
El discurso amoroso
Por Mex Urtizberea
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Después de tantos años de haber terminado el secundario, descubro lo importante que ha sido aprender literatura. La razón es sencilla: a las mujeres les fascina que seamos poetas. Siempre tenemos que hacerles el verso y tratarlas de novela.
Para chamuyar a una mujer resulta muy útil tener presente los tecnicismos que aprendimos en literatura: si deseamos halagar el rojo de unos labios seductores podemos recurrir siempre a una metáfora del tipo tu boca es una remolacha. Si esa boca está acompañada de unos alargados ojos verdes, se puede redoblar la apuesta y decir tu cara es una ensalada de remolacha y chauchas. Si necesitamos gritar un piropo por la ventanilla del auto, algo rápido y demoledor, la figura retórica que conviene aquí es la hipérbole (es decir, la exageración). Podría ser algo como sos un camión con acoplado. Cuando la mujer amada no duerme con nosotros, por teléfono le decimos mi cama te extraña, y resulta que le damos a la cama rasgos humanos, es decir, construimos una personificación. ¡Si pudiera oírnos ahora nuestra profesora de literatura, se arrepentiría de habernos aplazado tantas veces!
mex@urtizberea.com






