
Se llama Luis Lirio y paga las cuentas de su familia construyendo metegoles, ese juego inventado en 1800 que sigue generando momentos de felicidad
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Cientos de jugadores de distintos equipos esperan en fila, pacientes, ser convocados a la cancha, a alguna de las veinte canchas de metegoles que a diario se arman en una calle de Villa Lugano, donde queda la fábrica de Metegolazo. Hay de River, Boca, San Lorenzo, Independiente, Racing, aunque los que hoy no dan abasto son los que llevan los colores de la camiseta argentina y la brasileña. "Es una fija, en todos los mundiales la demanda es siempre la misma: Argentina-Brasil", cuenta Luis Lirio, dueño y alma máter de la empresa.
No hay mucho margen de diseño cuando se trata de construir un metegol. A diferencia de Europa, que los hace de madera, en la Argentina la tradición es fabricarlos en aluminio conservando siempre el proceso artesanal de ensamblado. El trabajo empieza con el mecanizado de los laterales que forman la mesa de juego. Mientras tanto, se prepara la cancha, que es una lona de plástico verde estampada con un shablón para marcar las áreas y el círculo central. Una vez impresa, se pega sobre una superficie de chapa que se encastra dentro del rectángulo ya atornillado. Allí se ubicarán las barras con los respectivos jugadores de cada equipo.
"Cada tanto participo de campeonatos de metegol, me gusta jugar", cuenta Lirio, que, antes de entrar al mundo del fútbol de mesa, trabajaba en un taller mecánico y estudiaba Ingeniería. Dice que la filosofía de sus metegoles es conservar la tradición que viene desde la invención del juego a mediados de 1800, cuando, al parecer, un médico inglés lo pensó como una herramienta de rehabilitación de enfermos. ¿Y de qué se trata la tradición? De continuar con la formación clásica de dos defensores: 2-5-3. Al parecer, hoy, por un tema de costos, se usa la 3-4-3, un formato que a los jugadores profesionales les parece un pecado mortal. "Como la barra de dos jugadores requiere mucha más resistencia que una de tres y cuesta más del triple, se pueden reducir costos haciendo una redistribución del equipo", señala Lirio.
Clásico o moderno, el equipo está formado por unos encantadores muñequitos morochos de acero trefilado que se pintan a mano con paciencia infinita. Si bien en la fábrica están todos los equipos de la A y de la B para elegir, el partido más popular de todos es siempre River-Boca, aunque por la zona sale mucho la camisera verde y negra de Chicago.
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