El hombre que vivió un año en el espacio
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Scott Kelly es el "astronauta récord" de la NASA: puso su cuerpo a prueba para una investigación sobre las consecuencias que enfrentan los humanos al pasar meses con gravedad cero y alta radiación; en la Tierra, al mismo tiempo, monitoreaban a su gemelo
En el exacto momento en el que alunizó el Apollo 11, el 20 de julio de 1969, Scott Kelly tenía cinco años y estaba durmiendo tan profundamente como su hermano gemelo, Mark, en su casa en Nueva Jersey. Sus padres vinieron a despertarlos y los llevaron al living, donde un televisor transmitía en blanco y negro las imágenes de la hazaña: Neil Armstrong y compañía eran los primeros en pisar el satélite natural.
Desde entonces y durante años, el pequeño Scott tuvo una pesadilla recurrente: que estaba atado del lado de afuera de un cohete espacial a punto de despegar, y él sabía que no sobreviviría al momento de la ignición. "Cada vez que tenía esa pesadilla, me despertaba, sudando y aterrorizado, justo antes de que los propulsores lanzaran sus llamaradas al cielo", relata Kelly (52) en su biografía Resistencia: Un año en el espacio, que publicó a fines de 2017 y ahora llega a la Argentina, traducida al español bajo el sello Debate (Penguin Random House).
Por esas vueltas de la vida, ese nene atormentado por el recuerdo de uno de los momentos claves en la historia de la humanidad (y que, además, tenía muchísimos problemas de atención en el colegio y no paraba de darles sustos a sus papás, porque siempre andaba junto a su hermano trepando algún techo peligroso, peleándose con los otros chicos del barrio y hasta tirándole piedras a la gente que pasaba) terminó protagonizando otro hito de la exploración espacial: fue el primer astronauta de la NASA en pasar un año en el espacio –aunque, en rigor, fueron 340 días, del 27 de marzo de 2015 al 1° de marzo de 2016, y vale aclarar que no se lleva el récord mundial: ese lo ostenta, desde 1995, el ruso Valery Polyakov, con 438 días consecutivos a bordo de la estación espacial Mir–. Pero la misión de Scott fue única por dos razones. La primera, porque el objetivo principal era estudiar todo lo que le pasaba al cuerpo humano en período tan largo, en vistas a una futura expedición a Marte (con la tecnología actual, llevaría unos 200 días llegar al planeta rojo, y es clave que los científicos entiendan cómo puede impactar esto en los astronautas). Y la segunda, porque su gemelo Mark, ¡también astronauta!, se quedó en la Tierra y fue tan monitoreado como él por la NASA, para así poder realizar comparaciones de todo tipo, ADN incluido.
En total, la misión incluyó 400 experimentos, muchos de los cuales tuvieron a los hermanos Kelly como conejillos de Indias, y uno de los resultados preliminares más llamativos fue que la expresión génica de Scott cambió en un 7% y creció cinco centímetros en altura porque su columna vertebral se estiró a causa de la ingravidez. Aunque la NASA planea publicar el informe final y completo a fin de año, ya hay una certeza sobre la cual a Scott le gusta bromear: "Por estar todo ese tiempo en el espacio, resté 13 milisegundos del proceso de envejecimiento que habría tenido en la Tierra, así que ahora soy más joven que mi hermano", dijo a su regreso.
Scott estuvo solo durante la mayor parte de la misión en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), con gravedad cero y alimentándose con comida deshidratada e irradiada ("Latas de atún y esas cosas", explica). Sus tareas diarias consistían en plantar lechugas, observar el comportamiento de unos ratones de laboratorio, arreglar alguna que otra falla de la ISS y, sobre todo, registrar cada mínima sensación de su cuerpo. "No tuve tiempo de aburrirme", asegura y, aunque afirma que no es un tipo solitario, su estilo corto y seco al hablar [al menos, en su conversación telefónica con LA NACION revista] da indicios de que tampoco es un fanático de la conversación.

