El hincha. Quique Pesoa y su herencia futbolera

Fuente: Archivo - Crédito: Teresa Buongiorno
Diego Zwengler
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26 de octubre de 2020  • 16:07

¿Cómo se inicia tu relación con Rosario Central?

No tiene explicación. Es como nacer en una casa que tiene determinada creencia, religión o partido político. Uno se va formando dentro de eso y parece inevitable, aunque hay casos de personas que se han sublevado contra esos mandatos. No es el mío: mi papá era de Central y eso se respiró desde el arranque; por lo tanto, me críe siendo canalla y eso es indiscutible.

¿Qué tan canalla sos?

No soy un fanático ni estoy enfermo, pero no es algo discutible. El fútbol me atrae relativamente, pero no te cambiás de club porque algo te deslumbró de otro, eso no es normal. Lo natural es que si te criaste siendo de un equipo eso perdure toda la vida, aunque no se sabe bien por qué. Es una fidelidad que se mantiene más allá de la virulencia con la que seas hincha.

Tu papá llegó a jugar en Central, ¿es cierto que compartía parte de su sueldo con los compañeros que más lo necesitaban?

Jugó unos cinco meses cuando tenía 19 años y después se casó, en 1936. No estaba bien visto como ahora que alguien jugara al fútbol, así que mi mamá lo emplazó para que dejara. Él era half izquierdo, detrás del "Chueco" García. Según cuentan era muy veloz, muy ágil y llevaba la pelota a la carrera casi por la línea. Cuando García se fue a Racing se lo quiso llevar, pero ya se había casado. Mi papá era hijo de un estanciero y venía de una familia de guita, con campos. Él mismo me contó que no necesitaba la plata; era el único que llegaba a la concentración en auto. En aquellos años, no se ganaba mucho dinero jugando al fútbol, entonces lo que cobraba lo repartía.

¿Compartiste con él algún momento en el Gigante?

No fui tantas veces a la cancha, pero recuerdo la única ocasión que lo acompañé. Era muy chiquito, fue cerca del 65. En aquellos años, existía la famosa platea femenina que tenía un alambrado alrededor y me acuerdo de un jugador, un tal Bielli, que tenía una pinta impresionante, salía último en la fila y las mujeres aullaban y suspiraban.

No encuentro una relación que pueda explicar que seamos lo popular y Newell's lo cajetilla, pero sí hay una relación entre Rosario Central y el peronismo. Ser peronista y de Central es como ser parte del alma de la ciudad. Una ciudad a la que yo critico mucho y de la que me fui enculado, pero sin enojarme con el club.

¿Cómo se explica que la mayoría de los referentes conocidos de la cultura rosarina sean canallas?

Es probable que el hecho de ser artista te arrime a lo popular, y si dijimos que lo popular y Central siempre estuvieron cerca, ahí puede encontrarse una razón. Pero Rosario no ha dado talentos, los ha expulsado. Es un reproche que siempre le hago a la ciudad, que no supo cómo retener a su propia gente.

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