
El marketing al poder
Las playas de Pinamar apuestan más fuerte que nunca a las nuevas estrategias publicitarias de los sponsors
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De los destinos turísticos del atlántico bonaerense, Pinamar siempre tuvo fama de top, donde las chicas son lindas y bailan al son del último grito de la moda (bikinis de gamuza y telas metalizadas, anteojos con vidrios de colores y ojotas sofisticadas). Casi un mito. Sin embargo, este verano, solamente con darse una vueltita por las playas y abrir bien los ojos podrían rebautizarse a estas arenas como las del marketing y el merchandising (la gente dice recibir "regalitos").
Cada uno en el lugar de siempre, los paradores clásicos mantienen su nombre, aunque en vez del de ellos sobresalgan los logos de sus sponsors de turno. Así, un recién llegado que busca Pizza Banana deberá saber que -a simple vista- es sinónimo de Terra o Mitsubishi; del mismo modo que a El Signo todos lo llaman Unifón, y a la Sport Beach, CTI.
Aun cuando el sol calienta las arenas y todos desearían disfrutar del buen tiempo a pleno, las empresas proveedoras de servicios de Internet (todas, y por todas partes) congregan a los veraniantes que reclaman sus quince minutos de conexión free . Por alguna extraña razón que no tiene mucho que ver con el relax, en vacaciones todos quieren revisar su correspondencia virtual, a cada instante. Y ni que hablar de telefonía: se calcula que una de cada tres personas lleva su celular a orillas del mar. Un concierto de rings de los más variados y posteriores protestas por líneas congestionadas, se mezclan en el ambiente con la música de onda.
La platea masculina, agradecida
En pocos días Philips se convirtió en la palabra más dicha sobre la temporada en la costa; para hablar bien, para criticar o, simplemente, para hacer referencia al parador tecnológico que por tercer año consecutivo se instala en Pinamar -la firma ya lleva invertidos $ 750 mil en este emprendimiento-.
Lo cierto es que, aunque en su territorio no haya centímetro cuadrado de arena disponible para tenderse al sol, la mayoría de los jóvenes que deciden hacer un alto allí espera la aparición de las chicas Philips: un clan de modelos bien formadas que, a modo de show y sin previo aviso, se liberan del bikini. Una misión rentada (cada una de ellas cobra $ 2000 al mes) que desespera a la platea masculina.
Todo empezó cuando para 2001 la playa anunció que agregaría a sus servicios habituales (préstamo de cd players , grabadores y reproductores de MP3 y walkman) camas solares de acceso irrestringido y un bar topless, que no es más que una pequeña barra donde Elisa pasa la tarde sin la parte de arriba de su traje de baño.
"Nunca pensamos que el público haría topless, eso estuvo en el imaginario colectivo", admite Mike Cameroni, encargado de Relaciones Públicas de la playa. Y así es. La suelta de corpiños sólo corre por cuenta de la camarera -que se prestó al juego por el mismo sueldo que le habían ofrecido de bartender , $ 400- y las esculturales promotoras de la casa.
Al parecer, el balneario seguirá dando letra. Para estos días, Cameroni anuncia el desembarco de un clan de masajistas y dos maratonistas internacionales que ofrecerán entrenamientos para la largada de famosos, que se correrá desde los médanos vivos, el 27 del actual.
Más allá de La Frontera
Cuando la Avenida del Mar termina y seguir el camino en un auto convencional resulta inaccesible, la orilla del mar se puebla de 4x4. Cruzando La Frontera, hay camionetas de todos los colores y tamaños -claro que difícilmente se vea un jeep con más de un par de años de vida-. Allí está la Sport Beach, que conduce Marina Romano, la boca náutica y playa temática dedicada a los deportes no convencionales donde, al atardecer, la gente no para de bailar al ritmo de la banda invitada de turno.
Los que no tienen la dicha de contar con un doble tracción en su lista de bienes personales pueden llegar a pie, caminando unos 200 metros por arena. El esfuerzo no es en vano. Entonces se puede disfrutar de la playa sin un vecino pegado a las espaldas y no hay quien se contracture para mantenerse en pose. Allí, lo que vale es la diversión, como sea.
Pizza Banana se mantiene en movimiento
Al verano de Pinamar no podía faltarle, de ninguna manera, la cuota de vida sana que aporta desde hace un par de años la presencia de Adrián Cabello. El Indio -como mejor se lo conoce- despierta a la playa Pizza Banana con sus concurridas clases de gym para, media hora más tarde, invitar a sus fieles a salir de caminata cerquita del mar. En total, con sesión de localizada incluida, el bongiorno deportivo dura una hora y media.
Así se cargan las pilas de una jornada que sigue en clave natural, con un almuerzo frugal (se imponen las frutas y verduras), siempre acompañado por una botellita personal de agua mineral. Todo muy ligth .
En el mismo parador las firmas Mitsubishi y Terra hacen su apuesta. Los primeros, para tentar a los propietarios de camionetas con sus travesías diurnas, programadas de lunes a jueves, por los bosques y médanos. Pero no es necesario ser dueño de una doble tracción para acercarse a la primera experiencia todo terreno: los viernes y sábados, de 10 a 17, se dictan cursos de manejo completísimos, que incluyen navegación por GPS y hasta nociones de uso de Internet en el vehículo. ¿Cuánto? Gratis. Sólo hay que anotarse con anticipación en el stand visible desde avenida del Mar y, ante cualquier duda, preguntar por el anfitrión, Beto Pironti.
La segunda empresa, inscripta en el mundo virtual, instaló sus cabinas cibernéticas para que, también sin cargo, los clientes de esas arenas puedan revisar su correo electrónico o empreder una mini navegación, porque el free pass a la Red se vence en diez minutos.
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