
“Nacho, para mí, es el ´Messi´ de la equitación adaptada. Y lo digo por todo lo que él representa dentro del deporte. Por un lado, por sus cualidades: la disciplina, el compromiso, la forma en la que entrena y cómo atraviesa cada instancia dentro de la equitación. Todo eso ya lo posiciona como un jinete que se destaca. Pero además hay algo que va más allá de lo técnico. En un deporte donde la postura, la presencia y la elegancia son tan importantes, Nacho tiene algo muy natural que llama la atención. Cuando entra a pista, con su vestimenta de competencia, genera una atracción inmediata. Es un jinete muy elegante, y arriba del caballo transmite algo que hace que todos quieran mirarlo. Y cuando esa presencia se combina con una buena aplicación técnica, el resultado es que siempre se destaque en cada participación" dice Fernanda, la profesora que pasa horas en los entrenamientos de Nacho.
Hay encuentros que cambian todo: dos personas que se cruzan por casualidad o por el destino, que se miran de verdad, comparten silencios y palabras crudas. De pronto se convierten en espejos del alma del otro. Se retroalimentan en charlas que sanan sin promesas, dejando huellas indelebles que transforman para siempre.
Esas conexiones humanas, simples y profundas, nos recuerdan que nadie camina solo: en cada cruce hay una semilla de esperanza que germina, tejiendo redes de empatía que vencen soledades y abren caminos nuevos.

Ignacio Gómez Pereyra, Nacho, nació con una discapacidad intelectual que le genera dificultades en el aprendizaje, la comprensión lectora, la resolución de problemas, la toma de decisiones y las actividades cotidianas.
Aun así, realiza todas las tareas escolares adaptadas a su condición, ya que asiste a un colegio recuperador que le brinda el apoyo necesario.
“Poco a poco voy logrando autonomía para viajar en medios de transporte y salir con mis amigos. Elijo mi propia ropa, manejo celular, computadora y de a poco manejo el dinero”.
Nacho enfrenta limitaciones importantes: no puede realizar actividades escolares si no están adaptadas a su condición, ni concurrir solo al médico o a profesionales, ya que necesita apoyo para comprender las consignas.

A pesar de esto, sigue adelante con el acompañamiento adecuado que le permite avanzar día a día.
Cuando era más chico, Nacho realizó fonoaudiología, psicología, psicomotricidad y psicopedagogía. Ahora solo continúa con psicopedagogía y psicología.
“Me gustaba salir del colegio y saber que por la tarde iba a estar con el pony”
Nacho comenzó con equinoterapia en 2017, cuando tenía 10 años. En esa primera etapa montaba un pony llamado Gonzalo, y la profesora Vanina lo guiaba en ejercicios de relajación sobre el lomo del caballo, para luego enseñarle a manejar las riendas y controlarlo.
“Me gustaba salir del colegio los viernes y saber que por la tarde iba a estar con el pony. Me ayudó a prestar atención, a manejar mi ansiedad y, sobre todo, a usar el baño de manera normal, sin asistencia, algo que antes era un inconveniente importante en mi vida cotidiana".

Asistió durante casi 8 meses, ya que en ese momento era muy costoso para su familia.
Volver al primer amor
Sin embargo, en 2022, con 14 años, Nacho llegó al Club Hipocampo listo para reconectar con su pasión por los caballos. Lo que más disfrutaba era volver a montar, aprender cada día un poco más y simplemente estar cerca de esos animales que tanto admira.
Su vínculo con los profes es puro cariño y respeto: siempre buena onda con Fernanda, a quien quiere profundamente, y atención cálida de todos, como el profe Matías. Con los caballos formó lazos inolvidables (empezó con el tranquilo Overo y luego enfrentó el desafío de Ciruela, de carácter fuerte, con quien hicieron un gran equipo hasta lograr saltos juntos).
“Nacho fue teniendo grandes avances a lo largo de todo su recorrido, y lo más interesante es que ese crecimiento se dio de manera muy progresiva, respetando siempre sus tiempos. En un inicio, comenzó dentro de un encuadre de monta terapéutica, donde trabajábamos objetivos propios de la terapia, como la orientación espacial o las funciones ejecutivas, y donde era acompañado por un auxiliar que llevaba el caballo. Pero incluso en ese contexto, en cada sesión aparecían momentos donde Nacho nos mostraba que había algo más para desarrollar desde lo ecuestre. Fue así como, en un momento, decidimos probar que ese auxiliar soltara el caballo y que Nacho comenzara a asumir una monta más autónoma”, dice Fernanda Meilán, profesora de equitación y equinoterapia que participó del módulo sobre Olimpiadas Especiales de Argentina en la IV Cumbre Latinoamericana de Equinoterapia, Nuestros Caballos 2026.

