
El gran salto de Marianela
A los 15 años, la bailarina favorita de Maximiliano Guerra remontó vuelo: está en Londres, en el Royal Ballet, donde debía cursar el último año de la escuela antes de presentarse en los espectáculos. A los cinco días, le ofrecieron un papel de solista en Giselle. Debuta hoy
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Marianela Núñez se incorpora para saludar. Su altura (1,68) y su físico ocultan, en parte, sus escasos 15 años.
Al sentarse, se encarna en su edad. Tímida, como buena adolescente, gesticulando a troche y moche sus inmensos ojos azules, y con una risa o interjecciones que anteceden a sus respuestas, uno comprueba que desearía estar en cualquier lado menos frente a un reportaje. Para romper el hielo, la periodista le dice:
-Vos sos del signo de Aries. Debés de ser muy fuerte, como creo que es la mayoría de los arianos...
Bambolea su cabeza como rama al viento, pareciendo afirmar que ni tan tan ni tan poco. Después responde: "Además del signo, me quisieron llamar Ariana. A mi mamá no la dejaron en el Registro. Entonces me anotó como Marianela. No sé por qué".
La casi Ariana ha sido tocada en los dos últimos años por la varita mágica. Bailarina de ballet de oficio, partió para el Viejo Mundo para integrarse a una de las compañías más reconocidas: el Royal Ballet de Londres.
La aventura comenzó como en los cuentos: debía asistir durante seis meses al último año de la escuela, para sólo después ingresar en la compañía, pero a los cinco días de verla en clase le pidieron que, ya mismo, aceptara un papel de solista en la próxima puesta de Giselle . El debut es hoy, y hubo que superar un problema: según las leyes inglesas, un menor de 16 años no puede intervenir en espectáculos profesionales.
Para sus pocos años, el currículum de Marianela es muy amplio: a los 11 actuó en el Luna Park com Paloma Herrera y a los 12 bailó en Don Quijote, en el Colón
O sea que ya por estos días puede darse el lujo de estar pispeando -eso sí, en puntas de pie- la ciudad brumosa y los ojos desganados de los ingleses, mientras desarrolla su carrera allá. Revoleando su cabeza y sus ojos, afirma: "Para mí, el Royal era el súmmum. ¡Son todas bailarinas que... guauuuuuu!" Este ofrecimiento no le cayó como maná del cielo. Antes de aprender a hablar, Marianela descubrió el sabor de las tablas.
A los tres años ya estudiaba todo tipo de danzas. Tenaz la niña, optó por el clásico. Decidió entonces dedicarse a volar como un pájaro y a enfrentar la vida en puntas de pie.
Su maestra, Sara Rzeszotko, la preparó para entrar en el Colón. A los nueve años ingresó. Para terminar de redondear su ficha, delinea a su familia: "Tengo hermanos mellizos de 22 años: Javier, estudiante de abogacía, y Juan Manuel, que está por recibirse de policía. Sebastián tiene 18 y estudia periodismo. Mi mamá es ama de casa y la pobre corre todo el día detrás de mí. Mi papá es comisario de San Martín".
El papá de Marianela es comisario en San Martín. "El es superabierto. Siempre me ha ayudado y siempre me apoyó en mi carrera", dice.
-¿Comisario? Parece raro que un comisario acepte que su hija se dedique al arte...
-Parece, pero no. Es superabierto. Yo desde chiquitita le decía que quería hacer mi carrera afuera. Mi papá me ayuda mucho.
Para tan escasos años, su currículum es frondoso. En el Colón, percibiendo las dotes de la niña, los maestros Katty Gallo y Raúl Candal la prepararon para iniciar una carrera internacional.
Tomó cursos con Serguei y Helena Radchenko, del Bolshoi de Moscú. En 1992 integró el ballet infantil dirigido por Lastra. En 1993, con 11 años, participó junto a Paloma Herrera y el American Ballet Theatre en el Luna Park. Ese año ganó la medalla de plata en el Concurso Arte y Cultura 93 de la Argentina y obtuvo el primer lugar y Premio Revelación en Bento em Danca do Brasil.
Con 12 años, en 1994, interpretó el papel de Cupido en Don Quijote con los primeros bailarines Faruk Ruzimatov, Julio Bocca y Raúl Candal, en el Luna Park y en el Colón. Obtuvo en el Festival de Joinville (Brasil) el segundo puesto.