Con tu hermano Mark, comparten una profesión muy particular. Ser astronauta, ¿se nace o se hace?
En nuestro caso, creo que nuestra personalidad fue de gran ayuda en este trabajo. Hay características claves con las que nacimos: la atracción por los desafíos y el riesgo, la habilidad de manejar el estrés y de responder bajo presión. Muchos de los que terminamos siendo astronautas tenemos una cierta cualidad innata sobre estas cosas, no es algo que hayamos aprendido. Pero con esto no quiero decir que no sea algo que quizás se pueda desarrollar. Y, sin dudas, las habilidades específicas que hay que tener para volar en el espacio no son algo con lo que uno nace, sino que se adquieren con mucho esfuerzo y práctica.
¿Qué es lo más difícil de convertirse en astronauta?
Las posibilidades de que te elijan, porque hay mucha gente talentosa y calificada que tiene el mismo deseo, pero hay pocas oportunidades de lograrlo. El factor suerte juega un papel importante en todo esto, hay mucha competencia. Entonces, lo más desafiante es aceptar que estás jugando con muchas variables sobre las cuales no tenés el control.
Para el que sí llegó y le toca una misión fuera de la Tierra, ¿el mayor desafío pasa por lo intelectual, lo físico, lo emocional...?
Personalmente, lo que más me costó fue lidiar con mi preocupación por mi familia. No poder estar si algo le pasaba a alguno de ellos –al menos, físicamente, porque desde la ISS podemos hablar por videoconferencia, ver televisión por satélite y todo eso–. Pero estar lejos físicamente de mi pareja y de mis dos hijas fue lo que siempre me costó más.

En Resistencia… dedicás casi tantas páginas a tu día a día en la ISS como a rememorar tu infancia y juventud. ¿Qué querías lograr con el libro?
Cuando empecé a escribirlo, pensé que iba a ser sobre un astronauta que pasa un año en el espacio. Pero, a medida que trabajaba en él, me di cuenta de que el corazón de la historia era este chico (o sea, yo) al que le iba mal en el colegio, que no encontraba el rumbo de su vida, hasta que leyó un libro que lo inspiró [N.de la R.: A los 18, encontró un ejemplar de Lo que hay que tener, de Tom Wolfe, sobre cómo la NASA eligió a los astronautas participantes del Proyecto Mercury]. Y eso me llevó a cambiar mi vida de muchas maneras hasta que, eventualmente, todo eso desencadenó en que fuera elegido para pasar un año en el espacio.
¿Una historia de reivindicación, entonces?
Sí. De cómo uno puede ser un mal estudiante y tener un slow start (inicio lento), pero eso no indica hasta dónde podés llegar después si tenés perseverancia y confianza. Cualquier cosa se puede hacer, por más inalcanzable que parezca, si se analiza la situación y se identifica qué hay que hacer para lograrlo. Se trata de no rendirse y creer en uno mismo.
El libro de Kelly está lleno de detalles insólitos y curiosos que ninguna película de ciencia ficción incluye –ni siquiera El marciano, protagonizada por Matt Damon en 2015, de la cual el hombre récord de la NASA opina que fue "bastante realista"–. Por ejemplo, el hecho de que, previo al lanzamiento, los astronautas deben aplicarse un enema y ponerse pañales. O las enormes diferencias entre los rusos y norteamericanos antes de abrocharse el cinturón. Sobre esto, relata: "El director de la agencia espacial rusa nos pregunta a uno tras otro, de nuevo, si estamos preparados para nuestro vuelo. Es casi como contraer matrimonio, salvo que cada vez que te preguntan algo respondes: 'Estamos listos para el vuelo' en lugar de 'Sí, quiero'. Estoy convencido de que a los rusos los rituales estadounidenses les parecerían igual de extraños. Antes de despegar en el transbordador espacial, nos poníamos nuestros trajes naranjas y a continuación jugábamos una partida de una versión muy específica de póquer en la que había muy poco dinero en juego. No podíamos salir a la plataforma de lanzamiento hasta que el comandante hubiese perdido una mano, agotando así toda su mala suerte del día. Nadie recuerda con exactitud cómo nació esa tradición. Tal vez algún miembro de una tripulación lo hizo por primera vez y volvió con vida, así que todos los demás tenían que repetirlo".