La primera medalla de oro
A partir de ahí, Nacho dio sus primeros pasos en el entrenamiento deportivo de verdad, integrándose en tandas grupales donde compartía la pista y las consignas con otros jinetes de la escuela. Lo más hermoso de este proceso fue verlo dejar atrás la pista exclusiva de equinoterapia para convertirse en un alumno más, enfrentando los mismos retos y alegrías que sus compañeros, en un espacio compartido que lo hacía sentir parte de algo grande.
Poco a poco, ganó terreno en sus habilidades técnicas como jinete, mientras el acompañamiento terapéutico se integraba de forma natural al servicio de su crecimiento deportivo. Ese progreso lo llevó a los torneos internos de la escuela, compitiendo en pruebas de salto acordes a su nivel, hasta ese momento mágico de su primera participación en competencia. “Nacho es un joven muy respetuoso y más bien introvertido, pero ese día apareció una expresión de felicidad enorme. Recuerdo haberle visto una sonrisa que no le conocíamos, y ese fue, sin dudas, el primer gran paso en este camino deportivo y competitivo que hoy sigue construyendo”.

Por esa razón la profesora le propuso ser parte de El programa de Olimpiadas Especiales Argentina, una propuesta que tiene como eje el deporte y que genera espacios de encuentro entre deportistas de una misma disciplina. A través de instancias regionales y nacionales, los jinetes y amazonas pueden compartir experiencias con otros de distintos puntos del país, lo que hace que el recorrido deportivo cobre aún más sentido. En cuanto al entrenamiento en equitación adaptada, implica formar parte de un espacio de trabajo compartido dentro de la escuela, no en una pista exclusiva. Es entrenar bajo las mismas consignas y desafíos que cualquier otro alumno, en una pista común, junto a otros jinetes. Ahí es donde aparece el valor de lo inclusivo: no en modificar el objetivo, sino en ajustar las estrategias y los recursos para acompañar el aprendizaje de cada jinete, respetando sus tiempos, pero dentro de un mismo marco de entrenamiento.

“Es el sueño hecho realidad que todos compartimos”
Nacho no podía contener su alegría al ganar dos medallas de oro en Adiestramiento y Equitación Inglesa en las Olimpiadas Nacionales de San Luis, en octubre de 2023.
“Me sentí tan feliz y orgulloso de llevarle esas medallas al Club Hipocampo. Mi familia me acompañó en el viaje, vivieron todo con una emoción y orgullo que me llenó el corazón. La profe Fernanda, emocionada, me gritó '¡La rompiste, Nacho!', y todos los profes, los chicos de otras provincias y hasta las autoridades nos organizaron una merienda hermosa al volver. Fue mi primer gran sueño cumplido, y sé que hay muchos más por galopar juntos".

¿Cómo es Nacho como jinete?
Luego de esa primera medalla de oro en los Nacionales de 2023, Nacho siguió brillando: conquistó el primer puesto en las Olimpiadas Regionales de 2024 en San Isidro y el segundo puesto en las Regionales de 2025. Cada logro reforzó su seguridad al montar caballos nuevos, convirtiendo su pasión en un camino de triunfos que inspira a todos los que lo rodean.
“Soy un jinete que me esfuerzo mucho por aprender más a manejar y conocer a los caballos. Soy responsable con la asistencia a clases, respetuoso y cumplo todas las indicaciones de la profe. Al subir al caballo me siento cómodo tranquilo y más fuerte porque el caballo lo es y somos una dupla”.

Para Fernanda, como jinete Nacho puede definirse con los términos constancia, compromiso, pasión y visión de futuro puro. “Tiene una gran disciplina para aprender, lo que lo hace un verdadero deportista. Es constante en cada entrenamiento, comprometido con sus objetivos y mira siempre hacia adelante con proyectos claros. Esa combinación le permite crecer técnicamente en equitación, porque el verdadero trabajo depende de su disposición y entrega al proceso".
Nacho mira al frente con objetivos claros que llenan de orgullo a su equipo en Hipocampo: representar al club en las Olimpiadas Nacionales de San Isidro, dominar salto en los torneos internos, comenzar el curso de auxiliar instructor de equitación y seguir ayudando como voluntario a los caballos rescatados del santuario Soñemos Esperanza.
Su sueño grande late con fuerza: como jinete, competir por Argentina en el Mundial de Olimpiadas Especiales de Equitación en 2027, inspirar a otros chicos con dificultades a descubrir este deporte, terminar el secundario en dos años y estudiar Medicina en la facultad.

Un mensaje de Fernanda para Nacho
Lo primero que le diría es que lo admiro. Y también que le agradezco, a él y a su familia, por haber construido este equipo y por hacer que cada encuentro tenga un valor tan especial. Le agradezco la confianza, y lo invitaría a que siga siendo como es, con sus sueños y sus proyectos, porque tiene todo para poder lograrlos. Y en lo personal, le diría que para mí es un enorme placer ser su entrenadora. Que cada vez que terminamos un entrenamiento o una competencia, me voy con la sensación de haber cumplido, pero sobre todo de haber compartido una misma pasión. Porque más allá del rol de entrenador y jinete, hay algo que se construye en ese vínculo, y que tiene que ver con crecer juntos dentro de este deporte.






























