
El gran cineasta japonés
Una retrospectiva dedicada a Shohei Imamura
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Si mis películas parecen desordenadas es porque seguramente lo son", aseguró Shohei Imamura, el director japonés que protagonizará la retrospectiva dedicada a su nombre que se desarrollará desde el martes y hasta el 15 de agosto.
Del dos veces ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes, se presentará en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín una muestra de trece films, once de ellos inéditos, traídos especialmente desde Tokio por The Japan Foundation. El ciclo, denominado Shohei Imamura: la ley del deseo, es organizado por el Teatro San Martín y la Fundación Cinemateca Argentina y la colaboración del Centro Cultural e Informativo de la embajada de Japón.
"No me gusta el cine perfecto", confesó más de una vez este director nacido en Tokio en 1926. Imamura, comenzó su carrera como ayudante de Yasujiro Ozu, en los estudios Shochiku, pero al dirigir sus primeros films -a fines de los años 50, cuando junto a Nagisa Oshima y Masahiro Shinoda dio vida a la conocida Nueva Ola Japonesa- su cine se alejó del de su mentor.
Junto a su par Ko Nakahira se convirtió en uno de los primeros cineastas en abandonar voluntariamente a sus maestros para sumarse a los nuevos estudios Kikkatsu, reabiertos a fines de los años 50.
El cine de Imamura, como el de Nakahira, se interesó desde un comienzo en los problemas de los jóvenes en el Japón de posguerra. Imamura, contrariamente a Ozu, se caracterizó por revelar los aspectos más oscuros e irracionales del Japón moderno.
Prostitutas, gigolós, pornógrafos o campesinos olvidados, son una constante en su filmografía. "Amo a todos los personajes de mis películas, aún a los más toscos y frívolos."
Sus trabajos revelan fascinación con elementos de superstición e irracionalidad que le sirven para desnudar lo primitivo de la cultura japonesa.
La renovación viene de Asia
Esta es una de las frases que más veces se han repetido en el mundo cinematográfico en los últimos años. Las películas más experimentales y los directores más talentosos vienen de aquel continente.
En nuestro país, durante mucho tiempo, la reputación del cine japonés se basó exclusivamente en la figura de Akira Kurosawa. Hoy, gracias al estreno comercial de Flores de acero , de Takeshi Kitano, La vida después de la muerte, de Kore-eda Hirokazu y del ciclo dedicado a Imamura que comienza el martes, el público local tiene buenas posibilidades de reencontrarse y por qué no, descubrir el cine del Sol Naciente.
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