Pero Kelly también habla –y hace especial hincapié– en los puntos de contacto entre los países, exrivales de la Guerra Fría, durante la que el espacio fue una de las principales arenas de batalla. Hoy, la exploración espacial (y la expedición a Marte como principal objetivo) es un esfuerzo global. "La ISS es un logro notable, no solo de la tecnología, sino también de la cooperación internacional. Ha estado habitada de forma ininterrumpida desde el 2 de noviembre de 2000; dicho de otra manera: han pasado más de 14 años desde que todos los humanos estaban en la Tierra al mismo tiempo. Es, con mucha diferencia, la estructura espacial que ha estado un mayor período habitada, y la han visitado más de 200 personas de 17 países. Es el mayor proyecto internacional en tiempos de paz de la historia", señala Kelly, con una convicción férrea en la prioridad que debería tener todo esto en políticos, organismos internacionales y, básicamente, toda la humanidad.
¿Creés que vas a poder ver nuestra llegada a Marte?
Depende de cuánto viva, ¿no?
¿Viste el lanzamiento del auto Tesla de Elon Musk en febrero pasado? ¿Qué te pareció?
Sí, fue genial, una gran movida de prensa para él.
¿Por qué creés que es importante conquistar el planeta rojo?
Por muchas razones. Por ejemplo, por el hecho de salir hacia lo desconocido y explorar, que es una actitud que siempre marcó la historia de la humanidad. Hay mucho que aprender. Además, como especie, tenemos que seguir creciendo y expandiéndonos, y Marte es el próximo lugar lógico al que podemos llegar. Claro que primero hay que desarrollar tecnología para lograrlo.
¿Creés que hay suficientes fondos destinados al desarrollo espacial?
No, no creo eso. Pienso que deberíamos destinar más dinero en explorar la vida en el espacio, porque es una gran inversión. Y no es solo una falta de los Estados Unidos, sino de todos los países. No hablo de un presupuesto ilimitado, pero definitivamente más que lo que tenemos hoy. Que tampoco está tan mal, debo decirlo: el presupuesto de la NASA es de US$2000 millones al año, que no es algo insignificante.

¿Cuál es el mito más grande de la exploración espacial?
Que la Tierra es plana.
¿Y la mayor hazaña?
Construir la ISS. Creo que eso fue mucho más importante que ir a la Luna, sobre todo por el hecho de que pudo lograrse gracias al esfuerzo colaborativo de la comunidad internacional.
En el libro, mencionás muchos rituales, casi actos de superstición, que llevan adelante los astronautas antes de ser lanzados al espacio. Como, por ejemplo, orinar en la rueda del cohete antes de subirse. ¿Por qué son importantes, qué dice eso de nuestra naturaleza?
Son tradición, y los hacemos porque los seres humanos siempre repetimos las mismas cosas. No me parecen importantes, pero sí interesantes, y por eso los incluí en el libro.
También mencionás a tu colega Samantha Cristoforetti, resaltando el hecho de que es la primera astronauta mujer de Italia. ¿Qué rol pueden tener las mujeres en esta odisea humana?
Muy simple: la mitad de las personas en la Tierra son mujeres, así que creo que la mitad de los astronautas deberían ser mujeres.
¿Te sentís diferente a gran parte de la humanidad por haber estado fuera de la Tierra? Es una experiencia muy transformadora, dicen quienes la vivieron...
No, soy un tipo ordinario que tuvo la oportunidad de hacer algo extraordinario.
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