Al estrenar sus 13 años, en 1995, la invitaron a la School of American Ballet. Cuenta: "Fui a un workshop de verano. Me acompañaron mi mamá y mi profesora. Me invitaron a quedarme. Pero me salieron otras cosas y me vine". En agosto ganó la Medalla de Oro en el Primer Festival de Danza del Mercosur de Buenos Aires.
No crea usted, lector, que la jovencita enumeró su currículum. Dio algunas pistas, se olvidó de la mayoría, aunque de acuerdo con el énfasis de su relato, lo que más la marcó profesional y humanamente fue su asociación con Maximiliano Guerra.
El bailarín la convocó en 1995 para formar parte de su cuerpo de baile en una gira por las provincias. Allí no quedaron las cosas. Guerra la seleccionó para el papel principal de La doncella de nieve en una gira nacional.
Al finalizar, el bailarín la llamó a su camarín: "Y me dijo así, tranqui, si quería bailar con él en Montevideo. Yo me quedé frita. Era un sueño, lo tengo como ídolo desde chiquitita".
Creyendo que tocaba el cielo con las manos, partió para Montevideo, interpretando a sus 14 años, Diana y Acteón y Don Quijote .
En octubre de ese año Raquel Rossetti, directora del Colón, la contrató como primera bailarina para realizar una gira por Europa con el ballet estable, actuando con su ídolo. Hablando de Guerra, dice: "Es superbueno, no tiene vanidad, me da mucha seguridad, que para mí es fundamental porque soy chica. ¡Es un genio! Tiene un nivel altísimo como bailarín y como persona. Yo realmente no puedo creer todo lo que me ayuda".
En febrero de este año, cuando aún no había cumplido 15 años, la invitó el director Renato Zanella para integrar el Ballet de la Opera de Viena. Con su madre a cuestas, partió por cinco meses. Al finalizar, el director le ofreció integrar el ballet, y no aceptó. Radiante, volvió al pago.
Ya con destino de hormiguita viajera, partió para el World Ballet Festival de Japón, invitada por el director, donde bailó junto a su amado Maximiliano.
-¿Qué sentís antes de salir a escena?
Carraspeando, como hace siempre antes de responder acada pregunta, Marianela, dice: "Es horrible, siento aquí, en la panza (se la toca), unos nervios terribles. Apenas piso el escenario se me va todo. Además, cuando lo veo a Maximiliano, me siento segurísima".
-¿Qué sensación predomina antes de un estreno?
-El miedo. En los ensayos fallo más que de costumbre. Al salir al escenario la cosa cambia, no sé qué me pasa.
-¿Y al terminar una función?
-Que quiero más.
-¿Qué te produce el aplauso del público?
-Es fabuloso. Una siente que todo el esfuerzo valió la pena. El público lo entiende y te responde. Me siento no sé cómo, bien acá (redondea con su mano la zona del plexo) . El aplauso me da fuerzas para seguir.
-La prensa especializada, no sólo de acá sino de otros países, te denomina como revelación... ¿Cómo anda tu vanidad?
-Noo, noo -tartamudea-, es que no caigo, no sé lo que me está sucediendo.
-¿Sentís que todo va muy rápido?
-Puede ser, sí... Es todo como un sueño. Como si le pasase a otra.
Al tenerla enfrente, uno siente que realmente la pequeña no aterrizó. Es fresca, no conoce aún las trampas ni los clichés de los reportajes. Le da vergüenza hablar. Parece que aún no digirió los dos últimos años de su vida en los que giró como remolino y se encontró, sin entender demasiado, en la cresta de la ola.
Muchas veces, al comienzo del reportaje, se movía inquieta en su silla, como deseando que todo terminase muy pronto. Después se aflojó.
-¿Tus padres imaginaron que tu carrera iba a tomar esta dimensión?
-¡Es que fue todo tan rápido! Cuando empecé las maestras me veían condiciones, pero nunca soñamos todo lo que sucedió. Y esto de Maximiliano fue un shock para todos...
-¿Qué opina tu padre de tu viaje a Londres?
-Y bueno, no, que... (toma aliento y larga la frase de un tirón) que me van a extrañar muchísimo. Es mucho tiempo. Pero en diciembre vuelvo por unos días.
Quienes la rodean dicen que su padre es bastante abierto. El más duro frente a la dimensión que está tomando la carrera de la jovencita es su hermano Juan Manuel, el técnico en óptica que está por recibirse de policía.
-¿Te planteaste que podés no volver a tu país?
-Sí. Por un lado me da pena por mi familia. Por otro, pienso que allá están las posibilidades. Aquí todo se complica. Como está el país, está el teatro.
-Si te comparás con chicas de tu edad, ¿sos afortunada?
