigencia y a la fiesta.

–¿Cree que los poderes públicos tienen conciencia de eso? ¿Acaso hacen el esfuerzo de ayudar al cine en estos tiempos de austeridad?

–En Francia, sí. Se puede decir que existe un modelo francés. Pero también en China. El Incaa en la Argentina, por ejemplo, hace formidables esfuerzos con los medios que tiene. El cine argentino es célebre en todas partes. Mire los films de Pablo Trapero, de Juan José Campanella, de Ricardo Darín… Todo eso es una suerte de bandera argentina plantada en todas partes.

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