
El Petit Trianon
De cómo Breguet, marca de relojes de lujo, se abocó a financiar la restauración de la exquisita residencia privada de María Antonieta...
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Versalles.- "¡Esto es mejor que invertir en Wall Street!", reconoció con humor Nicolas Hayek, presidente de Breguet, la marca de relojes de lujo que financió la restauración del Petit Trianon, la adorable residencia privada de María Antonieta, a pocos metros del gran palacio del Rey Sol.
Y, en verdad, mientras los mercados de todo el mundo se desplomaban, en las afueras de París, para la inauguración del histórico edificio -tras tres años de obras y 5,3 millones de euros-, se había logrado crear un viaje en el tiempo que no podía estar más alejado de la frenética actividad de hombres de negocios atados a pantallas y celulares, imagen que se multiplicaba por todas partes.
En un derroche de calma y esplendor, a la puesta del sol otoñal, cuartetos de músicos en distintas zonas del jardín y vestidos con ropa de época daban la bienvenida con música barroca de la corte de Luis XVI, la misma que escuchaba María Antonieta. Por todas partes, parejas de bailarines danzaban al son de un minué; y en la entrada del edificio, una extraordinaria soprano interpretaba arias de las óperas que eran hits antes de la revolución de 1789.
Los invitados, de smoking los hombres, de vestido largo y extraordinarias joyas las mujeres, eran la flor y nata tanto de las instituciones de la república como de la aristocracia francesa. Por ejemplo, estaba la ministra de Cultura, Christine Abanel, charlando entusiasmada con Luis Alfonso de Borbón, duque de Anjou y heredero de la corona francesa si se mantuviese la monarquía en el país galo. A pocos metros estaba Juan de Orleáns, quien le disputó el título en un amargo juicio años atrás; por eso, que haya aceptado concurrir a la misma fiesta que Luis Alfonso fue considerado por los entendidos como un símbolo claro de la importancia de la ocasión.
No era para menos. El ambicioso plan detrás de la restauración del inmueble es mostrar por primera vez al público cómo vivía María Antonieta hasta el instante en que fue tomada prisionera por los revolucionarios en 1789.
Pierre-André Lablaude, arquitecto jefe del Palacio de Versalles, explicó que el mayor reto para renovar el Petit Trianon fue lograr "que el visitante sienta que no está en un museo con objetos en la vitrina, sino en una casa habitada, donde los habitantes acaban de partir".
De esta manera, las valiosas cerámicas y demás objetos decorativos no están en frías vitrinas vidriadas sino a la vista, en armarios de puertas abiertas, lo cual hace más atractiva la visita a este edificio cuadrado y de tres plantas, símbolo del estilo neoclásico francés.
El Petit Trianon fue encargado por Luis XV al arquitecto Ange-Jacques Gabriel, entre 1762 y 1768, como un espacio privado frente a la rigidez y la falta de privacidad de la corte de Versalles para su poderosa amante, Madame de Pompadour. María Antonieta, el personaje más asociado al edificio, lo recibió a los 14 años como regalo de boda de Luis XVI y lo transformó en su refugio personal, el lugar donde daba rienda suelta a su pasión por el teatro y la actuación. En sus jardines buscó respiro del protocolo real; incluso jugaba a ser una humilde pastorcita, para lo cual mandó construir un simpático pueblecito acorde en los alrededores. Se dice que nadie, ni siquiera el rey, podía entrar en el Petit Trianon sin autorización expresa de la reina, que impuso allí su gusto, bien distinto de aquel que regía en el palacio principal.
Por ejemplo, si tomamos el cuarto de María Antonieta, veremos que es sorprendentemente pequeño. Está apenas decorado con algunos pocos muebles, tiene paredes blancas, con cortinas y cubrecamas estampados con florcitas silvestres, un cambio radical respecto del pesado brocado y oro de los aposentos de Versalles.
Para insistir en la imagen de simplicidad y hacer de cuenta que prescindía de sirvientes, en el comedor se inventó un dispositivo por el cual se abría el piso para que la mesa descendiera hasta el sótano, donde los sirvientes, escondidos, la llenaban de manjares y volvían a subirla. Si bien esto nunca fue puesto en funcionamiento, existen otras ingeniosas invenciones que sí fueron muy usadas, como un sistema de espejos, en la habitación de María Antonieta, que cubrían las ventanas cuando ella se quería cambiar.
También se encuentra el reloj Breguet de la pareja real, un adelanto tecnológico notable para la época, y razón por la cual la firma se hizo cargo de la restauración de la mansión que lo alberga.
Más allá del deleite de recorrer sus exquisitas salas, la apertura del Petit Trianon puede verse, además, como otra señal del creciente fervor que genera la decapitada reina, hasta hace poco sólo denigrada como la peor traidora del ideario republicano del país. Prueba de esta tendencia es el éxito que tuvo la biografía de Antonia Fraser, luego llevada al cine por Sofia Coppola, así como la reciente exposición en París sobre su vida. ¿Endiablada niña mimada o trágica víctima de la historia? El debate sobre María Antonieta cada vez es más caliente, pero el Petit Trianon al menos sirve para confirmar una cosa: tenía un gusto fantástico para la decoración.
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