
El jazz llena de magia la noche de Buenos Aires
Noche de jueves en Palermo. En Thelonious, un club de jazz sobre la calle Salguero, no entra una persona más. Sus treinta mesas, reservadas con varios días de anticipación, están ocupadas y en la barra tampoco quedan lugares. Esta noche se presenta Mingunos, un ensamble de músicos que en promedio rozan los 30 años, que rinde homenaje a Charles Mingus, uno de los más notables compositores y contrabajistas que ha tenido el género. Pero que el lugar desborde de público no sorprende. Unos días después, cuando el saxo alto Carlos Michelini rinda tributo a Charlie Parker, el local volverá a lucir igualmente repleto. Como lo está casi todas las noches.
A no muchas cuadras de allí un grupo de jóvenes se agolpa en la vereda de Boris, otro club de jazz sobre la calle Gorriti. No podrán entrar, pues el lugar está lleno. Cuatro saxofonistas interpretarán Tenor Conclave, uno de los álbumes más importantes en los que participó John Coltrane. Y a metros de allí, en la esquina de Thames, el Club Monk también estará lleno, como las mesas del Virasoro Bar, del Velma Café, de la librería-concert Borges 1975, o las de Sheldon, un bar de moda en Plaza Cortázar que varias noches a la semana deleita a su público con jazz.
El fenómeno comenzó hace unos años, pero no para de crecer: los clubes y los ciclos de jazz proliferan por Buenos Aires, donde es posible disfrutar de esta música en vivo todas las noches de la semana, algo que pocas ciudades del mundo pueden ofrecer. De hecho, hoy Palermo puede jactarse de ofrecer cualquier noche de fin de semana más jazz en vivo que el que puede escucharse en Harlem, y sólo en Palermo Soho los escenarios de jazz ya superan a los lugares para comer sushi. No es la única zona que vibra al ritmo del swing o el hard bop. Al clásico Notorius, de Recoleta, se sumó hace pocos años Bebop, en San Telmo, un barrio donde varios bares también ofrecen sus espectáculos de jazz en vivo. Y hasta una revista impresa, BA Jazz Magazine, surgió este año en la ciudad como síntoma del interés creciente por el género. En medio de este auge, que atrae especialmente a jóvenes adultos de entre 25 y 45 años, el renovado teatro Coliseo será sede desde la semana que viene del Primer Ciclo de Jazz Internacional, que reunirá a varias figuras y grupos en una agenda de presentaciones que se prolongará hasta octubre. Luego será el turno de otra edición del Buenos Aires Jazz Festival, que crece cada año bajo la dirección de Adrián Iaies y que en su edición anterior cerró nada menos que el consagrado Branford Marsalis. Y por supuesto, como desde hace más de 30 años, Jazzología, el proyecto creado por Carlos Inzillo, convoca todo el año a los fanáticos del jazz en el Centro Cultural San Martín. Además, el CCK brinda conciertos gratuitos cada semana.
A Inzillo le gusta recordar una en frase particular de Jean-Paul Sartre, quien afirmó alguna vez que “el jazz es como las bananas, debe consumirse donde se produce”. La magia de la improvisación, que hace del jazz un género único, efectivamente se disfruta mejor en vivo. Y hoy Buenos Aires lo permite como nunca.
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