-En cierta forma sí. Sé lo que quiero ser cuando sea grande.
-¿Cómo ves a tu generación?
-(Abre mucho los ojos) Perdida. Tengo amigos que están fuera del ballet, está todo dado vuelta. Todo les cuesta mucho. Además, por mi papá, veo que hay mucha droga. El me cuenta. Chicas más jóvenes que yo, con todos los problemas que tienen.
-¿Qué hacés en tus ratos libres?
-Me encanta ir al parque de diversiones. El año último fui cuatro veces a bailar; no me llamó la atención.
Al hablar de la música que escucha, menciona la de ballet y algo de Mozart. Hace un silencio y agrega que le fascina Luis Miguel. Pone los ojos en blanco y grita ¡¡guauuuu!!
-En Londres entonces vas a estar en tu salsa. Allí todos son igualitos a Luis Miguel.
-Me encanta, físicamente y como canta.
-Bueno, no te preocupes. Después, cuando hayas triunfado en las tablas europeas, te acercás a su escenario y le decís: Luismi, aquí estoy. He atravesado océanos por ti. Después lo mirás bien de cerca y te preguntás: ¿Y éste era el que me quitaba los sueños?
Marianela Núñez, nieta de españoles por ambas ramas, sin antecedentes artísticos en su familia, lanza una carcajada casi de niña.
"Marianela es inteligente, sabe captar lo que se le pide y es muy trabajadora. Espero que tenga un gran futuro", dice Maximiliano Guerra.
Con ese vértigo que antecede a los despegues, sabiendo que su madre sólo la puede acompañar por unos días y que después, como las golondrinas, deberá emprender a sus 15 años su propio vuelo.
A la periodista le salta ese poema del vagabundo Cendrars: Platón no da al poeta derecho de ciudad / Judío errante / Don Juan metafísico... / Todos los hombres todos los países todos los mares...
-¿Te gusta vivir en puntas de pie?
-¡Es terrible! ¡Con los pies que tengo! Cada vez que los muestro me da vergüenza. Con ampollas por todos lados. Pelados. Cuando voy a la playa, los escondo en la arena. Y en verano, con las sandalias, ¡vergüenza total! En Japón me salió una ampolla en el talón. Era enorme. En el ensayo me dolía muchísimo, durante la función no la sentí. Después me volvió a doler.
-Decime, Marianela, ¿qué querés ser cuando seas grande?
-(Se tienta) ¡Uuuuyyy! ¡Qué pregunta! ¿Bailarina, quizás? Marianela Núñez, que cuenta entre sus sueños interpretar Romeo y Julieta y La Bella Durmiente , se despide. Su madre la espera afuera. Una pequeña que no termina de asumir sus blasones artísticos. Un talento más que se fue afuera en busca de un medio que le permita desplegar todo su potencial creativo.
Texto: Agustina Roca
Fotos: Ruben Digilio
El talento de Marianela
Por Maximiliano Guerra
"¿Por qué elegí a Marianela como mi compañera? Porque es sumamente talentosa. ¡Tiene un gran futuro! Yo empecé mi carrera bailando pas de deux. Creo que es la mejor manera. Por eso se lo propuse a ella. En los pas de deux, el bailarín puede demostrar lo que vale técnicamente. Pero, sobre todo, puede contar de una manera abstracta un fragmento de la obra sin tener la responsabilidad de mantener un personaje durante dos o tres actos de un ballet completo. Considero que a los quince años nadie está listo para ello.
"Creo también que las carreras se deben construir paso a paso y no quemar etapas de golpe.
"Marianela tuvo tres importantes ofrecimientos: el Ballet de la Opera de Viena, el Ballet de Stuttgart y el Royal Ballet de Londres. Yo le aconsejé el Royal Ballet, pero es ella quien debe decidir.
"Ahora se fue por unos meses al curso de graduados de la Escuela del Royal Ballet. Luego ella irá forjando su destino artístico.
"Es inteligente, sabe captar lo que se le pide y espero que se pueda realizar como artista. Es una gran trabajadora y se lo merece.
"Les cuento una anécdota: cuando terminamos la primera función en el Festival de Japón, donde bailábamos Diana y Acteón , la fui a buscar al camarín y no la encontré. La busqué por el escenario y ni rastros de ella. ¿Saben dónde estaba? A un costado del escenario. Con Silvie Guillen, una de las más importantes ballerinas de la actualidad. Se había acercado a Marianela y la estaba felicitando calurosamente y aconsejando. Creo que Japón va a ser inolvidable en el futuro de Marianela."






